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COLOMBIA Y EL BESO DE JUDAS / ACTUALIDAD 

Publicado el 28 de marzo de 2011 / 16.30 horas en Bogotá D.C.

El Poder Ideológico detrás de la Silla Presidencial


 

COLOMBIA Y EL BESO DE JUDAS 

La historia es una buena guía, quizá la mejor, para poder analizar con el espejoretrovisor los comportamientos de aquellos individuos que han llegado al escenario y han dejado, como cualquier personaje de Shakespeare, una huella. Esas huellas se repiten en otros tiempos y en otros espacios. Nadie imaginaría que lo que sucedió en Palestina y en Roma podría repetirse como una suerte de déjà vu en Colombia y que nuevos y viejos mejores amigos repetirían el beso que Judas le dio a su Maestro y Salvador. 

Escribe: Enrique MILLÁN 

Durante la ocupación romana de Palestina, siendo emperador Claudio, apareció un predicador con un mensaje que iba en contravía con la visión religiosa y política del momento. El Emperador era un dios. A su alrededor giraba todo el poder del Imperio, por lo tanto caminar en sentido inverso era algo parecido a pelearse con Dios y hacerse acreedor del público rechazo, con la consecuente condena. 

En otro plano del mismo escenario imperial, los dramáticos episodios que tuvieron lugar en las gradas del Capitolio romano, se supone que alrededor de un día 15 de un mes de marzo -idus martiae-, los complotados para asesinar a Julio César, tenían como escusa que “él era el responsable de la pérdida de la virtud republicana”. Para la Historia quedó registrado la frase de Julio Cesar, “et tu, quoque Brute file mi!”, en el momento en el cual su amado familiar y discípulo alzó la daga. 

El referido argumento de la virtud perdida, por sí solo, supusieron los asesinos que justificaba el magnicidio y el nombre de uno de los homicidas se convirtió en el común denominador de aquel cuya corta visión y cierta estulticia le hace ver la realidad de manera torcida o torva. Ese hombre es calificado como un bruto. El calificativo con el cual hoy se señala al actual presidente venezolano tiene origen en aquel relato de la compleja historia romana. 

Fue por esa visión estrecha de los complotados que llegó el efecto en contravía para lo que pretendían los asesinos de César: el imperio apareció con Augusto y las presuntas virtudes republicanas salieron de la mesa de discusión. Ya, más adelante, cuando ese imperio estaba en la antesala de la Edad de Oro, aquel predicador, como tantos otros en esa época y en posteriores, comenzó a ser considerado como un “subversivo”. Para Herodes, Jesús y sus prédicas, su carisma y popularidad, constituían un peligro que afectaba al orden vigente. 

Fue Judas -tal como lo fue Bruto- el discípulo amado de Jesús, quien le dio a su maestro el beso que lo delataría ante los agentes romanos. Así comenzó el Calvario. Todo esto sucedió en la antigüedad y quedó incluido como parte de la historia que aprendemos. Menos notorio pero igual de emblemático fue siglos después Giordano Bruno quien, en los albores de la ciencia moderna y de sus tiempos afines hasta hoy, desafió la visión del papado y terminó en la hoguera a despecho de su condición de monje. 

Ahora en Colombia se está escribiendo otra historia que tiene paralelos con los relatos anteriores y semejantes paradigmas. En otras palabras, lo que ocurre en ese país de una esquina de Sudamérica tiene un sabor de cosa añeja, nostálgica y rediviva. 

El discípulo amado de Álvaro Uribe fue Juan Manuel Santos. Uribe lo lanzó al estrellato, más allá de lo que le rendía su ilustre apellido y lo llevó a la presidencia de Colombia con una votación inédita de 9 millones de votos. El rumbo nuevo que la bitácora de la administración Santos le está dando a la nave del Estado, tiene ahora  todo ese sabor de nostalgia de finales de la década de los 50. 

Esos años de la mitad del siglo XX estuvieron marcados en Colombia por la caída del General Rojas Pinila y en la región por la llegada de Fidel Castro a la Habana y su toma tan irracional del poder, como lo fueron más adelante, los procesos sumarios y los fusilamientos en el tristemente famoso “paredón”. La orquestación mediática que tuvo la Revolución Cubana, estuvo alimentada por escritores de América Latina que regresaban a sus sitios de origen, después de un largo periodo sabático en las riveras de Sena. 

Allí aprendieron a desconfiar de los Estados Unidos y de sus políticas. Lo bueno, todo lo bueno para ellos era lo francés en especial y lo europeo en general. La izquierda totalitaria latinoamericana y también la blanda tenía -y tiene- medios de difusión como L´Observateur, Le Figaro, L´Humanité, L´Express y Le Monde. Todos ellos biblias doctrinarias de los intelectuales tercermundistas. En ese grupo brillante de intelectuales contestarios pero por genética integrantes del sistema, estuvo Enrique Santos Calderón el familiar de sangre más inmediato del actual presidente de Colombia. 

De regreso a su país y a su casa editorial de El Tiempo, Enrique Santos consideró que el diario fundado por su tío abuelo Eduardo Santos y dirigido por su papá Enrique junto con su tío Hernando, no estaba demasiado alineado con la Revolución Cubana. Fue cuando se le ocurrió fundar y orientar una revista independiente: “Alternativa”. En ese momento fue cuando también se propuso con un grupo afín atacar de frente y en forma impugnadora a la dirigencia política de la Nación y a los abusos reales o supuestos de sus Fuerzas Armadas que se enfrentaban a unos grupos ilegales y subversivos, en aquellos tiempos con mejores equipos de guerra que el propio Estado. 

Fueron los años 70 en los que convivieron la herencia de los ideales utópicos que derivaron de la década previa y una represión cada vez mayor que terminó en varias sangrientas dictaduras continentales, dispuestas a ahogar en sangre a los simpatizantes y también a los militantes de esa utopía que no se hubiesen ahogado por sí mismos y por sus propias contradicciones. Los medios y en particular El Tiempo, guardaban un discreto silencio sobre el desarrollo de esa guerra de guerrillas que las FARC llevaban a cabo en varios frentes del país cafetero. 

Las atrocidades, las masacres, las persecuciones fueron despoblando el campo y poco a poco llevando el conflicto a las ciudades, cuya naturaleza se complejizó con la aparición de la industria y economía del narcotráfico. La libertad de prensa, celosamente protegida por “Alternativa”, hacía a su manera también posible la desinformación. 

Pero la revista contestaria e impugnadora del sistema -el detestado stablishment- fue perdiendo gradualmente la poca fuerza con la que había nacido, no obstante el respaldo irrestricto del aún no poseedor del Nobel, Gabriel García Márquez. Su fundador quedó flotando en el ámbito de la nostálgica utopía que había dado origen a la revista pugnaz y fugaz, la cual finalmente desapareció del escenario, condenada por la afagia publicitaria, aunque no solo por eso. 

Fue el momento en que el rebelde director de “Alternativa” fue arropado de nuevo por sus poderosos mayores y recibió el perdón a sus deslices para ocupar el lugar que le correspondía en el influyente periódico familiar, al lado de su hermano, Juan Manuel, quien desempacaba maletas de una larga y cómoda estancia en Gran Bretaña, compartida con estudios y amistades aristocráticas aunque también contestarias. Al lado de su hermano Juan Manuel, Enrique llegó finalmente al poder que le correspondía por herencia. 

Hoy se mantiene ese vínculo que no es sólo de sangre sino también ideológico aunque ya no abreva en las fuentes de Londres o París sino que fluye hacia Bogotá desde las playas cálidas de Miami y se hace presente en los golpes de timón que se dan desde el Palacio de Nariño a partir de agosto del año pasado. Enrique Santos es en la vigente hora la fuente en la sombra de las políticas que su hermano desarrolla en Bogotá: el acercamiento con Chávez, la elección de su vicepresidente de estrato obrero, la recomposición de los vínculos del país con sus vecinos de Unasur, incluido Ecuador y de allí en más todo lo que se encadena con ese presupuesto ideológico que huele a anacronismo. En ese panorama tenía que hacer aparición el nuevo mejor amigo. 

Pero la línea ideológica de oro bebe no solo en esas descansadas fuentes de La Florida sino que no olvida a la primigenias. ¿Acaso no ha sido la decadente Francia un constante factor de perturbación en los asuntos los asuntos colombianos para cubrir las espaldas y la retaguardia europea de las FARC, con todo desparpajo en París y todo silencio en Bogotá? 

No debe olvidarse que la diplomacia francesa ha demostrado una y otra vez el apoyo que el Quai d´Orsey, le ha dado en forma consistente a las FARC. No es posible olvidar a las negociaciones secretas para abrirle una oficina en Paris a este grupo terrorista, a cambio de la liberación de la señora Ingrid Betancourt. ¿No fue Nicolás Sarkozy quien propició, estimuló e instigó para que el secuestrador y asesino Rodrigo Granda saliera en libertad a hacer de nuevo de las suyas como terrorista prófugo en América del Sur o en las selvas colombianas? 

En un escenario así no puede sorprender que la aparición del nuevo mejor amigo produzca el automático alejamiento con Washington. Mientras el presidente Juan Manuel Santos se regocija de sus nuevas amistades el TLC con los Estados Unidos, la tabla salvadora para unos seis mil productos colombianos, sigue más hundida que flotante en los corredores del Congreso norteamericano. 

El anacronismo ideológico tiene su cuarto de hora en parte del patio latinoamericano, pero desde el Oriente próximo están soplando vientos con arena que se mete en los dientes de sus émulos dictatoriales en esta zona del mundo. Cuando esos aires cargados de presagios produzcan efectos en las sillas de los nuevos mejores amigos ¿cómo jugará la timorata diplomacia colombiana? 

En su momento debieron irse de la zona los Pinochet, los Videla y los Stroessner. Así como también en fecha reciente debieron marcharse del norte de África los Mubarak y están haciendo maletas los Gadafi. No debe caber duda que tarde o temprano también se irán los otros. El viento con arena arrastrará los delirios mesiánicos de los nuevos amigos que no siempre son los mejores. 

Ese anacronismo nostálgico y totalitario en el mundo de hoy ya no tiene cabida. Si unas sociedades tan controladas por el Islam se han podido sacudir de un dominio de siglos, el paso siguiente se prolongará en el escenario en Sur América, comenzando por Venezuela. Mientras tanto, Álvaro Uribe -tal como ocurrió en su momento con Giordano Bruno- se quema en la hoguera de la guerra política y jurídica que le planteó la izquierda de los viejos amigos militantes infiltrados en los estamentos del Estado colombiano y de los medios de comunicación masiva (aresprensa). 


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