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VEA: LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS







SESQUICENTENARIO DE JOSÉ RIZAL / LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de junio de 2011 / 17.40 hora de Bogotá D.C. // 06.40 horas del 10 de junio en Manila, República de Filipinas  

SESQUICENTENARIO DE JOSÉ RIZAL

El 19 junio de 2011 se cumplen 150 años del nacimiento de José Rizal, héroe nacional de Filipinas, inmolado por las autoridades coloniales españolas en diciembre de 1896, en plena guerra de independencia. Rizal un personaje civil, tal como lo fue en Cuba José Martí, no se rebeló contra el dominio peninsular por las armas como sí lo hizo este último. Pero la coincidencia en el hecho de que ninguno era militar y ambos surgen de los sectores ilustrados de los dos países que en el mismo momento habían emprendido la batalla para liquidar los restos del imperio español -el cual había empezado a derrumbarse al finalizar la primera década del siglo XIX- establece parangones imposibles de soslayar para los latinoamericanos.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

Rizal luchó con la pluma y la palabra, pero no con la espada. No obstante, su martirio sirvió para atizar la pugna independentista que se encaminaba hacia su tramo final en el último lustro del siglo XIX de manera casi simultánea, tanto en el Asia como en el Caribe. Rizal era médico, escritor, poeta y polemista, en tanto que Martí también fue poeta, escritor  y líder que pereció con las armas en la mano en la batalla de Dos Ríos, en mayo de 1895. Ambos murieron jóvenes: Rizal con poco más 35 años y Martí apenas superaba los 42 en el momento del sacrificio supremo.

Rizal murió fusilado el 30 de diciembre de 1896. Ninguno, Rizal ni Martí, pudo ver concretado el sueño de una patria libre. Cuba, al igual que Filipinas, fue testigo impotente de la intervención norteamericana de 1898 y aunque alcanzó su independencia política en 1903 no pudo deshacerse de la presencia arrogante y hegemónica de los Estados Unidos hasta la mitad del siglo XX. Hoy sigue sufriendo un bloqueo económico y político que se prolonga desde principios de los años 60.

Filipinas debió soportar  el peso directo de la imposición colonial extranjera hasta 1946 y esa presencia disolvente incluyó a Japón y a los rigores de la Segunda Guerra Mundial. Pero, sobre todo, vio el aplastamiento de la que había sido Lengua Madre del archipiélago, desde 1565: el castellano y la rápida y brutal suplantación por el inglés. 

No es un simple recurso lingüístico decir que hubo una imposición brutal. Basta con señalar, para citar sólo un hecho, el asedio a la guarnición militar japonesa de Manila en 1945 y el holocausto de cien mil civiles manileños en el bombardeo de los barrios con población de habla española, perpetrado por las tropas al mando de Douglas McArthur, durante la llamada Batalla de Manila, entre febrero y marzo del último año de la última guerra orbital.

JOSÉ RIZAL JOSÉ MARTÍ
Calambá 1861-Manila 1896 La Habana 1853-Dos Ríos 1895

El patriota filipino, aunque llegó a dominar dos decenas de lenguas, fue un hombre que tuvo en el habla española su forma básica de comunicación con el mundo e hizo uso de ella junto con su idioma local, el tagalo. Fue entonces, tal como lo fue Martí, un héroe que no renegaba de su matriz cultural básica en idioma español.  Su obra “El Filibusterismo”, en la cual critica al dominio de Madrid sobre el archipiélago asiático, su patria, es uno de sus dos principales trabajos conocidos junto con “Noli me tangere”, esta última obra  también escrita en español en su texto de origen.

Lo anterior significa que Rizal no usaba el inglés aunque podía expresarse en esa lengua, sobre todo a partir de su estancia en Hong Kong, el antiguo enclave británico sobre territorio chino. Precisamente, sus últimas palabras escritas antes de pararse frente al pelotón de fusilamiento en el parque La Luneta de Manila, fueron en esa lengua internacional que Rizal consideró propia con toda razón y que hoy supera a los quinientos millones de hablantes.

Su poema “Mi último adiós”, escrito en la última noche de martirio, dice: “…mi patria idolatrada, dolor de mis dolores, querida Filipinas, oye el postrer adiós, ahí te dejo todo, mis padres, mis amores, voy donde no hay esclavos, verdugos, ni opresores…” Esas palabras están hoy inscritas en el monumento que le tributa memoria, en el parque nacional de Manila, la antigua Luneta hoy llamada Rizal, pero muy pocos filipinos pueden entenderla en la lengua en la que fueron escritas en su línea original.

Una verdadera vergüenza que no merece su memoria y su condición de prócer de un país que luchó por su independencia hablando en español y que defendió a ultranza la cultura hispana, aunque no el dominio colonial de esa metrópoli sobre su patria.  Algo que está en mora de asimilar una parte de la élite que controla la Filipinas de hoy (aresprensa).   


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