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TRIUNFÓ CORREA, EL NUEVO CHÁVEZ / ACTUALIDAD

Publicado el 18 de febrero de 2013 // 16.15 horas, en Bogotá D.C.

TRIUNFÓ CORREA, EL NUEVO CHÁVEZ 

Fue más que una predicción este triunfo del mandatario ecuatoriano. Incluso no pocos que nada tienen que ver con el socialismo del siglo XXI apostaron a que era mejor un triunfo de uno más de este grupo de mandatarios, entre folclóricos y déspotas, que mayores incertidumbres y manifestaciones políticas de imaginario bananero, propias de países tercermundistas, similares a las que afronta y se desarrollan en esa incógnita que es hoy Venezuela. Esta nueva victoria de Rafael Correa se obtuvo ante una oposición fragmentada e impotente y se inscribe en la seguidilla de apuestas acertadas que en lo electoral han tenido en tiempos recientes sus colegas cercanos en proyectos ideológicos: Hugo Chávez, el nicaragüense Daniel Ortega y también la apenas distante Cristina Fernández. En ese llavero faltó México, pero nadie sabe hasta cuándo

El presidente que seguirá en el Palacio de Carondelet se mantiene por una mezcla de innegable populismo típico latinoamericano, con todas sus rémoras, inflamados discursos e inflación de esperanzas. También, con una fuerte inversión social que deriva en marcadas críticas, por su vocación de ayuda en subsidios para combatir la pobreza, que en el largo plazo tienden a mantenerla, y la corrupción que en esa manera de vínculo se genera, tanto en quienes conceden ayuda con largueza como en no pocos de quienes la reciben. Aunque, claro está, siempre ese sistema compromete con rigor a la hacienda pública, pero genera dividendos políticos directos tal como se ha visto en el muestrario referido y también se ve ahora, en este episodio electoral que ratifica la presencia de Correa al frente del Ecuador.  

Ecuador es un pequeño país en el centro de Sudamérica, que se ha visto vigorizado por varias bonanzas con las que se aspira a poner distancias con los Estados Unidos. Este último es el sino distintivo de un gobierno de fuste contestatario, tal como lo es el de nuevo victorioso ciclo del gobierno andino que se administra desde Quito. El Ecuador abrió bajo la conducción de Correa recientes vínculos con el Asia, a través de convenios con China que le aseguran el aporte de tecnología y equipos, además de la rápida colocación de productos primarios, entre los cuales los hidrocarburos son parte principal del paquete. Se apartó de la colaboración militar con los Estados Unidos y articuló, al igual como lo hicieron algunos de sus vecinos, una extraña relación con Irán en la que siguen siendo poco claros sus derroteros futuros, aunque sí es certero que nada de esto alegra a su poderoso vecino norteamericano 

Los puntos esquivos y grises de la administración de Rafael Correa parecen no haber hecho mella en su popularidad y la contundencia de su victoria, apenas concretada en la víspera. Aquella mirada de amenaza sobre el colombiano Álvaro Uribe en Santo Domingo, hace 5 años,  no es demasiado diferente de la que prodiga a sus opositores. Acciones judiciales contra sus críticos políticos y persecución verbal o administrativa, represión velada o abierta a la prensa del país, tanto sobre las empresas como a normales periodistas de brega, lo igualan y acercan con los vecinos de patio que han radicalizado su despotismo contra los opositores, así como lo hace  gobierno argentino, por citar sólo un ejemplo

Pero el aspecto más opaco de su administración es aquél que lo ha vinculado de manera reiterada con un sordo apoyo a grupos ilegales que combaten al estado colombiano y que generó la persecución “en caliente” dentro de territorio ecuatoriano del cabecilla, alias Raúl Reyes. Esa acción militar que lo puso fuera de combate junto con algunos terroristas, tanto colombianos como de otros países que se encontraban dentro del campamento donde fue abatido el jefe subversivo, puso entre los palos a Correa. Esto aunque él alegó siempre inocencia y desconocimiento del importante y permanente puesto de mando que tenía el cabecilla irregular en suelo ecuatoriano.  

Los computadores que se capturaron en esa audaz operación militar de hace casi un lustro, dieron claves al respecto y son testimonios escritos que guarda bajo su custodia el presidente Juan Manuel Santos, como amenaza implícita tanto para Rafael Correa como para otros presidentes del entorno, en la “Real Politik” que mantiene el gobierno de Bogotá con aquéllos de sus vecinos que muestran una actitud lábil ante las presiones de las oscuras fuerzas colombianas que operan con armas y al margen de la ley 

Pero quizá lo más importante de este fenómeno electoral que se cerró en Ecuador, es que su conductor, el reelecto presidente Rafael Correa, sigue afinando su imagen y proyección exitosa para tomar la posta que va dejando en aparente y dolorosa agonía, el presidente venezolano Hugo Chávez. Esa tendencia de reivindicación social y confrontación ideológica que campea en el continente aparece hoy con un vacío, el que está dejando el caudillo de Caracas

Correa ha sido el reemplazo natural de Chávez en esa tendencia maximalista, ante una circunstancia sobreviniente como la que aqueja al venezolano y en contraposición a la cerrazón que al respecto mantiene el entorno que de facto gobierna desde el Palacio de Miraflores. En el comienzo, y antes del ascenso de la estrella del presidente Chávez, fue el ecuatoriano el hombre que desde La Habana fue señalado como el continuador de aquello que propusieron los herederos de los hombres barbados que bajaron en 1959 de la Sierra Maestra, con fusiles terciados.  

Los pergaminos académicos de primer nivel de Correa, lo hacían el adelantado ideal para extender por la vía democrática en Sudamérica un credo inicial que no cuajó por la vía de las armas. Eso, junto con su compromiso ideológico y juventud, le significaban a Correa puntos suficientes para una misión que lo comprometía en un cruce del caprichoso hilo histórico que siguieron quienes han pretendieron en el siglo XX revolucionar al continente. Pero por esa misma circunstancia de lo no controlable en el destino de los hombres del destino, se cruzó Hugo Chávez, su riqueza petrolera y la posición estratégica de su país. Aquella evolución inesperadatraza de nuevo un giro en el aire, en dirección a Quito (aresprensa).                       


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