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NUEVO FRACASO ARGENTINO / MUNDIAL JUVENIL SUB-20 / ÓRBITA FÚTBOL / HEDONISMO / LOM

Publicado el 14 de agosto de 2011 / 12.10, hora de Bogotá D.C.  

NUEVO FRACASO ARGENTINO 

En este nuevo derrumbe de los albicelestes, con escenario en el Mundial Sub-20 de Colombia, no puede decirse que el equipo rioplatense cayó por la llamada “suerte de los disparos desde los 12 pasos”. Nada de eso en este caso. Sobre todo porque el equipo argentino en la primera tanda de disparos estaba con dos tantos por encima de su rival y, por eso mismo, tenía el resultado a favor en su bolsillo. En efecto, también en esto juega la categoría de los que tiran al arco y del arquero rival. El guardameta de los argentinos demostró que estaba para grandes cosas y los que perdieron los papeles y el triunfo fueron los ejecutores de las dos últimas ejecuciones de la primera tanda. Ese fue el umbral del derrumbe. Argentina acumuló su tercer fracaso internacional en el año. Uno de ellos, doble, en el Perú. 

Escribe: Rubén HIDALGO 

Las pifias de tiros definitorios por parte de Leandro González Píres y Alan Ruiz en la tarde cartagenera, demostraron que en lo psicológico y anímico los argentinos estaban un punto por debajo de los lusos y ese es un problema de jerarquía y preparación, no de una lotería. De tal manera que el desperdicio con el que Nicolás Tagliafico coronó la tarde negra de su equipo ya era una simple confirmación de la precariedad con la que Argentina remató su presencia en el mundial juvenil.  

Los tres jugadores argentinos dilapidaron el acumulado que había ganado el arquero mendocino Estéban Andrada, quien atajó dos pelotas portuguesas. Todo estaba al alcance de la mano para la Argentina y ese capital se convirtió en agua en los pies de cobradores que fueron mal elegidos por Walter Perazzo. 

En los últimos tiempos las selecciones argentinas se van sin perder partidos pero fallan en la tanda final de lanzamientos con pelota quieta. Así ocurrió con la selección de mayores en el reciente enfrentamiento de Argentina ante Uruguay, en Buenos Aires. Eso señala también la falta de entrenamiento para tales circunstancias y muestra un descuido propio de una selección de media tabla para abajo, no de un equipo que como el argentino tiene suficiente historia y pergaminos para darse el lujo de mostrarse endeble en instancias definitivas.  

Esa pérdida de fortaleza exhibe a Argentina en todos sus grupos competitivos con una actitud tercermundista que niega el lustre de su tradición. Es una cadena de retrocesos evidentes y de sencilla identificación de causas. 

El primer fracaso reciente se produjo en el Sudamericano de Perú 2011, donde perdió la posibilidad de obtener uno de los dos cupos para los olímpicos de Londres y ocupó una gris posición por debajo de Brasil y Uruguay con la conducción del mismo Walter Perazzo que sumó en Colombia la segunda frustración en corto lapso de este orientador argentino y de sus dirigidos. El otro paso en falso fue la eliminación del conjunto de mayores como anfitrión de la Copa América, en julio, bajo la orientación sonámbula de Sergio Batista. 

Debe llamarse fracaso argentino a este encadenamiento de circunstancias equívocas porque en el caso de los olímpicos no debe olvidarse que este país austral ha ganado en dos oportunidades ese privilegiado trofeo que nunca ha obtenido Brasil, equipo que sí asistirá a Londres. El segundo traspié fue en la Copa América, en julio, cuando a pesar de haber sido eliminado en el trance por tiros desde el punto penal sin haber perdido partidos, tuvo una campaña distinguida por la mediocridad y eso provocó la salida por la ventana de un Batista que estuvo por debajo de las exigencias para una responsabilidad de esa categoría. 

No son tres simples caídas, es la evidencia ratificada de la decadencia pronunciada del fútbol argentino y de su impotencia para superar la erosión que lo carcome luego de años de degradación, desde lo más alto de su cúpula, con la consecuente pérdida del sentido de orientación en su relación con la historia propia.  

N. TAGLIAFICO ALAN RUIZ
DILAPIDARON SUS OPORTUNIDADES

Esta Argentina del mundial colombiano quedó en el camino un poco más allá de la mitad del torneo y derrochó una expectativa por renovar honores y el tremendo peso de cargar con la punta en lo que hace a cantidad de títulos obtenidos dentro de la categoría. Pero no debe olvidarse que en ese acumulado de estrellas negras también debe contarse que para el anterior mundial Sub-20, el de Egipto, la Argentina fue eliminada en el Sudamericano 2009, que se jugó en Venezuela. 

En esa relación tampoco debe olvidarse que el señor Sergio Batista es un tercer orientador defenestrado por fracasos, después de los anteriores fiascos que protagonizaron Alfio Basile y Diego Maradona. Entonces, el fenómeno decadente no es reciente ni tampoco puede decirse que es una simple circunstancia desafortunada o un cruce del destino incierto.  

El señor Alfio Basile, después del mundial de Alemania en el 2006, fue nuevamente nombrado como orientador de la Selección Argentina no obstante el catastrófico desenlace de su presentación en el Mundial de Estados Unidos, en 1994, cuando fue tolerante con los deslices y licencias marginales de Diego Maradona y también después de la humillación de un 5-0, frente a Colombia en las eliminatorias para ese mundial norteamericano. Eso acumulaba Basile en su historia de vida deportiva y fue llamado por la directiva de la AFA para sumar otras frustraciones, después de la salida de José Pekerman. 

Frente al comportamiento del señor Maradona como orientador sobran comentarios si no se olvida que además de la gravitante eliminación ante Alemania en Sudáfrica, fue el responsable en eliminatorias mundialistas de otra derrota no menos vergonzosa por 6-0, ante Bolivia. En ese mismo orden, nadie ignoraba que si bien Batista había ganado en los Juegos Olímpicos de Beijín no había demostrado suficiente fuste en los diferentes cargos como orientador de clubes y su conocimiento y temperamento dejaban demasiadas dudas sobre su solvencia, tal como quedó demostrado.  

Esa lista parcial pone de relieve y debe ratificarse que esta nueva caída no es una simple casualidad sino una fotografía de algo que no es una crisis de coyuntura sino de una crónica entropía de todo el sistema del fútbol argentino. Un colapso de sus selecciones en todos los órdenes y un clamor inocultable que exige una purga profunda en todos sus niveles. Ese es el panorama que enfrenta la Argentina del ahora técnico Alejandro Sabella, de cara a las inmediatas eliminatorias al Mundial de 2014. 

Un histórico líder argentino dijo alguna vez que ciertas organizaciones son como el pescado: “comienzan a podrirse por la cabeza”. En la cúspide de la AFA, la institución señera del fútbol argentino, está el señor Julio Grondona desde hace mucho tiempo. A medida que pasan los años el máximo conductor enquistado en esa entidad desde fines de los años 70, adquiere mayor aspecto de criatura del agua (aresprensa).                 


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