LA SILLA VACÍA DE ITAMARATY / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 05 de diciembre de 2010 / 22.47 hora de Bogotá D.C.

 

LA SILLA VACÍA DE ITAMARATY

Brasil encandila a sus vecinos y cercanos en el barrio. Pero ese encandilamiento ingenuo, propio de los latinoamericanos, no permite ver que el país verde amarelho aún está muy lejos de ser un gran jugador internacional. Incluso tiene aspiración a una silla en el Consejo de Seguridad, que seguirá vacía no obstante sus ilusiones y aspiraciones con poco sustento, más allá de lo que los ingleses llaman wishful thinking. Ni siquiera está en condiciones aún de alcanzar un premio Nobel, rango en el cual varios de sus vecinos lo superan con largueza. Sus desarrollos balísticos se vienen al suelo, tal como le ocurrió a los Estados Unidos a fines de los años 50 y principios de los 60, hasta que debieron acudir al genio alemán de Wernher von Braun. Tan sólo Francia y por sus propias debilidades históricas se acerca a los cariocas, pero sin ingenuidades, como las de los otros latinoamericanos. La desproporción entre pretensiones y posibilidades deben hacer recordar que, al fin y al cabo, Brasil es según lo afirma su propia gente, un "país tropical". Por ahora, será bueno que siga produciendo buenos cantantes y futbolistas, el Consejo de Seguridad y los premios Nobel seguirán esquivos.  

La visita reciente del presidente Obama al Lejano Oriente ha vuelto a revivir el tema más complejo y candente de la hora, como lo es la reforma a la Carta de las Naciones Unidas. En su primera versión Europa acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y estaba destruida. A medida que el anacrónico sistema colonial europeo fue desapareciendo del escenario mundial, después del conflicto orbital, las viejas potencias con posesiones en Asia y Africa, especialmente, fueron perdiendo peso. 

El subcontienente asiático, que comprende a la India, Pakistán y Bangladesh, hasta mitad del siglo XX, eran posesiones de la Corona británica. Con la independencia, la India se fue convirtiendo en una de las potencias más dinámicas y en el milagro económico, tecnológico, que le está creando un contrapeso a China. Con una población de más de mil millones de personas el futuro de la India en el escenario internacional no se puede ignorar. 

El llamado Mumbai Consenso, ya le está quitando brillo al Beijin Consenso, como una tercera vía para un desarrollo acelerado. Las ideas del laissez-faire capitalista, que ya han demostrado estar obsoletas, o el modelo autoritario chino, que está creando un enorme cuello de botella a mediano plano, parece que no son la fórmula adecuada para el mundo de mañana. El Consenso de Mumbai ofrece una alternativa viable, dentro de un marco democrático. 

Para la India emergente y con un futuro asegurado como potencia de orden mundial, ingresar al Consejo de Seguridad como miembro permanente ha sido una sus metas estratégicas. Aquí comienza a perfilarse un fenómeno orwelliano sobre la igualdad de los miembros del Consejo de Seguridad. Dentro de las propuestas que se están barajando, una es de un cinismo encantador: los nuevos miembros permanentes no tendrán derecho al veto. 

Pero aquí viene la fila india de aspirantes que no son indios de la India. Como miembro con veto en el Consejo, China vetaría la candidatura de Japón. Las atrocidades niponas cometidas en China durante la invasión en la década de los años 30, además del estado lacayo del útimo emperador, son algunos de los hechos que China no está dispuesta a olvidar. 

Por su lado la India es el contrapeso en Asia y aquí también China tiene la última palabra. Los dos asientos europeos, por otra parte, han ido perdiendo peso. No es justificable que Francia siga disfrutando de un regalo, que, en primer término, nunca mereció. La cobardía de los ejércitos franceses, la colaboración con Hitler y el estado subalterno de Vichy en conjunto con la falacia parcial de la llamada "resistencia", no podían ser premiados por Washington, pero lo fueron. 

El poder militar francés nunca pudo ser determinante en el mundo, pues en el siglo XIX después de Trafalgar y tras la vergonzosa huída de Moscú, con el emperador a la cabeza perdió las opciones hegemónicas. Sin el emperador al frente siguió Sedán, ante los germanos, en la seguna mitad del siglo XIX.  

En la Primera Guerra Mundial, sin la presencia en campos franceses de ingleses y norteamericanos, el paseo de los alemanes por los Campos Elíseos que se vio en 1940, se hubiese anticipado. Dien Bien Phou -Viet Nam- la última gran derrota, anticipatoria de la salida de Argelia, selló el destino militar de Francia y su apuesta por una presencia determinante en el mundo. Es curioso que ahora los franceses busquen a Brasil para mantener su voz y presencia en el contexto actual. 

La alianza militar con el Reino Unido ofreció a Francia una solución decorosa. En la suma, son dos matronas que tuvieron un pasado, pero resulta evidente que -el Reino Unido es un caso bien aparte- la presencia francesa, en realidad la presencia europea en el escenario mundial, está en proceso maduro de eclipse por parte de naciones emergentes realmente sólidas, tal como es la India. 

El sueño de Alemania en el mismo sentido, tiene una connotación análoga a la de Japón, su aliado durante la Segunda Guerra Mundial. No son pocas las naciones que verían con alarma, una Alemania poderosa en Europa, con el poder y el prestigio del Consejo de Seguridad.  

El Holocausto será una sombra siniestra que perseguira a Alemania por muchas generaciones a futuro. El reciente descubrimiento de la participación del Ministerio de Relaciones Exteriores del III Reich en la persecución de judíos -Judenmaterial- y otras minorías, refuerza el estigma que cubre a los alemanes por apoyar hasta el último minuto a la dictadura del Nacional Socialismo. 

El hipotético candidato local -Brasil- tiene a Canadá y a México en directa competencia. Brasil tiene una de las maquinarias diplomáticas más sofisticadas y brillantes que puedan existir en el ámbito diplomático. A Brasil le sucede, sin embargo, lo mismo que al individuo que tiene un Masseratti, un Lamborghini o un Ferrari, guardado en el garaje por no saber manejarlo. 

Como jugador internacional, Lula puso muy claro que un presidente como él, está por encima de un mecanismo de relojero tan perfecto como lo es Itamaraty. Le tomará mucho tiempo a Brasil madurar para poder tener un perfil de buen jugador, en una arena tan movediza y llena de trampas como es la de aspirar a las grandes ligas geopolíticas internacionales y para pretender ser miembro del Consejo de Seguridad, pero sin derecho a veto (aresprensa). 

El Editor adjunto 


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