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IRRESPONSABILIDAD DE UN PRESIDENTE / ACTUALIDAD

Publicado el 31 de diciembre de 2012 / 08.10 horas en Bogotá D.C.

IRRESPONSABILIDAD DE UN PRESIDENTE* 

La suerte de Hugo Chávez mantiene en ascuas a todo el continente. El infortunio y la deriva en la grave enfermedad que lo aqueja desde 2011 entró en una etapa en la que es mejor ser realista, antes que exponerse con un optimismo mediático y cínico como el que emiten los funcionarios de micrófono o atril y reemplazantes del primer magistrado, desde el Palacio de Miraflores. Cualquiera que sea el desenlace en la suerte de un ser humano que padece lo que el presidente venezolano padece, aun cuando en la circunstancia no debería importar cuál sea su relevancia social o política, debe hacer reflexionar en sentido positivo y mantener el anhelo por una recuperación que, no obstante, parece poco probable. Lo cierto es que una desaparición de Chávez de la escena latinoamericana plantea más aprensiones que las que ha creado durante su largo mandato. Menos enfáticos que sus voceros inmediatos y de la militancia numerosa que lo ha seguido, lo sigue y alienta en la región, lo cierto es que deben señalarse de manera crítica los puntos ciegos en el manejo que se dio a esta imprevista situación y sus consecuencias de pésimo pronóstico.  No es bueno que se vaya Chávez de su espacio político e influencia en la coyuntura que no se ve floreciente para Venezuela ni para sus vecinos de patio. Pero es menos bueno el horizonte que ha tejido él mismo con su manejo unipersonal del Estado, su propia irresponsabilidad cargada de ideología y la de una dirigencia subalterna que no atina ni puede hacer cábalas sobre el futuro del país que le acaba de ratificar un mandato.  

Una desaparición física de Chávez golpearía un proceso positivo por la paz elusiva para Colombia –mucho más elusiva durante parte de su mandato- que entraría en un cono de sombras proyectado sobre la escena y las presuntas negociaciones que tienen por escenario a La Habana. Una inflación galopante, la más alta del mundo, no ha repercutido aún en la inquietud de los venezolanos, en buena medida por las expectativas que ha seguido generando su figura, mientras se agrieta la economía, el abastecimiento y siguen huyendo las inversiones probables. El precio del petróleo se mantiene en un prudente buen precio y en esa lotería se apunta el despilfarro que apuntala ese fenómeno político que ha sido el llamado “chavismo”, que ha dominado durante tres lustros la escena venezolana y la de su entorno continental

Es cierto que en la parte positiva la inclusión aún inestable de gruesos sectores de la población ha sido una bofetada a esa también irresponsable dirigencia política histórica del país que nunca aprovechó la larga bonanza petrolera para hacer lo que Hugo Chávez hizo después, en una suerte de peronismo y castrismo a destiempo, con esos mismos recursos de hidrocarburos que no han dejado de fluir en forma de dádiva y subsidios sin contraprestación, salvo electoral, a los menos favorecidos. Esto incluso a sabiendas de que el cliente tradicional, los Estados Unidos, se encamina al autoabastecimiento abriendo parte de sus reservas y con el apoyo de Canadá y México, en la encrucijada energética que incluye los riesgos del inestable Medio Oriente.  

Pero el punto de inflexión que es el agravamiento del cuadro de salud del mandatario venezolano y la exigencia de pensar en su sucesión y en la probable inestabilidad inicial del proceso que inició hace más de una década y media en su país, con marcada influencia en el entorno cercano y mundial, exige de nuevas aclaraciones que no son nuevas por las circunstancias sino por la permanente reiteración. El tema de las condiciones y habilidad del presidente venezolano para gobernar, se ha manejado como voluntad política y personal o familiar, no como un problema de Estado, lo que le ha restado peso institucional a todo el proceso de la dolencia presidencial y valor en lo que hace a la seriedad de una situación de suyo demasiado seria

Un vicepresidente en ejercicio jamás podría reemplazar el diagnóstico que al respecto deberían anunciar los médicos y no un sindicalista venido a más en el ejercicio temporal de la primera magistratura. Esto parece un chiste absurdo y literario de un país tropical, en el cual el destino se orienta con estentóreos discursos y anatemas contra quienes piden sindéresis en la información sobre los riesgos vitales del presidente y reciben como respuesta la descalificación permanente, basados en pancartas ideológicas que jamás podrían reemplazar el veredicto de un dictamen de profesionales de la medicina.  

Algo va de la prudencia que muestra el gobierno colombiano en lo que hace a la salud de su primer mandatario y ese circo en que se ha transformado la difícil circunstancia por la que atraviesa el gobierno de Caracas. El mínimo sentido común  aconsejaría al círculo político del señor Hugo Chávez otra forma de manejo de la situación, vista la deriva que han tomado los acontecimientos aunque, claro, apelar a la racionalidad es pedir demasiado a la dirigencia de fanáticos iluminados del “neogorilismo” de ese sector de las izquierdas latinoamericanas.  

Resulta  entonces, que ese cuadro de situación es lo que reeligieron y ratificaron hace pocas semanas los venezolanos y eso es lo que aparece y seguirá apareciendo ante sus ojos y también los del mundo, en un espectáculo que resultaría cómico si no estuviese atravesado por la tragedia que rodea el sino actual del presidente Hugo Chávez y su tremenda irresponsabilidad histórica en la que le acompañan sus propios seguidores en la máxima función pública de un país que merecería un destino más amable (aresprensa).

EL EDITOR

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* La columna Doxa expresa la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES  


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