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MALVINAS, UNA GESTA INCONCLUSA / ACTUALIDAD

Publicado el 02 de abril de 2012 // 14.45 horas, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

MALVINAS, UNA GESTA INCONCLUSA 

El hecho de armas en el Atlántico Sur, que enfrentó a la Argentina y al Reino Unido hace 30 años, es parte de un conflicto no concluido en esos 74 días de enfrentamiento que se iniciaron un 2 de abril y terminaron en ese primer día de confrontación con la muerte de un oficial argentino de la infantería de marina en desembarco, aunque también con la rendición de la guarnición inglesa y del gobernador del archipiélago. Ese acontecimiento histórico puntual no sería otra cosa diferente a un episodio más de un largo litigio, de no haber estado enmarcado por la tragedia. La decisión argentina por el camino de las armas, en lugar de continuar su larga demanda diplomática, estuvo y está fundamentada en la inflexibilidad británica para sentarse a negociar las condiciones de un traspaso de soberanía, lo cual es parte de un reclamo que los argentinos mantienen desde cuando la marina real se apoderó de las islas por la fuerza, en 1833. Esa inflexibilidad incluyó desde mediados del siglo XX el desconocimiento al reclamo reiterado por las Naciones Unidas en tal sentido y al mantenimiento hasta el presente de una anacrónica mácula colonial en el extremo sur del mundo, articulado con un interés europeo en contravía por persistir en una situación que no sólo es una vergüenza sino una ofensa vigente para todos los latinoamericanos. Si se señala el interés europeo en la zona es porque esa presencia británica hace menos visible la inserción militar de la OTAN y el depósito de armamento nuclear en América del Sur, lo cual pone en riesgo a todos quienes habitan esta parte del mundo.  

 Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

El desafío argentino a la hegemonía mundial debe ponerse de relieve de una buena vez, cuando se cumplen tres décadas de lo ocurrido en las islas irredentas. La ocasión sirve también para señalar que en las acciones se cubrieron de gloria las antes y ahora denostadas fuerzas armadas de la República Argentina. Esto, en clara contraposición a muchos años de erosión, desconocimiento, ocultamiento, evasión y desdoro frente al papel heroico que cumplieron esos soldados para reivindicar los derechos de su país sobre el territorio arrebatado por la codicia inglesa. 

Derechos postergados con largueza por la soberbia imperial y por aquéllos que tanto en lo interno de la Argentina como también en el entorno latinoamericano, hoy se regodean favoreciendo de manera implícita los argumentos de quienes fueron enemigos del momento, pero que en la actualidad se mantienen así y se mantendrán en esa condición mientras las islas Malvinas sigan bajo el poder armado de Gran Bretaña. Esto, incluso bajo el eufemístico y alambicado recurso vigente de una pretendida autodeterminación de sus escasos habitantes británicos, que mantendrían bajo esa nueva forma jurídica -la supuesta autodeterminación- al territorio insular siempre hacia el futuro bajo el control de la potencia colonial y de sus socios europeos. 

El hecho de Malvinas se desarrolló en medio de una profunda crisis interior de la República Argentina bajo una administración militar a la cual ya se le enrostraba la gravedad y profundidad de la represión a los grupos armados ilegales, que también habían ensangrentado a la Argentina en los años 70, y a la oposición política. Pero no es certero el señalar que la Operación Rosario se hizo de manera única con el propósito de conjurar la situación política interna desfavorable. El plan de recuperación de las islas por las armas era una vieja hipótesis que durante muchas décadas habían programado los distintos estados mayores conjuntos de las fuerzas armadas. 

La propia crisis interior que debía afrontar Londres y ciertas evoluciones de la Guerra Fría en América Latina, sobre todo en Centroamérica, junto con la proximidad de la expiración del Tratado Antártico que abriría el debate mundial a las proyecciones internacionales sobre ese continente blanco, precipitaron la definición por la acción relámpago que encabezó la Marina rioplatense y en la que perdió la vida el capitán Pedro Giachino. Este oficial evitó bajas de sus hombres y de los hombres de la guarnición inglesa, con la entrega de su propia vida.    

Cap. Pedro Giachino-- --Soldados británicos prisioneros
Puerto Argentino: 2 de abril de 1982

También incidió en la decisión por la acción ofensiva sobre Malvinas, la situación derivada del conflicto con Chile ocurrido cuatro años atrás y aún no resuelto para ese entonces, en un cuadro geopolítico que podía dejar con costa seca a la Argentina en sus confines y sellar sus aspiraciones añejas y legítimas sobre el territorio antártico, hacia finales del siglo pasado. Ese horizonte de extremo riesgo se había incrementado en la confrontación con aquellas organizaciones armadas al margen de la ley que desafiaban al estado de derecho y la propia institucionalidad, con atroces acciones de sangre y terror en las calles de las ciudades argentinas y con el asalto a unidades militares.  

Aquel complejo panorama no cerrado de la historia argentina se hace evidente con ejemplos de la cotidianidad de los conflictos, tanto el interior como el externo, que comprometieron a muchos combatientes de Malvinas: mientras, por ejemplo, el sacrificado capitán Giachino rendía su vida en Puerto Argentino, también se carga en su hoja de vida militar su participación en la represión de la subversión. Por esto último sufre hoy la condena en memoria por parte de quienes aún suponen que es lícito seguir defendiendo a los asesinos de la milicia ilegal de los años 70, y a sus cómplices. Entre ellos, la inefable señora Hebe de Bonafini. 

Toda aquella trama fue parte de un conjunto que también precipitó el golpe de marzo de 1976 y la interrupción de una democracia breve, cuya reapertura se produjo en 1973. En ese marco era imposible para la cúpula castrense con poder de facto sobre el Estado, asumir una situación internacional de conflicto con un frente armado subversivo puertas adentro del país, mientras se preparaba para una situación militar con enemigos externos. Ese es un cuadro de situación que, en general, nunca han tenido en cuenta los livianos analistas de las causas que motivaron la acción de recuperación argentina de las islas del Atlántico Sur, por la vía de las armas, en una exigencia que se mantiene y debe mantenerse con cualquier opción viable, más allá de la suerte circunstancial de aquel enfrentamiento iniciado el 2 de abril  de 1982 (aresprensa).     


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