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SARAMAGO SÓLO ESCRIBÍA DOS PÁGINAS AL DÍA / LETRAS / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 30 de abril de 2013 / 16.15 horas, en Bogotá D.C. / Reeditada el 03 de junio de 2013

PILAR DEL RÍO: “SARAMAGO SÓLO ESCRIBÍA DOS PÁGINAS AL DÍA” 

Pilar del Río llegó a la vida de Saramago cuando él era un escritor de 64 años y ella de 36, con intención de agregar un buen trabajo, en ese entonces, en su labor de periodista. No sólo era joven, lo era tanto o más ante quien nadie podía sospechar que alcanzara -como podría ocurrir con cualquier trabajador de las letras- la eventualidad de un Nobel. Un contraste bien marcado entre un hombre y una mujer con una diferencia diametral en lo que hace a lo generacional, pero también con identidades comunes en el afecto por las letras y  la sensibilidad social. Desde aquel encuentro allí se quedó, hasta la muerte del escritor en 2010, y se convirtió no sólo en su compañera sino también en la traductora oficial de su obra. La historia de la pareja comenzó en 1986, se unieron en 1988 y Saramago alcanzó el galardón en 1998. Diez años después del inicio de la convivencia que se interrumpió con el fallecimiento del autor portugués en 2010. Antes de ese quiebre vital ambos trabajaron en la conformación de la Fundación que lleva el nombre del escritor y hoy orienta del Río, como herencia agregada a la obra literaria de la que es creador. El ritmo de trabajo diario del laureado escritor fue uno de los detalles que llaman la atención, en la expresión de quien fue su pareja en afecto, labor y convivencia, durante más de 20 años. 

Entrevista: Martha ROMERO 

ARES: ¿cómo era ese Saramago escritor? 

Fue un hombre que escribió unos libros bellísimos, que hacen más inteligentes a quienes los leen, o mejor dicho, más informados y argumentados  -afirma Pilar del Río- y también probablemente mejores personas. 

El Nobel portugués publicó su primera novela en 1947, “Tierra de Pecado”. Después de ese título siguió “Claraboya” -que se publicó después de muerte- y así continuó  con un largo periodo de abstinencia en la escritura, hasta alcanzar el Premio Cervantes y también el  Camões. Doña Pilar, después de su enlace, se convirtió en su traductora oficial y adoptó la nacionalidad portuguesa en el año 2010. Uno de los primeros resultados en lengua española, de esa labor compleja que es la traducción, fue “Ensayo sobre la Ceguera”. 

ARES: ¿cómo asimiló Saramago la experiencia del Nobel? 

El Nobel honra a los escritores, pero no les cambia su forma de escribir -afirma del Río- ni la de estar en el mundo, ¿sabe?, en realidad los escritores después de la experiencia de recibirlo, dejan de pensar en eso

ARES: ¿cómo era la rutina de trabajo de Saramago? 

Escribía a máquina -detalla la traductora- no tenía manuscritos y trabajaba varias horas al día, pero de eso sólo resultaban dos páginas por jornada. Él decía que la capacidad creativa no consiste en rellenar y rellenar hojas. Escribía siempre dos páginas y en eso ocupaba mucho tiempo, pero con persistencia y disciplina. El resto del tiempo era preparación para luego escribir: leía, reflexionaba o escribía sobre temas diferentes a la exigencia literaria, pero nunca se excedía más allá de las dos páginas al día.  

Cuando ganó el premio Cervantes, fue el primer escritor de lengua portuguesa en alcanzarlo. Su mujer, Pilar, lo acompañó en la aventura dulce de vivir en Lanzarote, islas Canarias, como una forma de autoexilio, mientras que en Lisboa ambos se dieron a la tarea de constituir la fundación que lleva el nombre del escritor.

Pilar del Río

 ARES: ¿cuál es el valor distintivo y agregado de la Fundación José Saramago? 

El de recuperar el mérito y reconocimiento de escritores que han caído en el olvido y que ya no interesan en lo comercial -describe del Río- también porque es necesario mantener el debate social en una democracia que se nos va de las manos, porque los deberes no se cumplen y los derechos se pierden y porque siempre fuimos y somos ciudadanos activos. 

ARES: ¿cuáles eran los escritores preferidos del Nobel portugués? 

Admiraba a todos aquéllos que desde las letras y por encima del tiempo, hacían pensar -enfatiza la viuda de Saramago- admiraba a Borges, Kafka, Tolstoi y a Pessoa, entre los suyos. También a Cervantes, Gógol, Camões, a Raul Brandão. En fin, admiraba a esos autores que fueron capaces de innovar con inteligencia (aresprensa).


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