OTRA VEZ GANÓ CHÁVEZ / ACTUALIDAD

Publicado el 08 de octubre de 2012 // 16.00 horas, en Bogotá D.C.

OTRA VEZ GANÓ CHÁVEZ  

Se votó con las vísceras de lado y lado. Se votó con corazón, con hígado y riñones. Aunque hubo razonamiento y tiempo para pensar en el voto por el rechazo o la aceptación de la continuidad del proceso bolivariano que instauró Hugo Chávez en Venezuela, las vísceras fueron más importantes. No podía ser de otra manera en un país profundamente fracturado y en el que las diferencias de porcentaje se dividen casi por mitades, entre aquéllos que idolatran y se inclinan por el presidente en continuidad hacia dos décadas y quienes pretenden cambiar de rumbo, además de considerarse más que adversarios del mandatario a punto de eternizarse. Esto último por encima de las convocatorias a la tranquilidad y la unidad que ambos candidatos vocearon en los últimos días de campaña. El hondo calado de esa fractura ha encontrado alimento en la vocación provocadora hacia el disenso y el enfrentamiento que desde la vertiente oficial se pretende asimilar con una trasnochada lucha de clases que se mantiene vigente en la visión termocéfala de Caracas y de otros gobiernos de región.  

En efecto, en ese tramo final del proceso preelectoral el presidente candidato no acudió casi al insulto de sus rivales, siempre descalificados y objeto de improperios desde todos los ángulos del oficialismo. El rival de turno, ese que unificó a la oposición que demoró muchos años en reponerse del arrollador efecto de la ola chavista, hizo una campaña inteligente y fresca en la que eliminó el equipararse con el verbo hiriente y provocador, lanzado desde las trincheras de eso que se considera “revolucionario”. 

Aunque también es innegable en ese panorama, que el esfuerzo de la administración continúa y ha tocado fibras sensibles de muchos sectores vulnerables de la población que, en la historia del país, olvidaron los sectores tradicionales de las clases dirigentes. Las famosas “misiones” hacia la abundancia de zonas marginales que tiene Venezuela, le permitieron afianzar, con la ayuda de profesionales cubanos, la idea de que existe una voluntad caritativa y salvífica en el Poder Ejecutivo del país y en su equipo de gobierno. 

Es cierto que el resultado de esos encargos de ayuda al más necesitado está cargado de mesianismo y corrupción, además de incoherencias logísticas que le restan eficiencia: son más de cuatro millones los venezolanos que aún carecen de agua potable, por señalar tan solo un indicador de exclusión. Pero el llamado general en el sentido de que votar por Hugo Chávez era “hacerlo por la patria”, en el cual el mensaje excluyente era el eje semántico de la afirmación, tenía mucho que ver con esos olvidados del largo carnaval petrolero previo a la llegada de Chávez y vigente aún en su era en Miraflores.

Vale considerar a la hora de hacer rasero parcial con las cuentas que encuentra Chávez al continuar su mandato, esas que él mismo ha elaborado en 14 años de gobierno, que es mucho lo que se debería hacer en el ciclo que se reedita en el palacio de gobierno. Los índices de pobreza se mantienen en el largo camino de gestión que ha recorrido el presidente al frente de su mandato. En ese proceso que viene se debería tener siempre en cuenta que el asistencialismo afirmado en el flujo petrolero es insostenible en el tiempo,pero ahí seguirá por ahora amarrado a los altos precios del combustible.  

Además, otros índices tales como los de inseguridad están hablando de una turbulencia que requiere de una atención que está más allá del recurso ideológico visceral y, con frecuencia, reaccionario desde la izquierda atrabiliaria y conservadora. La inseguridad ciudadana que campea en Venezuela señala la vigencia de una rampante impunidad y carencia de garantías jurídicas, de la afirmación de mafias en las que anida el negocio internacional del narcotráfico y de un descontrol social que tampoco podrían corregir unas milicias armadas afectas al gobierno y paralelas a las fuerzas legítimas del Estado, que deberían tener la exclusividad del uso de la fuerza.  

Más de 150 mil muertos en estos catorce años de administración chavista no hablan de un promisorio futuro revolucionario sino de una incontrolable descomposición social. A ese panorama desalentador debe sumarse la alta inflación que fagocita y vuelve vulnerables a los salarios, la desinversión privada y la casi exclusiva inversión por parte del Estado. Vale consignar que casi todo el despliegue de lo social está sobre las espaldas de las finanzas públicas y el consecuente déficit fiscal también es un monstruo que crece de manera incontrolable.  

Un 25 por ciento de las empresas productivas venezolanas -que hoy están por debajo del medio millón- han cerrado sus puertas en estos años de gestión del llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Las matrículas mercantiles y de inversión para empresas medianas y pequeñas se siguen restringiendo y nada asegura que la tendencia se revierta en el futuro inmediato.  La misma Cepal ha señalado que en el ejercicio económico vigente para el país, hubo una explosión del gasto público por el destino de recursos para la financiación de vivienda popular, pero sigue adelgazándose “el trabajo industrial y la agricultura”. 

En el mismo marco de referencia, el desvío de más de tres mil millones de dólares anuales para sostener el régimen cubano tampoco le auguran un mejor futuro a la hacienda pública venezolana. Ese erario hasta ahora inagotable es un acucioso aforador de recursos que también carga con similares beneficios para otro régimen, el nicaragüense, que al mismo tiempo aspira a perpetuarse en el poder, tal como lo hace su vecino y protector en la costa Caribe sudamericana.  

La lista de beneficiarios del recurso petrolero venezolano no se agota en esos dos países y nada dice que la continuidad del régimen chavista le pondrá coto a esa sangría constante. Tampoco significa este triunfo repetido de la democracia venezolana que la corrupción construida por la dirigencia de la administración vigente se reduzca a límites menos escandalosos como los que muestra la propia familia presidencial.  

Ésta exhibe además, una aguda adherencia al presupuesto oficial en todas sus líneas de parentesco, pero en especial de hermanos y progenitores que sobrevuelan el estado de Barinas y también se asientan para hacer nuevas fortunas, en empresas petroleras estatales y de tercería para obras de infraestructura. Nada más recurrente de las malas tradiciones políticas de América Latina que excesos como ese que se señala: el nepotismo grotesco.  

La justa electoral cumplida tuvo pendiente y en ascuas al resto de América Latina y de una parte del mundo,  no sólo por el flujo de petrodólares que va a los países de la región bajo distintas formas de inversión y subsidios sino porque la brújula ideológica del Alba, lo mismo que la de Unasur y ahora Mercosur, pasa por Caracas. Un triunfo inesperado de Henrique Capriles Radonski hubiese desestabilizado el mapa geopolítico regional, dada la dependencia de varios regímenes de la zona tanto ante la prodigalidad del gobierno bolivariano como en la “línea” de pensamiento.   

Podría suponerse que el presidente Chávez y su entorno le prestarán ahora atención a ese casi 50 por ciento del electorado que participó de manera masiva en el momento del sufragio y durante todo el debate previo, y que ha hecho público manifiesto de que quiere poner distancias con su modelo. Pero eso es poco probable y se supone que una frase similar al argentino “vamos por todo”, comenzará a operar desde ya o desde enero de 2013. Nada más negativo, si se sigue ese rumbo, para producir la proclamada unidad que exige la oposición. Al respecto, el sesgo ideológico, la estrechez totalizante de esa visión de evocación soviética no auguran nada bueno para el inmediato futuro.  

En la síntesis del proceso que se cerró el 7 de octubre de 2012, la salud del mandatario venezolano -que tiene una dura cuesta de seis años más por delante- es una de las manifestaciones menos democráticas de las muchas que exhibe la actual administración del país. El papel de médico en autorreferencia sólo es aceptable en esa carga de termocefalia y pérdida de las formalidades democráticas, que pone a Hugo Chávez a contrapelo de cualquier jefe de Estado en el mundo moderno.  

Esa es la imagen de un folclorismo trágico que le pone puntos suspensivos al futuro de la marcha de Venezuela, en lo que hace a estabilidad institucional. Si las circunstancias no fuesen coherentes con la exhibición de fortaleza que hizo durante la campaña, el hecho en sí mismo de la falta de información sobre la salud del jefe del Estado, no sería folclórico sino, en lo histórico, de irresponsabilidad absoluta. Pero ya se sabe que la irresponsabilidad absoluta, a veces con adenda trágica, es uno de los signos distintivos del populismo latinoamericano que se llama a sí mismo “revolucionario” (aresprensa). 


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