MÉXICO: CAMBIOS PARA QUE NADA CAMBIE / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de julio de 2012 // 17.00 horas, en Bogotá D.C.

MÉXICO: CAMBIOS PARA QUE NADA CAMBIE 

El resultado de las recientes elecciones mexicanas estaba previsto y era normal esa alternancia de manejo del gobierno, después de dos periodos de gestión del atildado PAN que ahora le deja paso al manido PRI. No es un simple cambio de siglas para administrar un México cada vez más golpeado por la violencia. Pero,  aunque de alguna manera haya alteraciones en el estilo de conducción, en realidad ambas organizaciones políticas son dos caras de una misma clase política, con entramado en el poder económico y con manejo corporativo del poder del Estado. Se trata de una hegemonía burocrática que apenas puede ocultar el fragor de una guerra desbordada, la cual de diversas formas, permea a la institucionalidad. Ya estaba prevista también la negada “colombianización” de la sociedad mexicana que no obstante, no puede ocultar aquello que con incomprensible prurito también se niega: la pérdida de control de un sangriento conflicto creciente. 

Un país que en los últimos años, un lustro largo, acumula la escalofriante cifra de 55 mil muertos como consecuencia de la violencia derivada del negocio narco, se encuentra en una guerra interna. Ni más ni menos. Pero esa confrontación no es sólo el enfrentamiento entre buenos y malos, no.  

Es también la evidencia de que la tragedia que lo envuelve está poniendo en entredicho su propia condición de Estado viable. Esto, porque el poder corrosivo de esa violencia va mucho más allá de cualquier esquema de racionalidad. A ello se agrega el poder de la barbarie que se autorreproduce y al mismo tiempo se consume en el enfrentamiento de grupos delictivos y de éstos con las fuerzas que intentan recomponer el orden, en una parábola que no tiene aún derivación clara.  

Se trata de entender que más allá de la confrontación directa también está la corrosiva infiltración a la institucionalidad y la corrupción que se mueve en la porosidad de poderes públicos sensibles a esa infiltración. El PRI, esa institución política casi imperial se distinguía precisamente por haber hecho de la corrupción una dinámica de negociación  pública, en los últimos decenios de su poder imperial, antes de la llegada del PAN.  

Aunque el panorama vigente ha cambiado desde el último México que dejó el PRI, el aspecto gerencial del nuevo mandatario, Enrique Peña Nieto, quien llega para reemplazar al presidente Felipe Calderón, no despeja las dudas al respecto y le pone un paréntesis al futuro inmediato de ese país hoy martirizado por ese ingrediente que es parte ancestral de sus tradiciones culturales: el culto a la muerte. Empero, nadie apuesta a la continuidad del enfrentamiento vertical con el negocio narco que llevó adelante el mandatario saliente.  

Las tradiciones del PRI evocan las maniobras y venales estrategias de negociación y concesión con los adversarios poderosos. Esa característica tiene hoy al fenómeno narco y a la contienda diaria que permea a esa sociedad como un posible escenario de negociación política y de la eventualidad de concesiones ominosas a la delincuencia organizada. Esa situación podría afectar por repercusión en reversa a Colombia, Centroamérica y en general a la región andina sudamericana, incluida Venezuela.  

Eso es lo que se teme y ya se habla de “ablandar” la guerra que como razón de Estado emprendió Calderón contra los diferentes carteles que se disputan territorios y rutas de tráfico en México, con dirección hacia el mercado de los Estados Unidos. Ni siquiera borra las aprensiones al respecto una figura como la del general colombiano Óscar Naranjo en función de asesor externo del nuevo mandatario mexicano.   

Para muestra de ese cuadro baste decir que el presidente saliente mandó a la calle al ejército con la certeza de que no podría contra los narcos con el concurso de las policías y los funcionarios locales. El proceso de degradación ya había impactado con largueza tanto a los uniformados como a los civiles con potestad para hacer cumplir la ley. Es cierto que el peligro de sacar de los cuarteles al último recurso armado constitucional, para frenar a la poderosa delincuencia que ha reemplazado en horror a lo que se conoció en Colombia hace veinte años, no garantizaba la victoria tal como se ha visto, pero en aquellas circunstancias al presidente Calderón no le quedaba alternativa. Era también una señal al mundo de que México no era un narcoestado.No todavía en aquel momento y ahora no sabemos hasta cuándo. 

Pero aquel peligro y riesgo de comprometer al ejército y la armada en la lucha también exigió costos políticos y la confirmación de quienes criticaron esa medida: un grupo de comandos especiales de la primera fuerza terminó en el origen de la organización que se conoce como “Los Zetas”. Además, siempre se ha sospechado que la supuesta impunidad relativa del famoso “Chapo” Guzmán tiene que ver con la vista gorda de algún sector del comprometido ejército.  

En suma, lo que está riesgo es la misma institucionalidad mexicana, construida con esfuerzo y violencia remanente después de la revolución mexicana con la que inició México su historia en el siglo XX. La impugnación a las últimas elecciones aún frescas en su definición, por parte de la corriente de izquierda de Manuel López Obrador, le echa gasolina al fuego que envuelve a la institucionalidad mexicana. Esto aun cuando el candidato perdedor está en todo su derecho para sospechar de un proceso electoral que, por la venalidad ya mencionada como histórica y por su consistencia prolongada en el tiempo, tampoco deja por fuera a las costumbres políticas básicas (aresprensa).               


Visitas acumuladas para esta nota: 00659



¡SÍGANOS Y COMENTE!







MARKETING Y FELICIDAD por Nestor Diaz Videla

2Checkout.com Inc. (Ohio, USA) is a payment facilitator for goods and services provided by www.aresprensa.com.


Todos los derechos reservados ARES 2003 - 2016                   
Volver al home