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VEA: LETRAS // PROGRAMA EDITORIAL







FILBO 2012: HUBO LETRAS PARA MUCHOS / LETRAS / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 02 de mayo de 2012 / 22.55 horas, en Bogotá D.C.

FILBO 2012: HUBO LETRAS PARA MUCHOS 

Fueron dos semanas de celebración, en parte porque el invitado de honor fue Brasil, un país al cual siempre se le asigna un espíritu tan alegre como colectivo, y porque la Feria del Libro de Bogotá llegó a 25 ediciones en idéntico número de años. El gigantesco país de habla portuguesa ya había estado en esta fiesta de la palabra escrita. Fue en 1995 y es un misterio insondable la razón de esta segunda invitación en tan corto lapso. No vino la presidenta del país invitado como en un principio se anunció pero en la apertura estuvo la ministra de Cultura, Anna de Hollanda. Los negocios en su relación sustantiva con este tipo de encuentros, alcanzaron y se elevaron por encima de los 20 millones de dólares en cifras de expectativa de ventas en mesas de acuerdo por volumen. La asistencia superó los 400 mil visitantes entre compradores, curiosos y simples mirones. Un número que estuvo por encima, en unos pocos miles, a lo que se alcanzó en la versión 2011. Lo que era Feria del Libro de Bogotá ha pasado a llamarse FILBO. La frase de convocatoria fue “hay letras para todos”.  

Reporta: Martha Liliana ROMERO 

Gay Talese fue una de las estrellas extranjeras de esta Feria y el colombiano Fernando Vallejo se convirtió por peso específico en la otra luminaria de estas dos semanas de encuentros y presentaciones que, no obstante el esfuerzo organizativo y de promoción de los organizadores, no alcanzó en brillo el impacto de otros encuentros similares. Eso sí, aunque pocos, tuvo mejores o al menos más invitados renombrados que su similar y con calendario simultáneo que aún se desarrolla en Buenos Aires.  

Aquello ocurrió porque quizá Brasil no tiene escritores vivos tan prominentes como los que escriben en lengua española, francesa o inglesa. Sin embargo, también  puede afirmarse que el país invitado trajo lo mejor de sus nuevas letras, unos 50 autores, con la evocación a algunos de sus nombres emblemáticos, ese fue el caso de la novelista Clarice Lispector y la poeta Cora Coralina.  

Pero fue notoria la exclusión en mención de leyendas como Jorge Amado o del gran poeta aún vivo Thiago de Mello. Incluso debe decirse que el estand representativo de los brasileños fue bastante discreto si se compara con despliegues como los que ha hecho Ecuador o México en circunstancias similares. 

Brasil está ensayando su presentación de esta faceta de su prestigio cultural, para la presentación en grandes escenarios, como corresponde a una potencia emergente. Ya lo esperan en Frankfurt, también como invitado de honor, y después en Bolonia. Es por eso que lo ocurrido en Bogotá se pareció en lo que en verdad fue, con sus fallas: un ensayo.  

En este plano, podría destacarse que hubo un interesante despliegue de la producción gráfica brasileña y en ese ámbito estuvo la del prestigioso caricaturista Ziraldo. Pero faltó una mayor fortaleza en los buenos exponentes de las artes visuales brasileñas, que los tienen. Entre ellos puede nombrarse a Romero Britto, homenajeado en el último Carnaval de Río y con galería propia en Bogotá.  

PUNTOS NEGROS  

Otra razón de la menor percepción en brillo pudo haber sido el hecho de que las presentaciones de los principales invitados se programaron en horas por fuera de las tradicionales y de las que son costumbre cotidiana de Bogotá, salvo para una muestra teatral o cinematográfica. Es poco explicable la racionalidad que se siguió para esta programación, sobre todo si se tiene en cuenta que el recinto de Corferias se encuentra en un sector de la ciudad no siempre cómodo para los asistentes.  

Otro lunar del desarrollo de la programación fue el revuelto de público que ocurrió durante la exposición de Fernando Vallejo. Todo el mundo sabía que el polémico novelista colombiano era uno de los más esperados y la desorganización afectó a todo el mundo, también al autor celebrado y al que seguía en la lista de presentaciones. No es explicable que en la suma de tanta experiencia, nada menos que un cuarto de siglo, no se haya atinado a tomar previsiones y medidas anticipatorias.  

Tuvo que intervenir la policía para solucionar una torpe planeación de la coyuntura. Las presentaciones de Vallejo y William Ospina rebasaron la capacidad destinada a la charla prevista con estos autores. Algo que no sucede con frecuencia en esta feria del libro de Bogotá, cualquiera que sea la estirpe y el pelaje del invitado especial.  

Los invitados brasileños trajeron un listado de 800 títulos con representación de 27 editoriales. Las obras puestas a disposición y a la vista del público abarcaron todos los géneros vigentes y también textos técnicos y científicos, así como de autoayuda, de literatura infantil y juvenil. El material bibliográfico expuesto no sólo estuvo escrito en portugués sino también en español. Al respecto debe recordarse que la lengua castellana es la primera extranjera en importancia que se admite en la educación del vecino país. 

El sector brasileño de esta feria del libro fue diseñado por Daniela Thomas y en sus tres mil metros cuadrados se desplegó una muestra fotográfica dedicada a la cultura cotidiana del invitado. Para ello se destinaron unos dos millones de dólares en los que el gobierno de Brasil a través de su embajada en Bogotá fue el aportante principal. 

CIFRAS INDUCIDAS 

Brasil es hoy la sexta potencia económica mundial y tiene operando 750 editoriales que imprimen cada 500 millones de libros para un país que se aproxima a los 200 millones de habitantes. Su nivel de lectura es de un 4.7 unidades por habitante, pero esa cifra vela el hecho de que la mitad del volumen de libros en circulación es adquirida por el Estado para la donación y entrega gratuita, al tiempo que para estimular el hábito del libro personal y la generación de bibliotecas en los hogares, en un país en el cual la lectura nunca ha sido una costumbre extendida. 

Es por eso que el dato de casi cinco libros por habitante que ostenta en la actualidad Brasil debe considerarse inducido y todavía artificial en la media latinoamericana. Sobre todo frente a cifras como las que exhibe Colombia, que aún no llega a los dos ejemplares por habitante en el año. Al fin y al cabo,Brasil no tiene premios Nobel en ningún orden, tampoco en literatura. 

Homenajes como el realizado al inmolado periodista Guillermo Cano y al poeta Rafael Pombo, ambos colombianos, le dieron a la Feria una marca de solemnidad. Fueron conmemoraciones oportunas en el marco de este evento internacional. En particular, porque en el caso del primero se recuerdan las recientes décadas turbulentas del país y el alto precio que pagó la sociedad colombiana por el ataque de fuerzas oscuras, tanto a la ciudadanía como al mismo Estado. La trascendencia del segundo, se adecuó a la celebración de un centenario por un autor que nunca ha perdido vigencia en el ámbito de la literatura infantil.  

Es cierto que esta FILBO se ha afirmado como el evento cultural anual más importante del país anfitrión. En la ocasión de sus bodas de plata, es bueno señalar que aunque no haya sido ni sea intención de sus organizadores, la simultaneidad con la feria del libro de Buenos Aires la hace aparecer en competencia asimétrica con aquella y eso no es conveniente para los propósitos estratégicos de Bogotá. Otro aspecto a resolver es que a esta FILBO de la capital colombiana le sigue haciendo falta la presencia de un premio Nobel de literatura, vital y en ejercicio. Ya es tiempo de pellizcarse al respecto (aresprensa).  


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