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DECLINAR AMBICIÓN REELECCIONISTA / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 24 de septiembre de 2012 // 19.50 horas en Bogotá D.C.

Elusiva Posibilidad de Paz para Colombia

DECLINAR AMBICIÓN REELECCIONISTA*

No es fácil el recorrido que tiene por delante la administración de Juan Manuel Santos en su intención de anudar un proceso de paz creíble y mucho menos fácil será alcanzar los objetivos obvios. Tan poco fácil es esa opción que incluso resulta poco explicable que esa determinación fuese anunciada por Venezuela antes de tiempo, tanto como lo es el escabroso camino previo recorrido y los factores que hicieron convergencia para cristalizar el endeble propósito. Es natural que la esperanza ante el panorama gris sea lo último que se pierde, pero que se pierda es lo único fácil en la propuesta. Esas dificultades comienzan en el simple hecho de que fue el mismo gobierno desde un comienzo, el que alentó las expectativas y la búsqueda por efectuar tales conversaciones al tiempo hizo fuerza por la apertura de esa posible mesa  de diálogo que, se supone, comenzará actividades verbales en el comienzo de octubre. 

Escepticismo largo y esperanza acotada y tan delgada como endeble, en el inicio a cara descubierta de estas gestiones de máximo riesgo, lo reafirma el hecho de que el jefe representativo de los criminales diga con arrogancia que van a conversar "sin arrogancia". Luego, que los empoderados de la mesa cubana se exhiban al mundo para decir con desparpajo que no se dedican al narcotráfico, en algunas de sus formas, y que no mantienen secuestrados en las selváticas celdas de lo que fueron sus móviles campos de concentración.  

Situación que ha incluido, tal como se ve, el negar toda continuidad de esa vergüenza para la condición humana que es la política estratégica del secuestro. En los tiempos más condenables del nacional socialismo alemán, ocurrió el ominoso “Nacht und Nebel”, aquella “noche y niebla” que para infamia de la humanidad negaba toda memoria del secuestrado y que replicaron y replican las FARC en la foresta colombiana.  Nada menos auspicioso para una buscada paz que mentir sin reatos al respecto, desde antes del inicio de las conversaciones formales.  

La aventurada iniciativa del gobierno al tender la mano al enemigo de la sociedad en pleno combate siempre ha sido entendida como una señal de debilidad del Estado frente a la subversión y eso los ha hecho despreciar a su adversario histórico, que tiene dos soportes irrenunciables: la sociedad misma en primer término y las instituciones representativas en segundo lugar y soporte no menos importante. Las viejas leyes de la guerra –las que describió Carl von Clausewitz, entre otros- señalan que el mejor momento para negociar es cuando se ha doblegado la voluntad de lucha del enemigo. Eso no ha ocurrido en este caso, ni nadie sabe si alguna vez ocurrirá en un futuro indeterminable.  

No es entendible tampoco que al darse a conocer la posible agenda de conversaciones, las víctimas sean puestas en el último sitio de importancia. Ahora esas víctimas son lo menos importante y si eso es así, cabe preguntarse cuál sería el encuadre de esta paz hipotética que mastican las FARC y la actual administración del señor Juan Manuel Santos.  

El mundo  superó dos guerras mundiales para construir una sensibilidad y una legislación orbital para penalizar a quienes hacen víctimas a los inocentes de los conflictos. Pero en este plan el actual gobierno colombiano se sienta con los victimarios y en el primer paso programado se “ningunea” a quienes sufrieron el rigor de aquéllos que en Colombia siguieron los pasos de aquél que manchó la historia de la humanidad sobre Camboya, en nombre de una revolución, en el tramo final del siglo XX: Pol Pot.  

“Enemigos de la paz” se suele llamar a quienes hacen ese tipo de reparos evidentes e incontrovertibles. Entonces, podría ocurrir que los “amigos de la paz” estén  dispuestos a entregar, así sea en partes, las libertades tan difíciles de conseguir y asegurar. Eso es lo que se impulsa desde el llamado Foro de São Paulo y viene desarrollándose entre algunos de los países vecinos. También es probable que se siga entregando la dignidad de los soldados que se mantienen jugándose la vida en los microcampos de batalla y sobre los terrenos minados, en desangre gota a gota, lo cual tampoco va a parar en el inmediato futuro. 

En todo caso esos nuevos amigos de la paz mucho se parecen mucho o aspiran a ser herederos de los míticos “guerrilleros del Chicó”, que iluminaron la que fue trágica y al tiempo picaresca política colombiana de los años 70 y comienzos de los 80. Aquéllos que en una suerte de expresión surrealista del realismo mágico, le tributaban amante afecto a quienes se suponía, en caso de acceder al poder por la violencia, serían sus seguros verdugos. Así como en su momento ocurrió en Cuba y cuyas consecuencias pagaron tarde en el tiempo Arnaldo Ochoa y los hermanos de la Guardia.  

Pareciera que en estos frutos de escarceos de amantes contradictorios y con destino fatal de más de un año -ocurridos en Cuba, Venezuela y quizá otros países- se está leyendo una historia que se repite por no haber sido aprendida, incluso y en especial, con sus errores. Una suerte de perverso déjà vu, una expresión rediviva del eterno retorno, del reiterativo movimiento circular de la historia que, previo a la afirmación de la cosmovisión moderna, fue antitética  con la historia lineal y hacia delante que veían tanto Clausewitz como Hegel. 

Esa genética recurrente de los años del “socialcheverismo” es lo que se expresa en esta coyuntura con la presencia de Enrique Santos Calderón en los ya mencionados escarceos previos de la forzada salida hacia una paz anhelada y siempre elusiva. No en vano se ha dicho que el motor ideológico de este gobierno es en verdad el hermano del presidente.  

Para alejar los fantasmas de ese pasado poluto que hace visible el amancebamiento con los verdugos, sería importante que el presidente Juan Manuel Santos haga un acto de contrición y renuncie a cualquier posibilidad reeleccionista para asegurarle a su país y a su pueblo que no se entregarán sus instituciones y las metas democráticas de difícil construcción, a cambio de una mezquina ambición personal y de favores al terror cínico. No es pequeño ese compromiso histórico del presidente colombiano con su propia memoria hacia las generaciones que vienen (aresprensa).  

EL EDITOR

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* La columna Doxa expresa la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES


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