VENEZUELA EN MERCOSUR / ACTUALIDAD

Publicado el 01 de agosto de 2012 / 15.30 horas, en Bogotá D.C.

VENEZUELA EN MERCOSUR 

El país que gobierna Hugo Chávez con tropical y peligroso estilo entró en la alianza del Cono Sur del continente, de la misma manera como conduce su administración: por la ventana. Alguna vez se tuvo una primera noticia en el mundo del verborrágico teniente coronel  y esto fue por un golpe de estado a una democracia enferma de corrupción y pésimo manejo administrativo de su riqueza petrolera, en los confusos años del fin de siglo pasado. Una aparición en televisión convocando a la rendición a sus pares golpistas, quienes se habían jugado la vida en las calles esperando de manera inútil su intervención, pues permaneció acuartelado con sus paracaidistas -él no lo era ni lo fue jamás- en las afueras de Caracas. En  efecto, ahora ingresa este polémico militar al MERCOSUR por la salida de un Paraguay, cuyo parlamento impidió durante una década el ingreso del díscolo y ahora mermado en lo físico oficial en retiro venezolano y de su gobierno sospechoso de todas las sospechas por parte de Occidente. Tal como se dice en el norte de Sudamérica, sus nuevos socios del grupo geopolítico y económico recibirán el “abrazo del oso”. Una expresión que está cargada de ironía, tanto como lo puede estar aquella otra del “nuevo mejor amigo”, que comparte Hugo Chávez en copropiedad con el colombiano Juan Manuel Santos.

 Escribe: Rubén HIDALGO 

De esta manera, los australes con costas o vertientes fluviales sobre el Atlántico le abren a Venezuela la puerta que mantenían cerrada por voluntad de los paraguayos, debido que suponían que la venezolana no es una democracia. O que sí lo es pero está poco menos que minada en su esencialidad: libre juego y control autónomo de poderes, libertad de expresión, respeto de los poderes públicos a la oposición y alternancia en el manejo del gobierno por parte de los partidos. Eso es lo que exige el Protocolo Democrático de Ushuaia que, de manera transversal, constituye un eje ético y político básico del Mercosur y por el cual los paraguayos le negaban la entrada al autócrata caribeño.   

Los sucesos de Paraguay, que llevaron en un cuestionado proceso -aunque ajustado a las particularidades constitucionales del estado guaraní- a la salida del presidente Fernando Lugo, dejó expedita esa suspensión de castigo, similar a una expulsión, del mediterráneo país rioplatense. Eso precipitó la amañada entrada de los venezolanos, también orquestada al margen de la propia reglamentación del grupo geopolítico. Los riesgos de esas decisiones de “toma y dame” son muchas y, de alguna manera, cancelan la presencialidad y seriedad aquilatada de un bloque con vocería reconocida en el mundo, como ha sido el Mercosur.  

Así, se podría dejar paso en cambio a la vocinglería contestataria y la tanto demonización verbal como operativa de quienes ejercen hegemonía en el mundo, pero con quienes es necesario conversar y seguir manteniendo relaciones comerciales. Es decir, se podría claudicar en la intención inicial -constituyente del Mercosur- de atenuar diferencias y tensiones entre países miembros que fueron grandes rivales, además de estimular el intercambio intrarregional y negociar con los más fuertes.  

En  contrapartida, aquel esforzado y difícil proceso de construcción del Mercosur pasaría a constituirse en una nueva plataforma de histrionismo y agresión política contra fantasmas reales o concretos, que crea el inflamado discurso maximalista de quienes aún suponen que está vigente la Guerra Fría. Algo parecido a lo que hoy es el ALBA, pero más amplio e importante.   

La suspensión de Paraguay del Grupo genera tantas suspicacias como la inclusión apresurada en los pasillos de la distante Venezuela, y deja por encima de más evidencias que en el escenario del continente priman las visiones restringidas del extremismo ideológico. Esto con el complemento de apartar con un ríspido codazo  el respeto por las normas que los mismos países establecieron para la regulación y la prudencia en el trato de los estados intra y extrasociedades que los integran. 

El espectáculo es impresentable y las acciones señalan que, a pesar de las reticencias iniciales de Uruguay en el interior del núcleo de países fundadores del Mercosur por el respeto a los marcos normativos, los gobiernos de Brasilia y Buenos Aires actúan como una patota de militantes, tal como lo hacen aquéllos que conforman sus cuadros de apoyo interno. Lo ocurrido con Venezuela en el seno del Mercosur y el veto al Paraguay se ha convertido en algo parecido o renovado, a lo ocurrido con la tristemente célebre “Triple Alianza”, que en guerra fratricida ahogó en sangre al país guaraní, en la sexta década del siglo XIX.  

Aquello fue una vergüenza nunca olvidada en el continente y el holocausto consecuente de los guaraníes, encontró unidos como aliados a la Argentina y el Brasil, además de un Uruguay que participó como comparsa menor de los sangrientos patoteros. Está claro que cuando hay desmemoria la historia tiende a repetirse como una nueva vergüenza y no como tragedia sino con estilo de farsa. 

No debe descartarse que el presidente Hugo Chávez llegue ahora a la mesa del Mercosur a sentarse con sus nuevos socios y viejos amigos, para plantear un apoyo al sangriento dictador sirio, tal como ocurrió con el Alba. Al respecto, tampoco debe olvidarse que en esa otra agrupación regional se  sienta Irán, un estado que no es latinoamericano pero sí “revolucionario”, tal como entiende el folclórico y obsceno -en lo político- régimen de Caracas a esa condición de mentalidad transformadora que es propia de la modernidad (aresprensa).     


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