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MUNDIAL SUB-20: FUEGO JUVENIL Y SUPRATRABAJO / ÓRBITA FÚTBOL / LOM

Publicado el 28 de julio de 2011 / 14.50, hora de Bogotá D.C. 

MUNDIAL COLOMBIA SUB-20: FUEGO JUVENIL Y SUPRATRABAJO

En las nuevas figuras del fútbol, sacadas de las canteras de sus países, hay diamantes en bruto o en proceso de pulido. Una buena planeación y adecuado estímulo que no cometa excesos en más o menos, puede convertir en apuesta positiva el proyecto de vida de los noveles deportistas. La actitud personal, un adecuado manejo del entorno y la adaptación necesaria a los cambios de ese entorno, que a veces es un torbellino, son los complementos para que se concreten las aspiraciones personales y las colectivas alrededor de los nuevos astros.  A veces esos diamantes trabajados de manera fina funcionan en la aceitada máquina que debe ser un equipo competitivo. Eso ocurrió con aquella escuadra que presentó Brasil al mundial de mayores de 1970. En otro orden de cosas, esas estrellas en ascenso deben responder al orden táctico dispuesto para la competencia y no al llamado interior propio de la indisciplina, que conduce de manera inexorable a la frustración.

Escribe: Gonzalo ESCOBAR*

Alexander Pope dijo cierta vez de manera categórica: “algunas personas no aprenden nada por la sencilla razón que entienden todo demasiado pronto”. Aplicando al fútbol como deporte de alto rendimiento y en sentido figurado este contundente argumento, nos encontramos a boca de jarro con el tema de los jugadores estrellas innatos, que obviamente existen. A juicio de experimentados entrenadores, esas estrellas son más un factor negativo y desequilibrante que de aporte, al no poder muchos de ellos acomodarse al trabajo colectivo ni a las etapas de preparación y mas grave aun, a las exigencias imprevistas que ocurren durante los partidos.

Hoy es claro que cuando el individualismo  se da reiteradamente en el campo de juego,  se está en realidad frente planeaciones débiles e insuficientes en las que la desconfianza intergrupal atenta incluso contra la genialidad intermitente de alguno de los jugadores jóvenes. No se trata de opacar a los diamantes, sino más bien de integrarlos al afinamiento del engranaje que debe funcionar como una suerte de “naranja mecánica”, para decirlo a modo de metáfora.

Es francamente difícil que en un equipo puedan darse coincidencias históricas como la de encontrar al menos cuatro genios en un mismo grupo, como en la selección de Brasil de los 70, aquella en la que  inmortales jugadores como Pelé, Jairzinho, Sócrates o Rivelino, compartían invencibles y a ritmo de zamba el balón con sus otros siete compañeros mortales. Así, el planteamiento de Pope muestra cómo hoy, la apuesta definitiva es por la planificación seria, por el  trabajo perseverante en equipo y no por la genialidad o el protagonismo estelar personal. Eso al margen de que mucho se ve tal situación todavía, incluso en seleccionados oficiales de mayores que terminan estrellándose por efímeras pretensiones mediáticas ante la realidad de grupos bien entrenados.

Actualmente, en torneos de las categorías de futbol sub-17 y sub-20, los deportistas acumulan en sus pies un no despreciable kilometraje de prácticas que, a diferencia de otros tiempos, obedecen a una incorporación temprana a escuelas y clubes de formación, en donde son intensamente preparados física, síquica, técnica y  tácticamente. Así, puede afirmarse que la improvisación y el voluntarismo ya no son el inicio de las promesas del fútbol.

Es por eso que el “potrero” y la calle del barrio son parte del folclore regional y la literatura. Ese fútbol pedrero y de ratos libres que se practica de manera espontánea en ciudades o en poblaciones pequeñas de cualquier país, seguirá vigente como experiencia cotidiana y expresión del juego libre, pero nada más.

Aquellas justas sin pretensiones que se practican en toda América Latina, incluida Colombia, y que toman diversas formas y nombres tales como, “picado del barrio”, “banquitas” de la escuela o el colegio, “la veintiuna”, o a “las justas naranjeras”, con los amigos en las calles no tienen cabida en la estructura del fútbol moderno, entendido como industria cultural. Nada en la práctica cotidiana y lúdica constituyen ya garantía para ningún aspirante joven que quiera ser tenido en cuenta. Menos aun para desempeñarse como titular en equipos de divisiones  inferiores, media y, sobre todo, superior.

Así, también los cambios globales han afectado el fenómeno deportivo. Los sistemas de funcionamiento administrativo y desde luego los  de la preparación estratégica de los jugadores, corre en paralelo con las nuevas exigencias de trabajo en las que, además, convergen a la causa y exigencia del alto rendimiento, profesionales de distintas disciplinas. Ahora se encuentra  alrededor de cada jugador de fútbol el apoyo y dirección de sicólogos, educadores físicos, rehabilitadores, médicos, y técnicos, quienes en conjunto tienen la tarea de optimizar el desarrollo integral de los pupilos buscando el mayor desempeño de juego cuyo único indicador válido es el de los resultados.

No se trata sólo de la masificación del fútbol que, por fortuna, tiene gran número de practicantes libres. También está el punto complejo del proceso mismo de formación y conformación actitudinal del aspirante, el cual es tema de  investigación en los campos de la sociología educativa y la sicología deportiva. Este delicado campo central del joven deportista en formación analiza implicaciones no pocas veces frustrantes de niños y muchachos quienes, por distintas causas en ese proceso, quedan a la vera del camino luego de  dedicar largos años   a  entrenar,  apretando sus días entre las horas de estudio y las prácticas.

Por fortuna, aún no se llega a la robotización de los futbolistas, pese a que ya no es una utopía entender que, en muchos deportes, eso está a la vuelta de la esquina. La creación de biotipos atléticos genéticamente diseñados parece enajenante pero está en camino. La angustia que genera esa antesala que parece aún de ciencia ficción, se atenúa al saber  que, de manera prevalente, en todo rincón del mundo antes que lo competitivo el juego sigue siendo juego  y así,  es fuente  de regocijo.

Por su condición dual: recreativa y de alto desempeño  se corea  sin dudas que el fútbol es pasión. El término sigue dos acepciones,  la primera como emoción, mayormente  ligada al hedonismo y  la segunda como sinónimo de sacrificio. Esto representa para  las noveles generaciones de competidores, meses de esfuerzo dirigidos a alcanzar el desarrollo de sus cualidades motrices: velocidad, fuerza, resistencia, coordinación, equilibrio, ritmo, flexibilidad, entre otras condiciones de alta gama de exigencia. Son acciones integradas a métodos de entrenamiento que responden al cambio duradero en la fisiología de los órganos ejercitados y a la óptima dinámica mental alcanzada.

Por todo esto, en vísperas de este mundial sub 20 gestionado por Colombia en 2008, en Sidney Australia, nos encontraremos además de entusiastas anfitriones como espectadores de jóvenes fuertemente trabajados en laboratorios, gimnasios y en la misma grama, quienes  aun idealmente y por fuerza de su sangre nueva cuentan afortunadamente con equilibradas dosis  de mecanización  muscular, autonomía cerebral y fogosidad emocional. El mundo reconoce en ellos el valor del trabajo, la disciplina y la importancia trascendental que en las últimas décadas tienen el redescubrimiento del cuerpo  y de la inteligencia. Condiciones que articuladas con la ética del juego limpio, propician la condición esencial de alteridad en la cual el otro no es visto como un enemigo a aniquilar, sino como un adversario a superar.

Ese conjunto como valor agregado en términos de calidad atraviesa de manera intangible pero evidente a las 23 escuadras que clasificaron para el Mundial de Fútbol organizado por Colombia. Esos grupos conforman una élite seleccionada entre 179 socios de la FIFA que durante dos años fueron sometidos a un supratrabajo deportivo para alcanzar la clasificación que los trajo hasta el país escenario, ubicado en una esquina norte de Sudamérica. Son 9 americanos, 6 europeos, 4 africanos, 3 asiáticos y 2 de Oceanía. La lista incluye al país sede que no compite en la clasificación por derecho propio de la localía. Son todos ellos y sus aficionados bienvenidos a un país escenario que también ahora y motivado en la convocatoria mundialista, comienza a jugar en grandes ligas (aresprensa).

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* El autor es colombiano, graduado universitario en ciencias del deporte y candidato al doctorado (Ph.D) en Educación.                  


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