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TIEMPO DE CARNAVALES / TURISMO / HEDONISMO / LOM

Publicado el 07 de febrero de 2012 / 14.20 horas, en Bogotá D.C.

TIEMPO DE CARNAVALES 

Febrero está golpeando con sus tradiciones anuales y el anuncio indica que llegó la época de carnavales en varios sitios del mundo. No sólo se trata del demasiado publicitado que se realiza en Río. También hay grandes celebraciones en Barranquilla, Colombia, y en otros sitios del continente y del planeta. La reminiscencia pagana en la era cristiana se realiza en el tiempo previo a la Semana Santa. La conclusión de las jornadas de expansión y tributo a la “carne que vale” señala que 40 días después se inicia la primera gran celebración religiosa del año  y el retorno a los tiempos normales que se rompen con las festividades navideñas y la expansión de las vacaciones que las acompañan. 

En ese recuento debe recordarse que las festividades de Navidad coinciden en calendario con lo que fueron las llamadas saturnales romanas que, precisamente, eran rituales de relajación de costumbres y el “dejar hacer” a los sentidos. En acción de sincretismo, el cristianismo primitivo, después de que pasó en Roma a ser religión oficial, se dispuso y logró reemplazar la ritualidad a favor de la carne y su sensibilidad, por el recogimiento en memoria del niño de Belén.  

Si se mira la manera como se celebra en la actualidad el tiempo de Navidad, debería decirse en términos simplificados que es el tiempo del carnaval del consumo y que el recogimiento ha dejado paso a otra forma de saturnales modernas. En todo caso, aun cuando en este tiempo ya todo el mundo occidental de cultura cristiana se encuentra en sus labores de producción -que incluye el inicio de los ciclos lectivos para quienes estudian en cualquier edad- estos días de paréntesis carnavalero hacen reminiscencias. Son evocaciones en el sentido de que, no obstante los compromisos individuales y colectivos con los proyectos modernos, los viejos fantasmas juguetones de la antigüedadpermanecen en la mente, transformados y también atravesados por las lógicas del mercado y sus estrategias promocionales.  

Los carnavales son parte del acervo cultural de muchas ciudades del mundo. Venecia, por sí misma, es un patrimonio de la humanidad, pero lo es más con su carnaval. Algo similar ocurre con el Mardi Gras de New Orleans y sus relaciones que reúnen imaginarios afrodescendientes, con los ancestros hispanos y sajones, allí en la cuna del jazz. 

RÍO 2012
HOMENAJE A ROMERO BRITTO

En Sudamérica el carnaval se celebra en buena parte de su extensión y los de mayor nombradía y promoción son, en su orden, el de Río de Janeiro, el de Barranquilla y el de Oruro. Para el primero sobran los comentarios, basta con decir que en este año 2012 uno de los atractivos es la presencia del artista plástico Romero Britto, a quien se dedicará la celebración que se aproxima.  

Este creador, oriundo de Recife y con residencia actual en Miami, es uno de los mayores exponentes del neopop en boga y sus diseños, que unen las nociones de las dinámicas del mercado con las propuestas estéticas del arte mayor, es un exponente adecuado para un lenguaje que, como ocurre con la celebración del carnaval contemporáneo, hace simbiosis entre el hedonismo con la cultura de masas y la de élite.  Nada más afín con el carnaval de Río y su revoltura extrema. 

El carnaval de Oruro, en cambio, junta en suma onírica la matriz cultural indígena del altiplano con las otras vertientes del divertimento pagano que aportaron los españoles y sus correspondientes mezclas de Europa y África.  Esta festividad ha sido declarada “patrimonio de la humanidad” por UNESCO y en el conjunto se desarrolla la tradicional “Diablada”, cuya imagen reproduce en celebración la idea del choque entre el demonio y el Dios de todos los hombres, quienes se dan cita y encuentro en este tipo de vínculos culturales sincréticos. Los promotores de este carnaval altoperuano dicen que la fiesta de Oruro anuda más de dos mil años de tradiciones. 

El carnaval de Barranquilla en cambio es pura expansión sensitiva, lo que lo convierte en el de mayor evocación africana. Esto es lo que identifica a la fiesta colombiana con lo que sucede tanto en Río, Brasil, como New Orleans, en el extremo norte del Caribe. Así como la “diablada” le pone mayor color a los celebrantes del altiplano, “la guacherna” colombiana le quita todo límite al hedonismo, salvo aquel que roce al código penal. La de Barranquilla también es una festividad patrimonio de la humanidad (aresprensa).


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