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HOLLYWOOD: UNA ACADEMIA DE VIEJOS // LA PLATEA DE MAGLIO / CINE / A-P

Publicado el 10 de marzo de 2012 // 12.11 horas, en Bogotá D.C.

HOLLYWOOD: UNA ACADEMIA DE VIEJOS

El cierre de la carrera por la estatuilla de Hollywood mostró homenajes en cruce. La película “The Artist” es una producción francesa que ganó el premio a mejor realización en un hecho histórico que pone de relieve a una cinta latina y no perteneciente a la cultura angloparlante, como ha sido la costumbre. Es al tiempo una exégesis a la manera como la industria del cine, la de Hollywood, dio sus primeros pasos para ser aceptada en términos de fábrica de arte y artistas. En dirección opuesta la obra de Martin Scorsese “Hugo”, en representación del cine norteamericano, le hizo su correspondiente homenaje a esa gloria francesa que fue Georges Méliès. Un intercambio de gentilezas que, hasta ahí, le hace bien al cine.

Escribe: Maglio GARAY

Se partió la torta en dos y aunque los premios para “Hugo” fueron en rubros secundarios, el hecho tiene una trascendencia mayor en su espesor de complejidades. No es frecuente que ocurra ese intercambio de flores dado que la tradición ha estado siempre marcada por el arrojarse indiferencias e injusticias. Algo que no ocurrió esta vez y fija un precedente que no necesariamente se repetirá.

Lo que sí mostró esta celebración, versión 2012 de la gran gala anual de Hollywood, es la necesidad de seguir poniendo alertas sobre el envejecimiento de los criterios de la Academia.  Esto porque lo ocurrido con “Los Descendientes” está diciendo que se premian tramas repetidas. Claro que primero es necesario aclarar que nadie puede negar el hecho de que este relato de Alexander Payne tiene un delicado tratamiento de la relación entre diferencias culturales, visiones de vida y problemas domésticos.

Pero es también una copia filtrada de historias anteriores tales como “El Audaz”, que protagonizó Paul Newman, o “Nuremberg” con Maximilian Schell, ambas de 1961.  Esas mismas relaciones o similares se vieron en “Esplendor en la Hierba” o “Amor sin Barreras” (“West Side Story”), con Natalie Wood y de realización en el mismo año que las anteriores. En esa secuencia tampoco se puede soslayar a un título como “Dos Mujeres”, con Sofía Loren (1960).

Algo que también se vio con el mismo tono y tejido en “Town without Pity”, protagonizada por Kirk Douglas -el padre de Michael- con banda sonora de Dimitri Tiomkin e interpretación en canto de Gene Pitney, que se realizó al igual que las otras en los inicios de los 60. Todas ellas hablan de la transgresión o la superación de escalas de valores y señalan que los paradigmas de comportamiento han cambiado y también la manera de mirar y hacer la historia.

Entonces, aun cuando el trabajo de Payne tiene méritos, la síntesis es que la saga se repite y eso le resta competitividad para una nominación y premiación final. En ese sentido, los votos de la Academia se ven mellados en su credibilidad, lo cual en esta ocasión se recompuso premiando a los franceses con los principales lauros, dejando de alguna manera de lado a edulcuradas producciones con factura de la marca local.

Si se mira en perspectiva, eso es lo que fueron películas como la que protagonizó George Clooney, bajo la dirección de Payne, así como también “Help” y su relato de la segregación racial a principios de los años 60. En este último caso sobrevive la martillada historia de “La Cabaña del Tío Tom”, con los buenos y los malos de siempre.    

Después de medio siglo, la producción de Hollywood sigue amarrada y arrobada con las historias familiares. Las nominaciones lo demuestran: Steven Spielberg sigue adelante con sus libretos sentimentaloides y así se vio en “Caballo de Guerra”;   al igual que en “Tan Cerca y tan Fuerte”, con un Tom Hanks que sigue pegado con la historia de las Torres Gemelas. El buen cine y el buen gusto por este arte ya no toleran la repetición al infinito con el cual esclaviza Hollywood. 

La película nominada y premiada de Payne, “The Descendants”, resultó un excelente drama familiar, ajustado a las historias generacionales de los años 80, tal como lo fue “Gente como Uno” y “La Fuerza del Cariño”. Ambas en su momento ganadoras de premios y en ambos casos también, olvidadas y sepultadas en una zona recóndita de la memoria.

En contrapunto, la Academia le cercenó toda posibilidad a “Shame” y “Drive”, producciones que rompen esquemas en el tratamiento y manera armar tramados. En ellas se pone de relieve la agresividad y desgarramientos de las nuevas generaciones. Esto de poner en escena los problemas contemporáneos no tuvo suficiente merecimiento para los nominadores de la Academia y eso los pone a ellos, los que dictaminan en la Academia, por fuera del tiempo. De este tiempo que está corriendo.

Una asincronía poco comprensible, si no se toma en cuenta el envejecimiento irreversible de esos determinadores que votan y que, en el conjunto, se conforman con un 4 por ciento de la comunidad hebrea y un 3 por ciento de afrodescendientes. Además, con una veteranía que está por encima de la sexta década, como promedio del total de sus integrantes.

Tal cuadro de situación exige un replantamiento, reclamado desde hace mucho, sobre la composición de ese núcleo de selección que parece inconmovible. Por lo tanto, nadie sabe ni cómo ni cuándo se producirá el exigido cambio de mentalidad para evitar las irritantes exclusiones y fallos absurdos que afectan al cine con mérito. Aquel que hace trabajos como para quedar en altorrelieve con los premios que deberían otorgarse a quien corresponde (aresprensa).            


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