RAFAEL CORREA ERA EL HOMBRE / LA TERCERA OREJA / ACTUALIDAD

Publicado el 02 de abril de 2012 // 21.35 horas, en Bogotá D.C.

Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme. 


  • Toda mujer debería llegar al matrimonio lo más virgen posible

RAFAEL CORREA ERA EL HOMBRE 

Corre el tramo final de la década de los años 90, se preparan y se anticipan grandes cambios para la región latinoamericana, en especial en América del Sur. Surgen los Kirchner con su visión contestataria de los años 70 y su carga de pugnacidad atemporal. Un dirigente sindical, en el 2003, se encarama en el poder de un Brasil que desde hace décadas aspira a ser interlocutor de primer plano en el mundo. En ese panorama también asoma en alto relieve y desde Caracas un hombre que viene de tradición militar golpista y quien con discurso radical se acerca a las tradicionales posiciones de La Habana. Es Hugo Chávez, quien  en 1998 gana en elecciones la condición de mandatario venezolano para iniciar un proceso que llamó “bolivariano”, que se reclama heredero del prócer máximo de ese país, con vocación antimperialista y reivindicatoria de los desheredados, en contraposición con la clase política tradicional. Esta última desprestigiada por varias generaciones de corrupción rampante, abuso de poder y desidia ante la posibilidad de construir una democracia moderna y dinámica con el buen uso de los ingentes recursos petroleros. 

También en Ecuador llega al palacio presidencial de Carondelet, en Quito, un presidente joven, de buena presencia –algo extraño entre los ecuatorianos varones- con formación profesional sólida en economía, alcanzada en Lovaina y en Illinois. En esta última universidad norteamericana alcanzó su doctorado. Rafael Correa se doctoró en el año 2001 y en el año 2007 se posesionó como mandatario del país andino. 

Pero no fueron aquéllos los únicos escenarios de formación académica que recorrió el futuro presidente ecuatoriano. También estuvo en Cuba, en las aulas de la críptica -misteriosa y de selecta participación- del ente de formación cubana llamado “Ñico López”, donde no cualquiera llega y que se comporta como una suerte de “estado mayor” profesional de la dirigencia cubana y latinoamericana que aspira a ser reconocida por el ojo  de quienes se consideran faro de cualquier posibilidad de reflotar el derrotero “revolucionario” en el continente.  

En esa especie de “sorbonne” cubana estuvo Rafael Correa haciendo despliegue de sus conocimientos en economía y desarrollo. La tesis de doctorado que lo hizo acceder a la élite académica se conoció bajo el nombre de “Tres ensayos acerca del desarrollo contemporáneo latinoamericano”. En ella afirma que los procesos de apertura y liberalización comercial que se impusieron en América Latina en los años 80, en lugar de mejorar la productividad la habían afectado en negativo, al igual que a los ámbitos laborales. Era uno de sus mejores pasaportes para acceder a la simpatía de la dirigencia cubana que lo acogió en uno de sus centros de formación política de alto linaje. 

A partir de ese momento Correa se convirtió en una suerte de candidato para ser vocero y quizá depositario del legado del actual régimen cubano y por extensión de los grupos políticos contestatarios del continente, con la bendición del gobierno de La Habana, en aquel entonces no mellado por la ausencia de su conductor emblemático. Por breve lapso y sotto voce se manejó en la capital cubana la idea de que ese joven, fogoso y desconocido economista fuese una suerte de heredero de la Revolución, pero llegó a la escena Hugo Chávez, incluso sin pasar por la “Ñico López”. 

El militar venezolano se interpuso en ese camino ascendente de Correa hacia las preferencias de los mentores de la revolución en América Latina, con su vocinglería encendida y su pasado golpista. Un hombre de armas que se había iniciado en la vida política y en el conocimiento público inclinándose por un camino pugnaz contra la clase política tradicional de su país y con un cierto esbozo de pensamiento cercano al que rige desde La Habana. 

RAFAEL CORREA-Presidente de Ecuador

En esa evolución del proceso, las cosas cambiaron: la chequera, el petróleo venezolano y la posición geoestratégica del país que pasó a dirigir Chávez, hicieron el resto. La estrella de Correa se opacó y pasó a brillar la de Hugo Chávez y la de su proyecto bolivariano. Es por eso que ahora no puede parecer extraña la actitud de Rafael Correa en mantener el suspenso, casi hasta el último minuto, sobre su asistencia a la Cumbre de las Américas que se celebrará en Cartagena al promediar abril. Es el momento de buscar recuperar las posiciones perdidas ante las dudas sobre el porvenir venezolano.  

En otras palabras: el tiempo y la ocasión le dieron la oportunidad para hacer un ajuste de cuentas. En efecto, el momento de patear el tablero fue la reunión del ALBA de Caracas, en febrero de este año. Allí Rafael Correa planteó la exigencia de no participar en el encuentro de Cartagena si no asistía Cuba, además, si no se ponía sobre la mesa una exigencia firme sobre el estatus colonial de las islas Malvinas y su deriva lógica: la inexistencia en la práctica, desde el conflicto del Atlántico Sur en 1982, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).  

El imprevisto paso adelante de Correa en Caracas golpeó en varias bandas. La primera consecuencia fue enrarecer el ambiente previo a la reunión continental de Cartagena y lo remató con la confirmación de su inasistencia en este 2 de abril, cuando se conmemoran los 30 años del inicio de la acción armada argentina por la recuperación del archipiélago malvinense. No se debe olvidar que en aquella dramática ocasión, Colombia se declaró neutral y las sombras de la sospecha nunca dejaron de poner en gris aquella decisión colombiana, al punto de que en ese tiempo se calificó al país cafetero como “Caín de América”. 

El indicado ajuste de cuentas tiene otros dos soportes. Por un lado y como se indicó, la incertidumbre del futuro del presidente Hugo Chávez por sus problemas de salud pone de relieve la posibilidad de que el liderazgo de los países con visión contestataria cambie de polo y representatividad. Aun cuando no les guste a los venezolanos, está sobre la mesa la disputa por ese liderazgo en el grupo de países cuya entidad representativa es, precisamente, el ALBA.  

Por otro lado y más allá de la necesaria normalización de relaciones entre países que comparten una frontera, es difícil pensar -dado el temperamento demostrado del mandatario ecuatoriano- que en su subjetividad haya quedado cerrado el rencor que le generó la operación militar extraterritorial de Colombia en marzo de 2008, cuyo rédito fue la puesta fuera de combate del segundo dirigente de importancia en las FARC: alias Raúl Reyes. Aquella acción se cumplió bajo órdenes directas de quien para la época era ministro de Defensa del gobierno de Bogotá, Juan Manuel Santos.

Aquel Correa que, se supone, fue el hombre elegido en La Habana para liderar a los descontentos del continente tiene ahora una nueva posibilidad de asomar la cabeza, eventualidad que se asienta en el infortunio de otro hombre, el de Caracas. Es por eso que también debe suponerse que las deserciones a la cumbre de Cartagena pueden incrementarse, bajo distintos argumentos y justificaciones (aresprensa).


Visitas acumuladas para esta nota: 01330



¡SÍGANOS Y COMENTE!







MARKETING Y FELICIDAD por Nestor Diaz Videla

2Checkout.com Inc. (Ohio, USA) is a payment facilitator for goods and services provided by www.aresprensa.com.


Todos los derechos reservados ARES 2003 - 2016                   
Volver al home