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50 AÑOS DE CINE CON JAMES BOND / CINE / A-P

Publicado el 01 de octubre de 2012 / 15.10 horas, en Bogotá D.C.

50 AÑOS DE CINE CON JAMES BOND  

Su primera pieza, con la que se dio inicio a la saga, se vio en 1962. Eran tiempos de Guerra Fría y de crisis por la situación de Cuba que con sus misiles rusos puso al mundo al borde la confrontación nuclear, de forma parecida como ahora sucede con el enervamiento de la situación del Medio Oriente y, en especial, con Irán. Era tiempo de espías porque la situación se tensionaba en ese nivel. Era allí, en los secretos pasadizos, caminos y ciudades  del mundo, que esos hombres y mujeres pretendían saber lo que haría el contrario y después se construía en literatura un cierto mito de invencibilidad. Tambiénse armaba la ironía a través del “Súper Agente 86”, quien aspiraba a ridiculizar al agente británico con permiso para matar y en general a todos los agentes que andaban por ahí. Además, Bond estuvo en los archivos y en los esbozos de la alta tecnología, que pretendía dejar atrás los logros de la ciencia alemana y de una Wehrmacht vencida con una Alemania saqueada menos de veinte años antes. También eran tiempos de carrera espacial, en los que esa tecnología apropiada del vencido era fundamental para superar vicisitudes y determinar victorias. 

En esa primera película, el actor Sean Connery se consagró para siempre. Por mucho tiempo no se pudo superar a un personaje y caracterización que obligó a ese intérprete a esperar más de dos décadas, después de ser reemplazado, para ser reconocido como el gran protagonista, que es, de la pantalla grande.  Lo hizo bien ese Sean Connery del primer James Bond. Lo hizo al tiempo que los topos del mismo MI 6, cercanos a la nobleza del Reino Unido, espiaban para la Unión Soviética. La gente de “Caos”, para decirlo en los términos del Agente 86, estaba dentro de los reinos que, se supuso, eran homogéneos para hombres como James Bond.  

La saga que inició Ian Fleming en la literatura a comienzos de los 50, tuvo en su escenografía detalles que fueron relevantes para toda la historia de su propia factura y también para el cine en general. Primero, con Connery, hubo un personaje tan cínico como tierno y utilitarista con su lista de mujeres. El macho que siempre las gozará sin escrúpulos ni ataduras de ningún tipo y, al tiempo, las usará para sus misiones, lo que siempre fue lo de menos.  En resumen, para decirlo en términos contemporáneos, Bond era un machista consumado y eso en aquel tiempo no ameritaba censura

También, desde el comienzo, se impuso el despliegue de tecnologías que nunca quedaron vulneradas por el imperfecto zapatófono del Agente 86. En ese escenario de sorpresas y glamour estuvo también el famoso automóvil Aston Martin, que no pudo ser jamás reemplazado por el BMW, no porque el primero fuese mejor que el alemán, sino porque el nacionalismo británico impedía que un dispositivo germano pudiese poner a salvo a uno de sus emblemas. Vale señalar, porque viene al caso, que después de la Segunda Guerra Mundial los otros socios de Gran Bretaña en la aniquilación de su enemigo europeo poco les dejaron a los británicos del saqueo de tecnología y ciencia sobre los laboratorios de los vencidos con la que se beneficiaron soviéticos y norteamericanos.  

En ese sentido la marca BMW significaba mucho para el rechazo de los británicos, porque durante la guerra esta firma teutona fabricaba motores a reacción para los aviones del Reich, mientras las fábricas de las islas seguían produciendo motores de pistón. Es por eso que debe pensarse que los desarrollos tecnológicos usados por James Bond para sus misiones eran en realidad transferencia tecnológica de sus aliados y no de producción propia.  

Después del primer espía, el de Connery, llegaron otros con distinta fortuna y continuidad. Entre otros, Roger Moore, Timothy Dalton y Pierce Brosnan, quienes manejaron sin demasiados cambios los avatares del agente, ya mítico con el transcurso de las décadas y las más de 23 películas –serán 24 si se suma la que está por estrenarse: “Skyfall”- además del martini batido que siempre exigió en sus frecuentes y constantes reuniones sociales.   

El último James Bond, Daniel Craig, tiene diferencias con aquel de la Guerra Fría. Sigue siendo duro, como corresponde para alguien que defiende los intereses de Su Majestad y su frente de alianzas, pero es menos machista y más tierno en lo que hace a su intimidad afectiva. Ahora también debe enfrentar a los enemigos internos del sistema, tal como ocurrió en “Quantum of Solance”, donde debió poner en su sitio a hombres de la CIA que habían extraviado el rumbo. Pero la gran novedad de este 007 contemporáneo es que ahora puede amar a la mujer que lo acompaña e incluso mantener el lazo afectivo, aunque ella ya no esté entre los vivos.  

En síntesis, los escenarios y los enemigos del más famoso agente secreto han tenido cambios y este último personaje que protagoniza Craig enfrenta también amenazas considerables para la hegemonía mundial. Los temas ambientales que hacen temer no sólo a los poderosos sino a toda la humanidad, presentan a un James Bond menos acartonado y que incluso sufre en su físico los efectos de sus peleas de circunstancia. Este nuevo estereotipo ahora se despeina y también lo lastiman (aresprensa).


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