DROGAS Y PAZ: EL AHOGADO NO ESTÁ RÍO ARRIBA / LA TERCERA OREJA / LOM

Publicado el 29 de abril de 2013 / 20.35 horas, en Bogotá D.C.

 

Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja 

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.


    
  • Todo aquél que reniega de la fe debería someterse a una cirugía para ser un verdadero apróstata.

DROGAS: EL AHOGADO NO ESTÁ RÍO ARRIBA*

En las conversaciones de la Habana, parece que mientras el Estado busca la terminación del conflicto, las Farc procuran tomarse el poder desde la mesa. Es decir, mediante la  “revolución por decreto”, distinta a la pretensión que les fue esquiva por la vía de las armas. En este otro pulso, el único perdedor debería ser el grupo armado. Dicho de otro modo, al Estado le bastaría para dar fin al conflicto, atacar en forma decidida el núcleo duro y transversal de todas las amenazas internas, sobre el que se apoya la movilidad y vida de la organización violenta: el narcotráfico y los cultivos ilícitos.  Para hacerlo, el Estado ya cuenta con la normatividad y los recursos necesarios.

Para empezar, el centro de gravedad de estos ilícitos es tan frágil como lo es de sorprendente la sencillez de la estrategia para destruirlo. Veamos: el  narcotráfico más que un problema de salud y de moralidad, es un negocio y como tal obedece a las leyes del mercado. En otras palabras, si se disminuye la oferta de insumos elementales para su procesamiento, se afectarían los costos de producción de la base de coca, materia prima a su vez del  clorhidrato de cocaína y el eslabón más vulnerable de la cadena del narcotráfico.

Como es sabido, los violentos se financian del narcotráfico y éste, en últimas, depende de la pasta básica de coca, elemento que no se puede elaborar sin las hojas del arbusto que es la materia prima. Éstas son luego picadas y procesadas con otros insumos, entre ellos los imprescindibles 35 galones de gasolina, petróleo o ACPM, por cada kilo procesado. Éstos son los insumos insustituibles e indispensables, cuyo transporte y comercialización en las zonas de producción es regulado por el Consejo Nacional de Estupefacientes.

Valga la pena recordar que en 1996, ese ente regulador expidió la Resolución 001, que limitó el ingreso de gasolina a zonas cocaleras en cantidades inferiores a las necesarias para satisfacer simultáneamente el consumo legal y el ilegal. Así se produjo en aquella época la ruina del negocio. Infortunadamente, quizás para evitar la repetición de las protestas cocaleras organizadas y propiciadas por las Farc como reacción a las restricciones, también se expidieron disposiciones menos limitantes que la 001, que le devolvieron la viabilidad al negocio del alcaloide.

Esta situación se reflejó hasta la Resolución 009 de 2009, con cuya aplicación sí se podría dar al traste con el narcotráfico. Lo cierto es que la coca se sigue produciendo en grandes cantidades. Cabe preguntarse si existe algún vacío en la norma o si las resoluciones son lo que en términos coloquiales se denomina como “un saludo a la bandera”. En el 2008, cerca de 166.000 familias de las zonas productoras sembraban coca en 0.6 hectáreas promedio por familia, obteniendo de ello utilidades de $ 700.000 mensuales por unidad familiar, según se deduce de un estudio de la Universidad de Los Andes.

Es decir que, si se comparan los recursos anuales invertidos del componente del Plan Colombia dedicado a la lucha contra el ilícito -que es de $2.5 billones de pesos- confrontados con los ingresos ilegales de los cultivadores de $1.4 billones, se entiende que es posible financiar formas de desarrollo alternativo que le sustraigan el agua al pez. Lo anterior es ética y económicamente más atractivo que permitir la producción de la pasta y la base de coca, para luego combatirlas como narcotráfico a  costos más altos para la sociedad, que sufre el rigor de las acciones contra la trama de ilícitos sucedáneos al de la producción

Cabe advertir, ante esta situación, que es importante no repetir el autoengaño boliviano, y también colombiano, de sustituir cultivos sin el acompañamiento de medidas restrictivas radicales de gasolina. En consecuencia, al menos para el escenario actual, se requiere convencer a las Farc de la inutilidad de su lucha y qué mejor para ello que atacar, como se hace en todas las guerras, al centro de gravedad del proceso ilegal, en lugar de buscar el ahogado río arriba (aresprensa).

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*La reedición de este artículo fue realizado por el general (r.) del ejército colombiano Néstor Ramírez Mejía.


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