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CÁDIZ: BICENTENARIO DE “LA PEPA” / LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS / PATRIMONIOS CULTURALES

Publicado el 06 de abril de 2012 // 17.30 horas, en Bogotá D.C.

CÁDIZ: BICENTENARIO DE “LA PEPA” *

No puede quedar por fuera de las celebraciones bicentenarias, que en la América de herencia española comenzaron en 2010, la conmemoración por la constitución liberal española de 1812, conocida como “La Pepa”. Carta famosa bajo ese nombre por haber sido proclamada el día de San José, un 19 de marzo, y quizá también por contraposición a la presencia en Madrid del rechazado e improvisado monarca liberal, resultado de la ocupación francesa, don José Bonaparte, más referido como “Pepe Botella”. La Constitución de las Cortes de Cádiz pudo ser inspiradora parcial de los ordenamientos jurídicos y políticos americanos que se afirmarían después de los enfrentamientos internos que produjeron primero las luchas independentistas y luego las largas guerras civiles que se aplacaron en los jóvenes países recién en la segunda mitad del siglo XIX. Pero la pugnacidad que generó la independencia pudo más y las propuestas de la Revolución Francesa y las de la revolución de los Estados Unidos quedaron en la historia oficial de la América hispana como los principales referentes de sus independencias. Entre los delegados a  las sesiones de los territorios de ultramar que hacían parte del entonces convulsionado imperio español, estaba el filipino Ventura de los Reyes. 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Esa representación filipina fue uno de los primeros reconocimientos oficiales y  de la presencia “en sociedad” de la distante colonia asiática que, hasta ese momento, tenía contacto con la metrópoli a través de México, cabeza de la Capitanía y de lo que entonces era la hegemonía española en el Pacífico. En las sesiones de las Cortes gaditanas se determinó la interrupción del tráfico intercontinental, que hacía desde mediados del siglo XVI el mítico Galeón entre Manila y Acapulco, con la intención de liberalizar el comercio pues se entendía, desde la misma representación filipina en Cádiz, que la línea transpacífica era ruinosa para las lejanas islas.

 El Congreso Anfictiónico que sesionó en Panamá en 1826 y cuando en España se había reinstaurado el absolutismo, reclamó entre sus propósitos no cumplidos hasta el final del siglo XIX, la independencia del archipiélago asiático y de Cuba. En esa lista también incluyó a Puerto Rico y las africanas islas Canarias. Hoy estas últimas son provincia española, en tanto que Puerto Rico permanece en una condición de inestable e irritante Estado Libre Asociado de la Unión Americana. Filipinas por su lado, es hoy un populoso país de condición angloparlante para infortunio de la hispanidad universal.  

Las rebeliones primero autonomistas y después independentistas que se iniciaron en América en 1810, al igual que las Cortes españolas, surgieron al generarse el vacío de poder consecuente con el apresamiento del monarca español por parte de Napoleón Bonaparte. El efecto de ese vacío impactó los movimientos americanos cuyos integrantes dudaron, en un comienzo, sobre los principios de autoridad y sobre el traslado de la soberanía que dejaba la nueva situación política en el universo hispano. 

INFLUENCIA RELATIVA 

Eso y el espíritu liberal que emanaba de Cádiz incidió  en los derroteros políticos que alentaron los caudillos militares que produjeron el corte de amarras con España, pero esto a la larga y con la deriva que tomaron los acontecimientos, diluyó la influencia de Cádiz en la historia republicana posterior que tuvieron los diferentes países que se separaron de la regulación peninsular. San Martín y Bolívar, más el primero que el segundo, fueron monárquicos vencidos en lo político después de 1820, por los sectores liberales que no sólo aspiraron a la independencia absoluta sino que, además, rechazaron la posibilidad de una monarquía que bloqueara la dispersión geopolítica que vendría con la desaparición de la figura regia y la forzada independencia. 

La aplanadora de la historia oficial en la mayor parte de los países hispanoamericanos reduce o margina esas complejidades políticas que acompañaron el proceso de independencia, a tal punto que ignoran la vigencia e influencia de “La Pepa” en el ordenamiento de los nuevos estados, de la misma manera como ocultan o consideran en minusvalía a ese Bolívar monárquico y dictador en la última etapa de su gobierno en Bogotá. Trabajo a favor de un gobierno con testa coronada y regencia del propio Bolívar, hecho con el trabajo abierto y también en la sombra del cartagenero Juan García del Río, quien residió en Cádiz durante su juventud y regresó a América y a su Cartagena natal en 1810.  

García del Río estuvo vinculado con Cádiz por razones familiares, políticas, estudiantiles, de amistad y recorridos históricos con quienes, después de 1810, fueron próceres de la independencia americana. Entre ellos, José de San Martín y Bernardo O´Higgins. Allí también, en Cádiz,  estuvo prisionero mientras sesionaban las Cortes, el ilustre preso venezolano de La Carraca, Francisco de Miranda. 

Pero de las reuniones de masones y complotadores liberales que conformaban el entorno del recinto de sesiones de Cádiz, participaban además otros no menos importantes personajes americanos. Esos grupos incluían también a los españoles que brillaron después por sus posiciones en los debates de las Cortes gaditanas y en las decisiones de esa primavera liberal que por corto periodo vivió España y en particular los gaditanos.  

Logo aniversario  Placa conmemorativa en Vigán**

La consecuencia del señalado vacío de poder por la retención francesa del monarca español en Bayona, fue la aparición de las juntas en los territorios americanos y a partir de 1810 todo lo demás es historia conocida. El corto periodo de modernización política duraría hasta 1814 y el restablecimiento en Madrid de la monarquía absoluta daría curso al plan de reconquista de las colonias díscolas que ya no volverían a serlo por el fracaso final de la expedición de Pablo Morillo, que llegó al Caribe pero cuyo destino original era Buenos Aires. 

La suerte quedó echada y las antiguas colonias americanas que no volverían al control peninsular se fracturarían más allá de lo que pretendían sus principales figuras y generarían una miríada de países que en algunos casos fueron capricho de caudillos. Así, la pretendida autonomía quedó mediatizada por los diferentes poderes mundiales durante dos siglos, hasta el presente. 

Sin embargo, “La Pepa” dejó una saga de disposiciones de frontera en lo que hace a concepciones políticas y de apertura social. Los delegatarios no se atrevieron a tocar el tema de la esclavitud, conocedores de la importancia que esa condición tenía en las relaciones de la economía colonial, sobre todo americana, pero sí acotó el poder monárquico al ligarlo con lo constitucional. Además, reconoció la libertad de imprenta, vale decir de pensamiento y circulación de ideas, incluyó el sufragio, el habeas corpus y fue pionera en el reconocimiento de lo que después se llamó como conjunto los “derechos humanos”. 

EL GALEÓN DE MANILA 

El conflicto que se inició con la intervención de Bonaparte no se desarrollaba sólo en el territorio de las que eran posesiones españolas de ultramar, sino que también ocurría en el seno de aquella magna asamblea que, por primera vez y en el nerviosismo colectivo propio de la situación, establecía la posibilidad de formas de interacción igualitaria entre peninsulares y representantes de las colonias. Es por eso que se plantearon desde el inicio de las sesiones, quejas y rechazos por las presuntas exclusiones. 

En primer término se hicieron reclamos por representación asimétrica de los habitantes de los territorios allende los mares, que comenzaron a ser vistos como “provincias”, es decir parte de una comunidad intercontinental unitaria por encima de las distancias y accidentes geográficos. Ese fue el origen de un posible y frustrado, hasta el siglo XX, commonwelth de la comunidad iberoamericana. Eso explica tambiénla corta y accidentada presencia del representante del archipiélago asiático, don Ventura de los Reyes.   

La exigencia no era injustificada. El periódico colombiano Argos de la época, señalaba que había en Cádiz 75 representantes de la península y apenas 29 de ultramar, al tiempo que señaló en uno de sus números: “…sólo obedeceremos las órdenes de aquel Congreso español en cuanto no se opongan a nuestros derechos…” Ya en esa época el universo hispano por fuera de la península doblaba de manera holgada su número de habitantes, que se calculaba para la época en unos 10 millones de españoles nativos. El contra argumento de los españoles señalaba que los indígenas no podían ser considerados en pie de igualdad con los criollos.   

Ventura de los Reyes llegó a España en un largo viaje que concluyó en diciembre de 1811, para reemplazar a dos nativos asiáticos pero residentes en Europa. El viajero de Manila había nacido en Vigán, ciudad capital de la provincia de Ilocos del Sur, en la isla de Luzón. La urbe aún conserva el sabor y la arquitectura que le imprimió España a través de México, país que fue –como quedó señalado- la capital del área hispana sobre el Pacífico hasta la independencia de la nación azteca, en 1821. Cuando de los Reyes llegó a Cádiz el texto de “La Pepa” estaba casi listo, pero la presencia de este filipino en la gran reunión no fue simbólica.  

Esa representación filipina en los debates logró imponer lo que traía como misión y reclamo del activo sector mercantil de las islas: la liberalización del comercio y la eliminación de la ruta que se hizo durante dos siglos y medio entre Manila y Acapulco, recorrido y tráfico que después de Acapulco seguía hasta Veracruz, La Habana y Cádiz. El delegado filipino había llegado a la emblemática ciudad española donde sesionaban las Cortes con 70 años sobre sus espaldas. 

No logró sólo eso, también impuso en nombre de sus representados la exigencia de eliminación del monopolio del tabaco, que era una producción importante para ese tiempo filipino. Es natural y debe suponerse con afinada certeza que detrás de esas significativas exigencias también estaban rondando los intereses británicos y de las otras potencias que aspiraban a ganar y afirmar hegemonías en el sudeste asiático.  

Su trabajo de unos tres meses incluyó su firma en la Constitución que salió a luz en el mes de marzo y acompañó las celebraciones callejeras que se precipitaron después de estampar esas firmas, al grito de ¡Viva La Pepa! La expresión trascendió los tiempos y aún se conoce y utiliza en el continente latinoamericano con diferente sentido,  aunque quienes la usan no sepan de su origen. 

El cierre de la bicentenaria línea de barcos que unió a dos continentes se prolongó luego de la interrupción impuesta por las Cortes, en 1813, pero su reinstalación fue por corto lapso luego del regreso del monarca absolutista. En 1815 zarpó de Acapulco el último barco de esa empresa que había inaugurado Legazpi pero que hizo posible Andrés de Urdaneta, al descubrir la corriente marítima de Kuro-Shivo que hacía posible el regreso de las naves desde el Oriente hasta las costas americanas.

La independencia mexicana de 1821 clausuró para siempre ese tráfico colonial, pero el intercambio humano entre México y Manila se mantuvo hasta las primeras décadas del siglo XX. Era la impronta de relaciones que había dejado el Galeón entre América y el Asia, aunque también con Guam, en las Marianas (aresprensa).

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* La Agencia de Prensa ARES no publica información emitida en el Archipiélago, escrita en forma dialectal germánica de las islas británicas (inglés). Sólo da curso de publicación a materiales escritos en lenguas locales filipinas o Lengua Madre española universal. 

** Foto letrero indicativo en calle de Vigán: Carlos Juan // e-dyario


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