CARTAGENA, ¿PRELUDIO DE UN “NOEI” HEMISFÉRICO? / ACTUALIDAD

Publicado el 15 de abril de 2012 // 09.00 horas, en Bogotá D.C. 

CARTAGENA, ¿PRELUDIO DE UN “NOEI” HEMISFÉRICO?

En Bogotá, Colombia, nació la OEA y su Carta de 1948. Era plena Guerra Fría y el marco de disputa por los territorios e influencia en el mundo entre las dos potencias hegemónicas y sus respectivas cosmovisiones. Nos hicimos parte del escenario de los acontecimientos asumiendo partido por Estados Unidos, la economía de mercado, el liberalismo en un estado de derecho. Así se esboza en el lenguaje implícito del artículo 1 en la referida carta constitutiva: “…los estados americanos consagran en esta Carta la organización internacional que han desarrollado para lograr un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia…” En esas condiciones, dentro de las Naciones Unidas, la Organización de los Estados Americanos se constituyó en un organismo regional.

Escribe: César A. TORRES LÓPEZ

La Organización de Estados Americanos no tiene más facultades que aquellas que de manera expresa le confiere la citada Carta, ninguna de cuyas disposiciones la autorizan a intervenir en asuntos de la jurisdicción de los estados miembros. Su artículo 10 es preciso y contundente: “…los estados son jurídicamente iguales, disfrutan de iguales derechos e igual capacidad para ejercerlos y tienen iguales deberes. Los derechos de cada uno no dependen del poder de que disponga para asegurar su ejercicio, sino del simple hecho de su existencia como persona de derecho internacional…” Al constituirse la OEA y en el mismo escenario de Bogotá, en aquel abril de 1948, Colombia iniciaba su proceso de inmersión en la terrible violencia desatada, a partir del asesinato en la capital andina del caudillo Jorge Eliécer Gaitán.

Violencia que enfrentó hasta hoy a guerrillas y paramilitares, así como en un comienzo lo hizo entre liberales y conservadores. En ese ambiente de finales de la década de los años 40 se firmó la Carta de la OEA. Hoy, a 64 años del marco descrito y luego de 30 años del ingreso de Colombia al grupo de Países No Alineados, propuesto y realizado durante el gobierno de Belisario Betancur, la región, el mundo y el mismo país anfitrión tienen la oportunidad de ver el surgimiento de un nuevo orden internacional (NOEI) que interprete la realidad, las aspiraciones y también las demandas del futuro de las naciones del hemisferio americano. En ese sentido la historia se confabula para la VI Cumbre de las Américas y cualquiera que sea su resultado, sea un antes y un después en la pretensión continental de encontrar el horizonte esquivo de la fraternidad, igualdad y libertad prometida a sus pueblos desde la misma independencia.

REPLANTAMIENTO HEMISFÉRICO

Todo esto en torno a los propósitos a que nos retó la llamada Cumbre del Milenio que se realizó en las Naciones Unidas hace un poco más de una década. Esto es: eliminación de la pobreza, el cierre de brechas no sólo económicas sino también sociales y tecnológicas. También, la restauración de los equilibrios ambientales (Protocolo de Kyoto), las soberanías alimentarias, la defensa de la biodiversidad y el desarrollo sostenible.

Esa es una lista parcial de aspiraciones oficializadas por la comunidad internacional a través de sus escenarios e instituciones representativas. Listado que de manera complementaria deben concretarse en políticas del respeto a las diferencias en lo ideológico, político, social, económico y cultural. Un trato de iguales que, desde la decisión del ingreso colombiano a los No Alineados es latente pero esquivo. Es por eso que Cuba debe ser tratada como nación, más allá de su régimen económico y político. Un trato idéntico al que se merecen Venezuela o Brasil, Argentina o Nicaragua.

Todos nuestros países están enfrentando realidades nuevas, después de de los colapsos del fundamentalismo de mercado, el quiebre teórico de sus apóstoles y la aparición cada vez con mayor vigor, de la obligación de revisar terceras vías. Todo aporte a la diversidad será siempre enriquecedor. En esa línea de criterios, los organismos de la desueta estructura interamericana o panamericana han de ser reformulados, lo mismo que deben ser redefinidos sus roles y vigencias. En esas condiciones se encuentran instituciones como la CEPAL, el TIAR y el BID.

La coyuntura favorece esa voluntad pues son propicios tanto visiones como escenarios políticos. El presidente Barack Obama, con sus criterios liberales a favor de las mayorías desposeídas de los Estados Unidos aún tiene la posibilidad de conquistar con hechos el corazón de los latinoamericanos residentes y ciudadanos del mismo origen en su país. En esa misma dirección es cada vez más fuerte el clamor de los latinos que proponen terminar con el bloqueo a Cuba y dejar atrás las causas de los viejos cubanos de Miami, derrotados en Playa Girón, para que quede en lo que es y siempre ha sido: historia, dolorosa e indigna, pero historia. De hecho, la inutilidad política y comercial del señalado bloqueo ha quedado demostrada con suficiencia puesto que, en la realidad, los restantes países de Latinoamérica tienen relaciones cada vez más firmes con los cubanos.

ATLÁNTICO SUR: RIESGO CONTINENTAL

Al tiempo, la situación de las islas Malvinas y la confrontación entre Argentina y el Reino Unido pero, sobre todo, el delicado aspecto de la autodeterminación y la dignidad que envuelve a ese añejo problema continental, debe ser asumido como uno de los temas en los que el TIAR demostró tanto su fracaso como su inutilidad. Esto porque fue creado con asentimiento por el continente cuando su verdadero propósito era defender los intereses ideológicos de un país y sus objetivos de confrontación hegemónica mundial. En el área del Atlántico Sur donde avanza el conflicto, el Reino Unido mantiene su enclave de ultramar como “territorio europeo” en perspectiva de una lucha futura por petróleo, agua y proteínas, en desmedro de los intereses históricos, geográficos y jurídicos no sólo de la Argentina sino, en general, de la región puesto que esos mismos intereses se podrían prolongar en instancia mediata, sobre áreas como la Amazonia, por ejemplo.

La prelación legal y ética del hemisferio es el cierre de filas alrededor los reclamos argentinos y su insistencia en la puesta en concreto de una mesa de negociación. Sumado a lo anterior, el tema de más revuelo y discusiones tanto de moralistas como de pragmáticos es el tratamiento de la problemática de la droga y de su industria. Hasta el momento la cadencia en el desarrollo de esa situación ha sido la que ha impuesto la dominación hegemónica. Por eso se hace necesario reasignar y rearticular las responsabilidades en la cadena de procesos que precipitan las industria.

El ejercicio de la autonomía y la necesidad de que los actores asuman sus verdaderas posiciones es una de las llaves para debilitar de manera acelerada los grandes carteles y sus influencias en el actor más grandes y finalista de la cadena: Estados Unidos. Todos los estados comprometidos deben aportar a la solución en forma colaborativa y paritaria, en un problema continental y complejo que genera tanto como alimenta ingentes flujos de capital negro y de violencia que parece infinita.

El conjunto reseñado le ha dado a esta Cumbre de Cartagena la oportunidad clara para poner de relieve la necesidad de no postergar de dar pasos firmes y sinceros en el respeto a los derechos humanos, los derechos de las minorías étnicas, las diversidades. También abrió con sus notorias ausencias y planteamientos la perspectiva de enfocar con miradas nuevas y con menos aprensión las realidades vigentes, las cuales no se parecen a las anteriores inmediatas (aresprensa).


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