MALVINAS: REFERENDUM EQUÍVOCO / ACTUALIDAD / DOXA

Publicado el 12 de marzo de 2013 // 15.50 horas en Bogotá D.C.

MALVINAS: REFERENDUM EQUÍVOCO* 

En un nuevo paso del gobierno británico para poner distancias no sólo con la Argentina, sino con toda América Latina, se celebró en las Islas Malvinas un referendum para que sus escasos tres mil habitantes ratifiquen eso, que son británicos. Esto con la intención de mantener el estatus colonial, ahora enmascarado con la insólita consulta, que pesa sobre las islas desde hace casi doscientos años. Desde 1833, cuando el gobierno de Londres desalojó a la administrativa presencia argentina, como legítima heredera del uti possidetis español, y se estableció por la fuerza en el Archipiélago. Un reclamo permanente a partir de entonces y que, no obstante el enfrentamiento armado en el último tramo del siglo XX, no ha hecho desistir a los europeos en su dura porfía, la cual  mantiene tanto una ominosa situación jurídica como la amenaza e inseguridad a todo el Atlántico Sur y por extensión al resto de Suramérica

Ya Europa ha reconocido la condición de territorio insular europeo a las islas y eso profundiza el desafío para la región afectada. En efecto y como bien supone el gobierno de la potencia ocupante de las lejanas islas, la situación mantiene latente una condición de potencial casus belli, debido a que la caída de las tropas y guarnición argentina en los episodios acaecidos entre abril y junio de 1982 no han quedado definitivamente cerrados

La rendición de la guarnición argentina el 14 de junio de 1982, no fue incondicional. Esto, más allá de la constante invocación a la paz de las autoridades de Buenos Aires y al hecho concreto del desmantelamiento que se ha realizado en los últimos 30 años de la capacidad ofensiva y disposición eventual para la lucha de las fuerzas armadas argentinas 

La medida británica en lo que hace a la condición de los residentes en las islas disputadas y ratificadas con el mencionado referendum, pretende por un lado desconocer y apartarse del constante llamado de las Naciones Unidas, en el sentido de disolver la condición colonial que ejerce en la región y, por el otro, avisar a los argentinos y latinoamericanos que no se retirará de la zona. Además, que se distancia de aceptar cualquier forma en que se le presente la bicentenaria exigencia de cambio de soberanía y el estatus del territorio ocupado, en tanto que se ha reforzado la presencia militar británica en las islas y ello representa una amenaza constante sobre la Patagonia tanto argentina como chilena 

La situación que se presenta en la coyuntura no es fácil, ni para los británicos ni para los argentinos y el futuro ante el nuevo paso endurecerá las posiciones y mantendrá las sombras y los riesgos. También es cierto que la Argentina no está en condiciones de forzar la relación en su favor de las vigentes condiciones asimétricas en que está su histórico reclamo. Ni los sucesivos gobiernos posteriores a 1982, ya en democracia, han atinado en una política de Estado coherente con sus pretensiones ni tampoco tienen mucho para ofrecer o siquiera para suponer que los habitantes de Malvinas vean con otra disposición diferente al rechazo un cambio del vigente estadio colonial, que se disfraza con el acto del referendum que no fue supervisado por las Naciones Unidas. 

Es ahí donde está la trampa de la alambicada argumentación dialéctica a favor de la consulta realizada. La errática conducción argentina en su política tanto exterior como interior, el escaso crédito internacional a las realidades e intenciones de Buenos Aires, sus incoherencias e inconsistencia como regularidad política y la constante amenaza a sus instituciones, estabilidad económica y a la misma democracia, debilitan la legitimidad del gobierno en la reiterada demanda argentina. La comunidad internacional seguirá viendo razonable, al menos de manera parcial, la vertical actitud de los ricos malvinenses de habla inglesa frente a los curiosos saltos de trapecio de los diferentes gobiernos de Buenos Aires. En especial, los que genera en la actualidad y de manera constante la administración que desorienta la señora Cristina Fernández. 

La reciente disposición permeable de Buenos Aires a las intenciones iraníes de salvar su responsabilidad en los ataques a un símbolo de la comunidad judía en Buenos Aires como la AMIA y a la misma embajada de Israel, ambos hechos terroristas ocurridos hace casi dos décadas, poco favorecen la opinión internacional hacia las razones argentinas. Esto, cuando en realidad lo que se plantea hacia el futuro mediato no es siquiera el posible cambio de jurisdicción sobre las islas en disputa sino las amenazas solapadas sobre la Antártida, la Patagonia de Argentina y de Chile y la propia existencia del estado israelí, amenazado precisamente por Irán y por los países que rodean al actual territorio hebreo en el Medio Oriente. Un juego de ajedrez de largo plazo en el cual la coyuntura no favorece a los reclamantes argentinos, en parte por culpa de los mismos argentinos (aresprensa)

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* La columna Doxa expresa la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES         


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