VIGENCIA DEL TLC COLOMBIA-USA / ACTUALIDAD

Publicado el 15 de mayo de 2012 / 15.30 horas, en Bogotá D.C.

VIGENCIA DEL TLC COLOMBIA-USA 

Carencias aeroportuarias, portuarias y de infraestructura vial amenazan el primer tramo de desarrollo del TLC, por el cual pujó Colombia en los diferentes escalones de poder de los Estados Unidos durante al menos 8 años. Su apertura, mejor dicho el inicio de operaciones concretas, es un triunfo en sí mismo y alcanzarlo insumió suficiente tiempo como para que el país andino hubiese hecho las adecuaciones necesarias. Pero el entramado que hace coincidir la falta de previsión, la corrupción y las inconsistencias de visión propias del atraso secular que afecta no sólo a Colombia sino a la mayoría de sus vecinos, ha hecho que el país reciba este acontecimiento poco menos que en paños menores en sus dotaciones básicas. Esas que apuntan a una agilización del comercio exterior con pasos de animal grande. 

No es la primera vez que la improvisación le juega al país una mala pasada, ya hace más de 20 años, durante la presidencia de César Gaviria, aquello que se denominó la “apertura económica” acabó con buena parte de los numerosos puentes sobre cursos de agua que conforman el precario tramado vial sobre el cual Colombia a duras penas sostiene sus comunicaciones domésticas. Esa fue una de las lecciones no aprendidas que quizá en este otro momento histórico le seguirán pasando facturas a Colombia por su escaso aperaje para los grandes desafíos que ella misma se impone.   

El incremento de las flotas de camiones, de sus tonelajes y de sus posibilidades de carga, acabó con unos pasos sobre ríos y quebradas de una naturaleza montañosa y allí quedó desnuda la grandilocuente apertura que propuso y ejecutó Gaviria. La situación de hace dos décadas fue patética e incluso tragicómica. Pareciera que en ese y en otros campos la lección deberá repetirse como deben hacerlo los malos estudiantes de historia.  

Una mejoría relativa en los puertos principales –Buenaventura, Barranquilla y Cartagena- además de las mejoras y modernización retrasadas de algunos aeropuertos, entre ellos el de la capital del país, atenúan un tanto la cadena de imprevisión y desgreño. En ese panorama, el paisaje que ofrecen Bogotá con su vientre abierto y en espera, el llamado “túnel de la línea” y la carretera de doble calzada entre la capital del país y la localidad de Puerto Salgar en el río Magdalena -sobre el centro de su geografía y en dirección tanto hacia la costa Caribe como hacia Medellín- son los botones de muestra de lo que no se debe hacer si se aspira a ser considerado como un interlocutor serio en el plano internacional.  

En opinión de un experto que tuvo recientes funciones de gobierno, el país abre con éste y otros TLC una nueva etapa de un proceso en el cual se han incrementado en una década cinco veces las exportaciones, pasando de 12 mil millones en 2002, a casi 60 mil millones en 2011. Un crecimiento exponencial en el cual confluyeron varios factores pero, sobre todo, el de la seguridad y el de la distancia con otros países vecinos que hicieron del presupuesto ideológico su principal rubro de exportación.  

No obstante esas cifras, los términos comparativos señalan que Colombia aún exporta menos en proporción por habitante, que Ecuador, Perú, Chile y la Argentina. Este último, el más golpeado de la región por los vaivenes internacionales y en el umbral de una nueva crisis, entre las recurrentes que golpean sin solución de continuidad a ese país austral.  

A pesar de todos los factores en contra y de la larga marcha para alcanzar aquello que se inicia en estas fechas, cabe precisar que la aspiración de todo TLC y, con mayor razón éste que entra en vigencia con los Estados Unidos, es el de establecer una relación “gana-gana”. Algo que en definitiva, al menos para Colombia, tiende a superar el convenio de beneficio unilateral que existía con las gabelas del ATPDEA, que tuvo vigencia hasta entrar en  operaciones el nuevo acuerdo.  

Pero el entusiasmo originado por la “fetichización”, en términos del encanto que genera este pacto, también deja espacio para las protestas, no sólo de los impugnadores por principio de estos acuerdos entre los que no faltan los agitadores callejeros y las aristas de terrorismo. Algunos de los gremios de la producción han expuesto sus aprensiones con la vigencia del TLC con los Estados Unidos y, además, también el que se cocina con la Unión Europea. Lecheros y también productores de huevos y otros ítems de la canasta familiar han planteado frecuencia sus reservas al respecto. Ocurre que los más prevenidos por las condiciones del nuevo escenario son los productores del agro. 

Empero ya se sabe, o se supone y se incluye en la lista de encantamientos, que unos 5 mil productos de uso diario deberían bajar de precio con el impacto que tendrían tanto la demanda como el consumo, en el intercambio abierto por el acuerdo, derivado a su vez en la baja o eliminación de aranceles de importación. Aunque los hombres del campo tengan resistencias en estos primeros tiempos de cambio de condiciones, lo cierto es que otros ámbitos agrícolas se beneficiarán: las flores y derivados de la palma entre éstos.  

Pero no sólo en ese rubro, también la industria de textiles y confecciones, la industria de autopartes y los procesadores del cuero tales como los fabricantes de calzado y marroquinería, esperan con optimismo los cambios de reglas de juego que facilita el TLC que en sus primeros días de vigencia. En la madrugada de este martes 15 de mayo llegó el primer cargamento de flores a Miami para asegurar más de 150 mil puestos de trabajo en esta rama de la producción, en la cual un 60 por ciento de las trabajadoras son madres cabeza de familia.  

Al tiempo y para hacer simbólico el intercambio, una motocicleta sin estrenar de la emblemática marca Harley-Davidson llegaba a Colombia. Así, se dio el portazo de apertura a la nueva forma de intercambio que en su década de construcción hilvanó al fin más esperanzas que rechazo (aresprensa).    


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