UN MUNDO AL REVÉS: COMBUSTIBLES O ALIMENTOS / ACTUALIDAD

Publicado el 27 de febrero de 2013 // 12.30 horas, en Bogotá D.C.

UN MUNDO AL REVÉS: COMBUSTIBLES O ALIMENTOS 

En virtud de una mirada holística de los graves problemas globales,  vale la pena seguir insistiendo en el debate académico acerca de dos de las necesidades humanas por satisfacer,  que hoy se ven contrapuestas: la de energía renovable, y la de alimentación, como prerrogativa de subsistencia. Los impactos sobre la satisfacción de estas necesidades están todos interrelacionados: la falta de alimentos, la escasez de energía para las máquinas y la crisis del medio ambiente. La degradación de este último, provocada por los procesos de contaminación y explotación irracional de los recursos naturales, atenta contra ello, provocando que millones de seres humanos no hayan tenido posibilidad de acceder a la satisfacción de estas necesidades básicas. 

Escribe: René VALERA

Es necesario garantizar la suficiencia alimentaria, entendida como el acceso de la población a los recursos alimenticios de manera suficiente, segura y asequible para satisfacer sus necesidades de subsistencia, la cual se ve amenazada por múltiples factores, dentro de los cuales se encuentra la variabilidad climática, expresada en  el cambio del régimen de lluvias. Si, por un lado, se requiere de una revolución energética, que implica cambios tecnológicos a la par que de hábitos de consumo; no menos importante es investigar e implementar estrategias que tomen en cuenta la interacción entre los nutrientes, el suelo, el agua, la luz, la temperatura y las plantas, todo lo cual repercute en el sostén alimentario de la población mundial

Si en la actualidad el hambre sigue siendo un flagelo en el mundo, hacia el futuro inmediato  éste se verá seriamente acrecentado por la expansión de la superficie sembrada para la producción agroenergética. La oferta de agrocombustibles tendrá que proceder necesariamente de la periferia pobre, pues los Estados Unidos o la Unión Europea no cuentan con  tierras disponibles para sostener al mismo tiempo un aumento de la producción de alimentos y una expansión en la producción de agroenergéticos. Pero sí están en condiciones de financiar la producción de biocombustibles y adquirir a cualquier precio los  alimentos disponibles en el mercado mundial

En las reflexiones que hacen C. Ford Runge y Benjamin Senauer, académicos de la Universidad de Minnesota, se sostiene que en los Estados Unidos el crecimiento de la industria del agrocombustible ha dado lugar a incrementos no sólo en los precios del maíz, las semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de los cultivos de otros productos que al parecer no guardan relación. Está pasando que la tierra dedicada al cultivo del maíz con fines energéticos, está reduciendo el área destinada a otros cultivos.  

Por otro lado, sostienen estos autores que el aumento de los precios de los alimentos  está afectando  las industrias ganaderas y avícolas. Y alertan de que los efectos más devastadores de la subida del precio de los alimentos se sentirán especialmente en los países del Tercer Mundo. Significa que habrá un encarecimiento de los alimentos y el consecuente agravamiento de la situación social de estos países

Esto trae por precipitación y de inmediato a la memoria una canción de la infancia que dice: “me dijeron que en el reino del revés  nadie baila con los pies,  que un ladrón es vigilante y otro es juez, y que dos y dos son tres. Vamos a ver cómo es el reino del revés”. Una aporía del desarrollo que hasta el momento aparece sin solución a la vista y con una tendencia sin freno hacia una pared.  

Los biocombustibles no son, como se afirma en algunos casos, una fuente de energía renovable, pues dependen de la disponibilidad de agua y de la fertilidad de los suelos; y estos últimos se ven cada vez más afectados por el cambio climático a nivel global. La propuesta de la producción de  los agrocombustibles, como búsqueda desesperada de alternativas de energía, que no cabe dudas es necesaria, se convierte en algo paradójicamente inviable, por sus nefastas consecuencias de sostenibilidad alimentaria para este mundo.  

Con la idea de convertir los alimentos en combustible se corre el riesgo de que la civilización desaparezca. Cualesquiera sean las medidas emergentes a tomar, hay algo que no podemos comprometer: la condición humana debe ser no sólo preservada, sino mejorada. Ese es hoy el principal desafío (aresprensa)

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* René Valera Sierra es Ph.D. en Pedagogía, de la Universidad de La Habana. 


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