VEA: ARTES VISUALES / / PROGRAMA EDITORIAL






CLAUDIO BRAVO, IN MEMORIAM / ARTES VISUALES / A-P

Publicado el 17 de septiembre de 2011 // 20.50 horas, en Bogotá D.C. 

CLAUDIO BRAVO, IN MEMORIAM

La muerte del hiperrealista chileno Claudio Bravo, ocurrida en junio de este año, deja en gran vacío en el espacio que ocupan los artistas plásticos latinoamericanos con fuerte  presencia y peso internacional.  La desaparición de Bravo se suma a la de otro grande del país austral, ocurrida en 2002: Roberto Matta.  Si bien han pasado nueve años entre la desaparición de uno y otro, lo cierto es que no todos los días los países ponen en el mundo del arte a creadores de primer nivel como los nombrados. Bravo lideró durante varias décadas una tendencia que apareció después de la ola que dejó el arte “pop”, en boga en los años 60, y de la cual fue Andy Warhol el máximo exponente.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

En verdad el hiperrealismo del último tramo del siglo XX apareció como una forma atenuada de rechazo a las tendencias “pop”, en particular hacia aquello que se consideró una comercialización excesiva del arte. En ese marco, el trabajo de esta propuesta en su conjunto fue, como otras maneras de protestar a lo establecido, un alambicado recurso para terminar insertado en los circuitos del mercado al cual se impugna.

Bravo articuló buena parte de su carrera con el empuje, manejo comercial y de visibilidad que le hizo la Marlborough, una verdadera multinacional del arte y de su comercialización. Eso no es, necesariamente, una condena hacia quienes protestan e innovan, cada corriente fronteriza establece sus estrategias de reconocimiento y puesta en común de las propuestas. Éstas, al tiempo, tienen sus meandros y contradicciones internas.

El símbolo en imagen del “Che” Guevara, para traer un ejemplo identificable de manera rápida, ha recorrido como icono comercial de la protesta todos los objetos de los nostálgicos, todos los escenarios de los que se identifican en contravía y más de cuarenta años de presunción de rebeldía. Cada uno de los integrantes de estas comunidades paga por su camiseta, su jarro y su poster o retablo, con la imagen de su ídolo revolucionario. Ninguno está por fuera del mercado aun a despacho de no poder alcanzar a ser un “hombre nuevo”, en la conocida fraseología del aventurero argentino muerto en Bolivia.

El hiperrealismo que Bravo representó como figura de cúspide fue una vuelta a la figura, la representación, tal y como se percibe pero con el agregado y ayuda de las técnicas modernas, imposibles de ser excluidas y apartadas del mismo mercado. En efecto, la fotografía fue el gran apoyo de los hiperrealistas, tal como lo fue para el trabajo de Darío Morales en Colombia, aunque este último no se consideró nunca a sí mismo un hiperrealista.   La relación entre técnica, arte y mercado ya la había teorizado Walter Benjamin en la Alemania previa al nacionalsocialismo.

OBRAS DE CLAUDIO BRAVO
 Valparaíso 1936-Taroudant 2011

La pasión por los detalles de los objetos y la apuesta por la percepción –como el inicio de todo saber, diría el griego- son dos de los ejes de la oferta visual hiperrealista. La imaginación por el instante de la composición, como riqueza creativa, y el aporte del color o de la luz completan el escenario de estos artistas que como grupo tuvieron a Bravo de interlocutor.

Las escenas realizadas con minucia fotográfica –en una suerte de lucha constructiva y al tiempo desafiante con la técnica-  despreciaron de plano el compromiso con las marcas y los diseños industriales. Aquí ninguna escena hará exégesis de una lata de sopa o una botella de gaseosa. La línea excluyente con el “pop”, contemporáneo de ellos,  es bien clara.  Sin embargo, la industria cultural y su peso de época es también claro en esta corriente y así lo testimonia el trabajo del desaparecido artista chileno.

Queda para la historia del arte universal esa imagen de los jugadores de lo que se supone es una selección brasileña en vestuario, con una evocación a las figuras humanas que dejaron los grandes del Renacimiento. Pero también quedan los bodegones o esos muchachos y jóvenes mujeres que, de alguna manera, también incluyen de manera evocadora los paisajes interiores del Marruecos que fue su país de residencia en el último tramo de la vida.

Un detalle es significativo en el trabajo de Bravo, una buena parte de los rostros en sus obras son anónimos –como giocondos consagrados y multiplicados en ritual- en tanto límite a su construcción e interpretación de lo real. Ni siquiera los jugadores-adonis del fútbol carioca tienen identidad en su trabajo. Para el chileno, a diferencia de Warhol, Marilyn Monroe no era un icono ni una marca con validez para la representación pictórica, podía ser una situación estética de arranque, pero nada más (aresprensa).          


Visitas acumuladas para esta nota: 00867



¡SÍGANOS Y COMENTE!








Todos los derechos reservados ARES 2003 - 2014                   
Volver al home