FRANCIA ELIGIÓ / ACTUALIDAD

Publicado el 07 de mayo de 2012 / 12.15 horas, en Bogotá D.C.

FRANCIA ELIGIÓ 

La elección del socialista François Hollande pone puntos suspensivos al pacto de locomotoras para estabilizar la difícil crisis de su economía que vive Europa. Crisis que repercute en la política como verdad de perogrullo. En efecto, la relación de afinidad para el manejo del recorte y ajuste por las condiciones negativas que envuelven a Europa puede verse impactada o al menos debilitada aunque sea por peso simbólico, en un  tren que hecha humo por muchos de sus costados. Las políticas que han llevado adelante la asociación entre Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, el “Merkozy”, tendrán un paréntesis hasta tanto se conozcan los enfoques del nuevo mandato socialista francés. La victoria de los vencedores ha sido ajustada, aunque suficiente, y eso restringe el margen de maniobra para su trabajo de gobierno. 

Escribe: Rubén HIDALGO

 Por eso, es necesario tener cuidado en los pronósticos. Las fuerzas de izquierda aún no pueden cantar victoria de manera plena. Dentro de cinco semanas habrá elecciones legislativas y ese estrecho margen en la voluntad de los electores puede amargarle la vida y el caminado al nuevo gobierno. La extrema derecha que encarna  Marine Le Pen alcanzó un 20 por ciento de la votación antes de esta segunda vuelta y este sector -más incluso que los conservadores de Sarkozy- tiene el firme propósito de hacer la vida imposible a los socialistas desde el primer momento. 

Podía suponerse que la suerte del vencido era esa. Las medidas de austeridad y el peso de al menos tres millones de desocupados debían tener algún efecto en el resultado de estas elecciones. Pero queda evidente por esa misma definición electoral, que casi la mitad de población hubiese preferido el mal conocido en lugar de un nuevo experimento socialista. Está claro  que este Hollande no es la cara de un socialismo hirsuto y bueno para la impugnación pero malo para administrar, como se ve con frecuencia en América Latina. 

Esa  moderación puede hacer que se miren desde la nueva administración unos derroteros alternativos que hagan del recorte fiscal que afecta a los europeos y en general a los franceses, menos costoso en términos sociales, al tiempo que le dan un respiro a quienes más sufren la crisis. Esa es la esperanza que tienen no pocos apostadores simbólicos a la evolución de la crisis europea.  

Pesa en contra del insípido nuevo presidente francés su carencia de experiencia. Nula en cargos públicos o de responsabilidades corporativas, salvo en asignaciones más o menos oscuras dentro de su propio partido. Fue ese uno de los lunares que se jugó en su contra durante la campaña, a lo que Hollande opuso su moderación.  

Una buena jugada porque  no es hora de cometer locuras y trazar políticas a bandazos, la irresponsabilidad en el manejo de la situación como timón de gobierno, fue el fantasma que agitó el derrotado Sarkozy en referencia al gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero y no parece que el vencedor de la justa francesa seguirá el camino que llevó a sus vecinos socialistas españoles a una derrota histórica. Al respecto, ya Hollande ha dado señales de que las políticas sociales del nuevo gobierno cambiarán el rumbo de la línea de austeridad que mantuvo Sarkozy en asocio con Alemania.  

Es por eso que existe una cierta confusión en el panorama europeo ante la aparición de este nuevo jugador que puede precipitar pronósticos sobre la dirección de la nave europea.  En principio se deberá recomponer la estrategia del tandem que hasta ahora tenían acordado los dos mandatarios conservadores que dirigían tanto a Francia como a los germanos y, detrás de ellos, a todo el viejo continente que tiene a Grecia como vagón incendiado. El más incendiado. 

Esa reconstrucción de relación además de la confusión tendrá en ascuas por varias semanas a Europa y también al mundo. Ya Hollande ha enviado mensajes en el sentido de que no puede ser la restricción y el descenso del consumo la única salida para la actual situación recesiva de Europa y de un hundimiento económico que pareciera de largo plazo. El nuevo mandatario anunció durante su campaña y lo ratificó en las primeras horas posteriores a su victoria. que incentivará el empleo y el acceso a los bienes para animar una economía en desmedro. 

Además, acudirá a la añeja aspiración francesa de jugar con cierta independencia y vuelo propio ante los poderes del mundo. Una señal para decir con metáforas que quiere poner cierta distancia con el asfixiante poder de Alemania sobre las políticas francesas. El antiguo enemigo y hoy aliado no deja de ser un socio incómodo para la autoestima de los franceses. 

Bajo ese panorama y vista la corta distancia entre ganador y perdedor, parece claro que los jóvenes que protestaron contra el gobierno saliente no votaron por la opción socialista y se quedaron en reserva, en la dialéctica de la piedra y la “bomba molotov” pero mudos ante las opciones constructivas, como sucede América Latina. Tampoco lo hicieron las minorías raciales y de extranjeros con opción para el voto, quienes hicieron caso omiso a la radicalización del discurso de Sarkozy en las últimas semanas en lo que hace al aseguramiento de las fronteras y el rechazo a la inmigración no deseada.  

El juego de equilibrios en la comunidad de los europeos puede verse reforzado si a través de las nuevas políticas francesas se ejercen contrapesos a la contundencia alemana y, si es posible, reflotar a los socios comunitarios y al euro que parecen estar colapsando. De eso depende el futuro de ese pacto de estados y de pueblos. Una comunidad donde la posibilidad del naufragio aún está a la vista, como una suerte de Titanic del siglo XXI  (aresprensa).                  


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