BENEDICTO XVI: INQUIETANTE Y SUGESTIVA RENUNCIA / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 11 de febrero de 2013 // 22.05 horas, en Bogotá D.C.

BENEDICTO XVI: INQUIETANTE Y SUGESTIVA RENUNCIA* 

El último Papa había dimitido a principios del siglo XV, en una cristiandad que se agitaba en la anarquía, la condena aún soterrada por ese entonces a la vida mundana de Roma y en las décadas previas a la gran rebelión y cisma que se inició en Alemania -con antecedentes en la Praga de Jan Hus- que fue la Reforma Protestante de Martín Lutero y de aquéllos que siguieron esa senda impugnadora al Papa. Es por eso que no puede decirse que el paso al costado de un Papa sea algo común. No lo es y es por eso que inquieta la salida del puesto que delegó San Pedro como mártir, por decir lo menos. Las contingencias del tiempo presente no son una presión suficiente como para pensar que un Papa resigne su ministerio y las otras presiones, las internas, son tan misteriosas como poderosas y tanto o más inquietantes que las externas

Empero, aunque siempre se dijo que era de transición la gestión al frente de la misión pastoral del jefe de la cristiandad en este inicio de milenio, nadie podía esperar aunque se intuyese, que un Papa en vida se retirase de su cargo. El mundo ha respetado la decisión de Benedicto XVI y no podía ser de otra manera, pero los llamados a la tranquilidad por la circunstancia no impiden que el rédito anímico por la decisión intempestiva del monarca espiritual de Roma, deje un halo de estupefacción

La situación del mundo para nada es tranquila y se espera siempre de la guía romana el aliento y la fortaleza de señalar al mundo los caminos que conducen a la paz y al entendimiento entre los hombres. Eso es, precisamente, lo que está en riesgo y en equilibrio inestable por coyunturas que no maneja Roma pero sobre las que siempre tendrá formas de incidencia. La sola sombra del terrorismo que sigue amenazando a Europa y a otras partes del mundo, las desigualdades desafiantes y las exclusiones que cruzan las sociedades modernas, ponen a Roma en encrucijadas en las que la mano de su principal pastor es un aliciente para no perder la esperanza de encontrar salidas a situaciones que parecen no tenerla.   

Pero incluso los mismos problemas internos de El Vaticano exigen una mano fuerte que este mismo Papa, en retiro con apariencia de decisión voluntaria, parece no ser suficiente para poner las cosas en su lugar. Empero, Benedicto comenzó a corregir el extendido escándalo de la pederastia entre sus hombres de fe, de la misma manera como empezó una corrección a las finanzas y las formas de manejo de éstas, corroídas por el descrédito y los escándalos de décadas, que dejaban la sensación de un manejo poco menos que mafioso entre aquéllos que estaban comprometidos con la riqueza de la Iglesia y con su manejo 

Si bien varios de sus antecesores en ministerio frustrado, hace muchos siglos, se alejaron de la misión para evitar el cisma, eso no estaba presente en estas circunstancias para su Pontificado. En todo caso, el riesgo de división que se presumía planteaba la evocada Teología de la Liberación fue aventado por su predecesor de manera enérgica y sólo quedó en pie de aquel edificio retórico e impugnador el verbo inflamado de algunos seguidores civiles y militares en retiro, en plan de dictadores de menor cuantía en la mayor cantera humana de la Iglesia: América Latina 

Pero la labor de Benedicto en corregir el rumbo de sus fieles, en particular en los círculos cercanos al Vaticano es una labor inconclusa y con un largo camino por recorrer. Eso es, precisamente, uno de los factores que acechan hoy desde los círculos herméticos de ese poder y nunca han dejado de hacerlo. En una época en la que es difícil mantener sellados los accesos a las claves de los rituales y circuitos desde los que se toman las decisiones, la tarea del próximo Papa será mantener ese ejercicio al tiempo de bloqueo y de apertura a aquello que le resta imagen y fieles a la Iglesia en todo el mundo. 

En una época en que la profunda y más dinámica secularización que parece seguir descomponiendo todo aquello que aún parecía estable –evidencia de que continúa aquel fenómeno moderno de disolver en el aire todo lo que aparenta solidez- no deja de ser inquietante el rumbo que tomará la Iglesia. En especial ante un hecho perturbador para su propia estabilidad, como lo es el alejamiento en vida de este cardenal alemán que llegó al trono de San Pedro por un cruce de circunstancias y con una edad ya avanzada

Benedicto llegó a ese sitial no para cambiar lo que estaba sino para preservar lo que como herencia dejó su predecesor inmediato y que para la Iglesia era necesario mantener. Eso fue lo que hizo con bastante éxito, mucho más del que se esperaba en su misión de transición. Pero lo más inquietante en las luchas de poder interno de ese pequeño Estado que comparte espacio con la ciudad de Roma, es que incluso después de su renuncia y retiro definitivo, hechos ante la única autoridad del Espíritu Santo, como reza en la normatividad de El Vaticano, todo Papa lo sigue siendo hasta su muerte (aresprensa)

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* La columna Doxa fija la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES


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