JULIO A. ROCA Y EL HAMPA REVISIONISTA / ACTUALIDAD 

Publicado el 12 de marzo // 16.40 horas, en Bogotá D.C.

JULIO A. ROCA Y EL HAMPA REVISIONISTA 

El hampa es elusiva por naturaleza y en América Latina uno de sus disfraces es la pretensión reivindicatoria y revisionista. Eso se observa hoy en la Argentina con el cuestionamiento a la figura del general Julio Argentino Roca, entre otros hechos no menos protuberantes y disparatados que ocurren en ese país, no pocos de ellos estimulados desde las esferas del Estado. Ese fue el hombre, Roca, que en el último segmento del siglo XIX hizo posible la incorporación definitiva de la Patagonia, entre la cordillera del Oeste que la separa del territorio de Chile y las costas del Océano Atlántico. El territorio era pretendido por el país trasandino y la intención contaba para la época con la aceptación implícita en tal sentido de las escasas pero importantes tribus tehuelches, ranqueles y mapuches que lo habitaban desde tiempos ancestrales. 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Un giro inesperado de la historia y el sentido de la oportunidad hicieron que Roca, con órdenes de Buenos Aires, avanzara sobre el territorio y lo incorporase, cesando con el vecino la disputa parcial sobre su soberanía. La Argentina aprovechó el hecho de que Chile se encontraba envuelto en la Guerra del Pacífico, contra Perú y Bolivia, para ejecutar lo que se llamó “Campaña del Desierto”.  

Pero cabe señalar que cuando la flota chilena desembarcó las tropas del general Manuel Baquedano en Antofagasta, había estado esperando órdenes previas para dar la vuelta el estrecho de Magallanes y ocupar la Patagonia que poco después vio a los hombres de Roca avanzar sobre el amplio espacio. Incluso el capitán Arturo Prat, muerto al mando de la fragata Esmeralda en combate naval con buques peruanos, frente a Iquique,  había estado poco antes del inicio de la guerra haciendo inteligencia en el territorio patagónico que hoy es la provincia de Santa Cruz, en preparación de lo que entonces era la próxima invasión a ese territorio “desierto”, por parte de Chile para ejercer su soberanía sobre toda la región patagónica.  

La flota chilena había estado estacionada en Lota esperando la decisión del presidente Aníbal Pinto de navegar hacia la Patagonia con costas sobre el Atlántico, cuando recibió el sorpresivo mandato de trasladarse a la costa boliviana, sobre Antofagasta, para afrontar la situación que se había presentado en las salitreras del norte, sobre el desierto de Atacama. Para la época, Argentina no tenía en la práctica fuerza naval y hubiese sido para Chile un paseo militar cumplir con su objetivo estratégico de asomarse al Atlántico, anticipado en 1848 con la fundación de Punta Arenas, sobre el estrecho de Magallanes

El cumplimiento de ese objetivo inicial por parte de Santiago, le hubiese permitido al angosto país tener una extensa retaguardia geográfica y manejar los peligros que siempre han amenazado su integridad territorial y la propia existencia como país. Hoy el ignorante encono que se propicia desde la propia Casa Rosada hace caso omiso de esos detalles que se debieran tener en cuenta y alienta al desconocimiento de hechos históricos contundentes como los señalados

A fines del año pasado, en Bariloche, los integrantes de un llamado “Movimiento 1 de Mayo” realizaron una frustrada intentona de derribar una estatua de Roca en el Centro Cívico de Bariloche, plena Patagonia Argentina sobre la cordillera que comparte con Chile. Ese punto sobre del oeste argentino, hoy centro de turismo internacional, fue parte del área que recuperó Roca para la soberanía de Buenos Aires.  

Aquella campaña al desierto, hoy cuestionada por la inconciencia política e histórica de los militantes revisionistas, no sólo evitaron que la Patagonia quedaran bajo duda en lo que hace al ejercicio de la soberanía rioplatense, poniendo algo de equilibrio al desmembramiento que había sufrido Buenos Aires en la guerra de independencia y en las convulsiones que le siguieron durante casi todo el siglo XIX,  sino que le pusieron límite a las ambiciones sobre el territorio patagónico que también en ese tiempo existían por parte de los europeos

 Amenazas que se proyectaban incluso desde las islas Malvinas, ocupadas desde 1833 por Gran Bretaña. Un proceso geopolítico que aún no se ha cerrado y que los británicos se empeñan en mantener, claro está, con la ayuda ciega de estos contestatarios tercermundistas que cometen delitos, se apegan a ellos como acción impugnadora del orden institucional, y que niegan a Julio Argentino Roca, suponiendo que Néstor Kirchner sí es un prócer respetable y su régimen, que continúa, les garantiza sus acciones delictivas (aresprensa).


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