JORGE LANATA: DÉSPOTAS CONTRA LIBERTAD DE EXPRESIÓN / ACTUALIDAD

Publicado el 17 de octubre de 2012 // 20.30 horas, en Bogotá D.C.

JORGE LANATA: DÉSPOTAS CONTRA LIBERTAD DE EXPRESIÓN 

Una mentira repetida por los mentirosos ya no tiene ocasión de ser cierta. Sobre todo, si los que mienten lo hacen desde el poder siempre se les creerá menos. Es como la ley de la gravedad y aunque repitan la mentira mil veces ya no es el tiempo en que la falsedad reiterada tenga opción de convertirse en verdad. La falacia reiterada y cargada de despotismo, siempre pesará más y condenará a quienes la espetan. El reciente ataque y vejaciones al periodista argentino Jorge Lanata, tanto a la entrada como a la salida de Venezuela, es una evidencia de las operaciones del “vamos por todo” que hace un año y a poco de su victoria reeleccionista, lanzó Cristina Fernández desde Rosario. Ir por todo es todo: la justicia, los medios de comunicación, la libertad de expresión, los bolsillos de la gente y la prolongación de la prédica de un paraíso en la tierra de los dirigentes mesiánicos que se enriquecen y son déspotas de todo despotismo. Eso son Cristina Fernández y Hugo Chávez, en plan explícito de perpetuarse en la cabeza de sus gobiernos y profundizar tanto el asistencialismo como el acotamiento de las libertades y las redes de corrupción, en nombre de la democracia. Vaya contradicción y pérdida de horizontes republicanos. En síntesis: de pérdida de democracia.  

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

El ataque al periodista argentino Jorge Lanata en el aeropuerto de Caracas fue desmentido en Buenos Aires por escribas y allegados a la Casa Rosada. Fue puesto en duda por los mentirosos que niegan las cifras de inflación, niegan los altos índices de inseguridad y niegan la vetustez de un sistema de transportes que produce muertos a los que no pueden negar. Son los que también niegan su obsceno enriquecimiento desde la función pública. 

La connivencia delictiva convertida en razón de Estado está haciendo carrera en ciertos países del subcontinente: Venezuela y Argentina entre ellos. Ambos gobiernos y varios de sus niveles administrativos y funcionarios se coordinaron para el maltrato y la intención de censura y conculcación a la libertad de expresión, en el caso de Jorge Lanata, en la sumatoria de acciones arbitrarias y de atropello a los ciudadanos comunes que acumulan ambas administraciones.  

Uno de los cómplices de la cadena exabruptos antidemocráticos fue el embajador argentino en Caracas, Carlos Cheppi. Un personaje a quien también se le considera cómplice de negociados de funcionarios del gobierno argentino, en hilos paralelos con las relaciones oficiales,para “aceitar” exportaciones desde el Cono Sur al país caribeño y facilitar negocios petroleros, mezclados con intereses personales. 

Un escandaloso tráfico con redes en lo más alto de la administración de Buenos Aires, aún bajo investigación de la justicia argentina y en impunidad, a cuya cabeza se ha señalado de manera reiterada al ministro Julio de Vido, entre otros, actual titular de Planificación Federal de Cristina Fernández. Todas estas articulaciones no son nuevas: Cheppi aparece vinculado también aunque de manera indirecta al caso de la famosa valija oscura  del venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson, quien llevaba una suma de dinero en negro -casi un millón de dólares- para sostener la campaña presidencial de Cristina Fernández, en el año 2007. 

Los inculpados de estos hechos no solo niegan lo evidente en el vejatorio incidente contra Jorge Lanata, sino que huyen hacia adelante con el manido recurso de diluir su culpa señalando a supuestos complots, planes golpistas y “conjuras” del imperialismo, o descalificando la cada vez más cerval oposición al estilo de manejo de su gobierno, por parte de Cristina Fernández, ganada con mucho mérito por la presidenta. 

Oposición que no es gratuita pero que es esencial para un país serio y democrático, tal como lo es la libertad de expresión, pero que molesta demasiado tanto a los gorilas de Hugo Chávez -esos que atropellaron a Lanata y sus compañeros de trabajo- como a los de Cristina Fernández. Es el neogorilismo que enarbolan estos gobiernos que se autoasignan la misión revolucionaria.  

Lo que resulta evidente es que el despótico ataque a Jorge Lanata es otra estrella negra del avance autoritario de los gobiernos de Buenos Aires y Caracas, en la conculcación del derecho fundamental y democrático de libertad de expresión. El gobierno de Hugo Chávez ya ha dado muestras suficientes de vocación totalitaria a despecho de sus declaraciones de 1998 y antes de asumir su primera presidencia, en el sentido de que no se avanzaría en el sometimiento a los medios de comunicación que presentasen una visión diferente del rumbo del país al que ha sostenido desde entonces el Palacio de Miraflores.  

La cesación de los permisos de cadenas de radio y televisión para el uso del espectro electromagnético y la cada vez mayor presencia de una voz única, la del Estado, han desmentido de manera reiterada el engaño inicial lanzado al mundo por el eterno teniente coronel, en ejercicio de la presidencia venezolana. Algo similar a lo que en la Argentina se está ejecutando con la amenazante ley de medios y la intención de disolver el pool de medios del grupo Clarín. 

El escándalo continental por el recorte de libertades, entre ellas la de expresión, que hacen avanzar en paralelo ambos gobiernos los torna cada vez más impresentables en el plano internacional. En la Argentina no es extraño que algo así suceda, si se recuerda que el director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y un “intelectual” genuflexo del gobierno, José Pablo Feinmann, pretendieron vetar en el año 2011 la presencia del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en la Feria del Libro de Buenos Aires (aresprensa).   


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