ESTADOS UNIDOS: LOS LATINOS Y EL ACTUAL CONGRESO / ACTUALIDAD

Publicado el 21 de enero de 2011 / 13.20 hora de Bogotá D.C. 

ESTADOS UNIDOS: LOS LATINOS Y EL ACTUAL CONGRESO 

Los cambios en el poder legislativo de los Estados Unidos han sido drásticos pero en ellos la influencia del voto latino quedó de nuevo postergado. Las diferencias culturales entre los votante del Este y el Oeste han vuelto a hacer mella en la presunción de que alguna vez el peso latinoamericano definirá guías en ese país hegemónico. La saga de la población latina ha sido importante en la cultura y en los deportes, e incluso en la academia, pero la brújula de la política estadounidense no se mueve aún por los grandes intereses de esa población inmigrante. No obstante, la presencia de hombres como el senador cubano Mario Rubio, de La Florida, brinda síntomas de afirmación de la presencia latina en los corredores de de la política norteamericana. Lo que no puede negarse es que el resultado de las elecciones de noviembre de 2010 vuelve a decir que los Estados Unidos no son Europa. 

Escribe: Enrique MILLÁN 

Los legisladores que ganaron sus puestos para el Congreso de los Estados Unidos en noviembre del año pasado ya ocuparon sus puestos, pero el voto latino no fue decisorio en ese cambio aunque sigue siendo importante como potencial hacia el futuro. La excepción fue Mario Rubio, el senador de La Florida, puesto que en estados como California o la tensionada Arizona no tuvo en los latinos la verticalidad decisiva que se esperaba. 

En eso incide el hecho de que en el Oeste el voto de la población hispana, más que latina como perspectiva global, es en verdad mexicana y visceralmente ligada con esos intereses inmediatos y su conflictividad presente. Esto significa que esa condición no necesariamente es representativa de una instancia más universal de lo que por extensión y en forma ambigua se denomina “hispano” o “latino”.  

Buenos trabajadores, dispuestos a una adaptación difícil y larga en el tiempo, los hombres y mujeres que llegan al territorio estadounidense desde países asimétricos del Continente americano aún no pesan lo que podrían pesar en el escenario electoral y de las decisiones más importantes. Por eso, el voto de la población de habla española no tuvo la fuerza suficiente para cambiar la elección en California del nuevo gobernador Jerry Brown, como tampoco la tuvo hace unos años para mantener en el poderoso estado del Oeste el estatus de alto nivel de la lengua española, en conjunto con el inglés.  

En ese marco, el voto que compite con los intereses culturales de los sajones no inclinó la balanza hacia ninguno de los polos electorales y, por lo tanto, no fue decisorio. En suma: careció de consistencia. En California el voto hispano se mostró disperso, apareció escaso, y en la búsqueda de soluciones muy focalizadas que generaron el sensorium de que sólo pretendía resolver problemas de los indocumentados mexicanos o centroamericanos. Tenía que perderse en la compleja dinámica electoral de los Estados Unidos.  

Otro aspecto que fue en contra de los intereses latinos es que el electorado del sur del Río Bravo residente en los Estados Unidos aparece en el Oeste como una población con bajo nivel de educación a diferencia de la asentada en el sureste, en particular en La Florida. En ese sentido la diáspora cubana inicial y sus herederos que hoy disputan espacios políticos han crecido en estatura electoral y han ganado poder en los sinuosos corredores de la política nacional. Es por esto que senadores como Mario Rubio se perfilan como figuras de estatura no sólo local. 

La polarización del discurso al que se achaca la derivación en situaciones trágicas como la ocurrida días atrás en Arizona, tiene en verdad motivaciones más concretas y de vieja data que suelen ser intermitentes, pero acotadas, en las dinámicas político-sociales de los Estados Unidos. El hecho de que la víctima del atentado, la señora Gabrielle Giffords, haya sido una senadora demócrata defensora de las minorías casi marginales de indocumentados,no necesariamente significa que sea el resultado de las tensiones entre la abultada migración y presencia latina y el resto de la sociedad norteamericana.  

Es por eso que se debe apostar a la consolidación de corrientes más cualificadas en su opción por parte de los latinoamericanos insertados en la cultura estadounidense, tales como las que representa Mario Rubio. El parlamentario de ascendencia cubana presentó un contenido de argumentación política que no es confuso ni esquivo con los grandes problemas que están enfrentando las sociedades desarrolladas y que también tienen consecuencias en los demás países. 

EL CONTRASTE CON EUROPA 

Como ha ocurrido en otras ocasiones, en tiempos de crisis, la oposición a los programas socialistas de Barack Obama fue vertical en la última campaña política que se impuso en las elecciones de noviembre. Los Estados Unidos, como lo señaló un senador republicano en el calor de la campaña, no son Europa. El liberalismo radical, representado en las libertades civiles en contraposición a los controles estatales, es parte del diccionario del electorado norteamericano y no lo contrario. Eso es lo que marca una coyuntura que vuelve a poner de manifiesto lo que separa en concepción a los norteamericanos de los europeos. 

Las elecciones de noviembre y la nueva composición del Congreso norteamericano está diciendo en los Estados Unidos que sus ciudadanos no quieren ingresar al laberinto social creado por el proteccionismo paternalista que instauraron los gobiernos izquierdistas de Europa. Lo que inspira el mítico “sueño americano” va en contravía directa con ese modelo social, el cual como está a la vista ha hecho crisis y no es cualquier crisis. Es una debacle estructural que para Europa no tiene salidas a la vista. 

Todo esto agravado en el presente por una inmigración de Oriente Medio y del Norte de África sin una formación básica para competir en el mercado laboral exigente de los europeos y con una carga de fundamentalismo que es intolerable no ya para los gobiernos sino incluso para el ciudadano de la calle. La reacción del Viejo Mundo a la inmigración lo es en realidad hacia la carga laboral y social no competitiva de los nuevos inmigrantes, autodesplazados desde esas fronteras tercermundistas cercanas a las que siempre miraron con desdén.  

La situación pone en riesgo el orden social elaborado con dificultad desde la postguerra y hoy por hoy hasta los laxos países escandinavos están montando legislación para hacer corte con su tradicional mirada amplia hacia la diferencia cultural y étnica. La nueva mirada de freno incluye a la migración musulmana. La tendencia está creciendo incluso en la hoy domesticada Alemania que está de nuevo buscando “su identidad”, en un innegable giro a la derecha. 

Para la inmigración latina de los Estados Unidos el escenario es bien diferente. Es cierto que los inmigrantes que llegaron en los últimos años son en su gran mayoría de visión y extracción campesina, o aldeana, en términos de cualificación por estudios. Pero, por su mismo origen, son lo que de manera elusiva y dentro del lenguaje cotidiano deben considerarse como “personas sanas” que tan solo buscan un escenario mejor para vivir. No tienen mensajes doctrinarios ni son portadores de fundamentalismos religiosos. No van en contravía del entorno a donde llegan, esto incluso cuando ese entorno en muchos momentos es con ellos hostil y discriminatorio. Se adaptan y tratan de poner lo mejor de sí, “mojando sus espaldas”.  

Esa plasticidad de temperamento y costumbres les permite encontrar nicho en la sociedad a la que llegan desde los márgenes de sus propios países. Desde ese nicho emprenden el nuevo camino sin levantar olas, sin hacer que ese perfil sea molesto o agresivo por visibilidad. Hacen lo mismo y con menos maltrato y discriminación, en comparación, con lo que tuvo que afrontrar la migración china en el siglo XIX . 

Eso marca una diferencia con el mundo convulsionado de Europa, en el cual la tensión y el rechazo incluye visiones totalitarias y de impugnación a los valores básicos de la modernidad occidental por el temor de que se puedan superponer, en algún momento del futuro, códigos de relación social anacrónicos y normas maximalistas que hoy serían inaceptables. Los principios de libertad de cultos, conciencia y albedrío forman parte de un legado que dio impulso a la civilización occidental, pero esto no tiene espacio para sobrevivir en el oscurantismo de la corriente impugnadora.  

Al respecto, vale recordar la orden de matar al intelectual indio Salman Rushdie, el escritor de los famosos “versos satánicos”. Las libertades tal como se conocen en Occidente son antitéticas con quienes viven en un universo donde sólo la memoria de la voz del Profeta, a través de la letra de su sagrado y teocrático dictado, está autorizado para regir la vida de las personas. 

PRESENCIA LATINA 

Los inmigrantes latinos en los Estados Unidos han contribuido a enriquecer el tejido social, cultural y político de esa nación que les dio una oportunidad. En 1872, llegó a Estados Unidos Jorge Santayana, llamado “George” por los estadounidenses, un español que instalado desde niño en el país que comenzaba a construirse como gran potencia, alcanzó la decanatura de la Facultad de Filosofia en Harvard. Fue uno de los pensadores más eminentes de la academia norteamericana en las primeras décadas del siglo XX y esa influencia trascendió más allá de su presencia física. 

De su aula de clases salieron las voces más autorizadas, las que ejercieron una influencia definitiva en el curso de la política norteamericana, en el momento en que ese país se afirmaba para proyectarse como hegemónico durante la centuria pasada .Tal fue el caso de Walter Lipmann, quien se convirtio en el consejero obligado de varios presidentes. También Gertrude Stein y T.S.Eliot -Premio Nobel de Literatura- fueron algunos de sus alumnos sobresalientes. 

En el cine, al comenzar la década de los años 20, Dolores del Rio fue la estrella por excelencia. La siguieron años más tarde, el puertorriqueño José Ferrer, el mexicano Anthony Quinn, Margarita Cansino -mejor conocida como Rita Hayworth- y muchos otros entre los que también vale recordar al argentino Fernando Lamas, el padre de Lorenzo.  

En deportes como el béisbol, en retrospectiva desde Edgar Rentería, hay una amplia estela de jugadores latinos que dejaron una huella imborrable. Así como en el deporte, en la academia y en el cine, los personajes de ficción con ancestro hispano también han enriquecido el mito fundacional de los Estados Unidos.El Zorro es uno de esos personajes, pero no el único.  

Tampoco debe olvidarse que no pocos señalan el hecho de que, cuando se hizo una historia de los Estados Unidos y su condición de crisol universal en ópera moderna diferenciada de Porgy and Bess -eso fue a fines de los años 50 y principios de los 60- la magna obra fue “West Side Story” y en ella uno de los dos protagonistas, María, es latina. Un detalle importante en esta relación es que la historia musicalizada de María tuvo como base a Romeo y Julieta de Shakespeare.  Pero el punto importante en ese nexo entre el arte y el deporte es que esta inmigración puede mostrar, como sucedió con Rentería en el último campeonato de las Grandes Ligas, que puede lograr un juego casi perfecto, sin errores o con los mínimos que son propios de cualquier ser humano dispuesto a luchar para triunfar.

Ese es el peso de la dilatada presencia latina en Estados Unidos y la herencia que hoy capitalizan los políticos como Mario Rubio. El respaldo de los protagonistas vinculados con el llamado “tea party” impulsó la presencia de representantes latinos como el senador Rubio en el Congreso y parece que lo hubiesen adoptado como una de sus estrellas. Su triunfo le envió un mensaje bien claro tanto a la Cuba totalitaria como al presidente Barack Obama, en el sentido de que los acercamientos con el régimen de los hermanos Castro tienen una resistencia que incluye un costo político alto.  

Los próximos pasos del presidente Obama exigen tacto de orfebre y zapatos de cristal. Esto a despecho de que una parte de la presencia latina en los Estados Unidos, en particular la cubana, ha partido visión con sus padres y abuelos y sostiene que mantener el aislamiento de la isla en realidad afecta a sus habitantes más que a sus gobernantes. En este último criterio parecen apoyarse las perspectivas aperturistas de Obama hacia la Isla en crisis profunda. 

Nada puede dejar lugar a las malas interpretaciones pues el espacio político de Washington se ha reducido de manera drástica y está en elevado riesgo la posible aspiración a la reelección del actual presidente. Ni siquiera la movida política acudiendo a la herramienta del arte puede dar lugar a equívocos. La Filarmónica de Nueva York es arma con disparador hacia la culata para los actuales momentos. El señor Obama debería aprender de Shakira, quien ha sido prudente en su manejo con Cuba y, al tiempo, debería desatender el camino que adoptó el cantante Juanes, quien presentándose en la habanera Plaza de la Revolución sólo aportó para que la agonía del régimen castrista se prolongue (aresprensa.com). 


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