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UNA ALIANZA EN EL PACÍFICO / LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS / ACTUALIDAD

Publicado el 22 de mayo de 2013 / 21.10 horas, en Bogotá D.C.

 

UNA ALIANZA EN EL PACÍFICO

La firma, hace apenas dos años, de un acuerdo entre los cuatro principales países latinoamericanos con costas sobre el océano Pacífico -otro pacto más en América Latina- pretende asegurar y potenciar los programas nacionales de desarrollo, con impacto y extensión intrarregional. Además, aspira a construir agendas comunes que aseguren la potencialidad de la privilegiada posición geopolítica hacia el futuro, tanto mediato como inmediato. Esto sobre todo si se mira que los agrupados en la llamada Alianza del Pacífico son los países que están frente al nuevo polo de desarrollo global sobre un océano que de manera arbitraria celebra el medio milenio de un “descubrimiento” por Magallanes, que le dio a España el control durante más de 300 años del comercio occidental con el otra orilla de ese amplio charco, la asiática. La agenda a construir está ligada de manera directa a la relación con el Asia y lo que esa relación le promete a la región, aunque en especial a los países comprometidos en el nuevo pacto, que intentan también avanzar hacia una zona común de libre comercio.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Es una suerte de aggiornamento no sólo a las condiciones potenciales y en desarrollo que favorecen a la América Latina en su relación con el Asia, sino  también como un paraguas permanente para la presente y las futuras crisis mundiales, como la que afecta en la coyuntura a Europa y a los Estados Unidos. Los países agrupados en este nuevo bloque comparten filosofías en lo que hace a la naturaleza de sus democracias, a los balances políticos internos y al enfoque económico. Aunque no lo señalan de manera abierta, en verdad esa visión los distancia de los otros de la región que componen un polo ideológico pugnaz, ante una concepción tradicional y abierta de la Modernidad, para decirlo de manera suave.  

Empero, cada uno de ellos tiene situaciones internas que repercuten no siempre de manera positiva sobre sus ambiciones integracionistas. El tema de la delimitación marítima entre Chile y Perú es una de las más notables marcas diferenciales en el interior del núcleo de países. Un problema que está en discusión en la Corte de La Haya, lo que por inferencia genera un panorama poco auspicioso, en lo que hace soluciones para el hemisferio, tal como queda de constancia en el reciente fallo que afectó a Colombia frente a Nicaragua por el control de jurisdicciones sobre el Mar Caribe.  

Por otro lado, las condiciones internas de violencia en México con eje en el narcotráfico, o las similares de Colombia en lo que hace a conflicto interno persistente por décadas, son situaciones que atenúan no sólo la autoestima colectiva de los países afectados, sino que también le ponen puntos suspensivos al calibre de las negociaciones, cuando lo que se pretende es interactuar con poder simbólico y concreto con los países asiáticos, en especial con las potencias

Esto, no tanto porque en la otra cara del mundo carezcan de problemas tanto internos como internacionales, sino por el hecho elemental de que existen marcadas asimetrías de desarrollo y peso internacional específico, que cuentan a la hora de tramitar negocios. Es claro que la intención de participar en bloque en los potenciales intercambios con el Asia aspira a atenuar esas zonas grises y las señaladas asimetrías, pero éstas deben resolverse en el largo plazo, tanto si se quiere fortalecer al flamante grupo y ampliarlo como si se quiere establecer intercambios con éxito con aquellas naciones que tienen asociaciones bien consolidadas como la ASEAN, por citar sólo a uno de ellos.  

Estos aspectos que amarran al suelo la excitación y el optimismo inicial de los asociados, deben abordarse de manera puntual. Un solo hecho es botón de muestra para mirar el futuro a partir de realidades. No es desconocido que una de las razones para que se haya frustrado hasta el momento el ingreso de Colombia a la comunidad de países del Pacífico, APEC, es su profundo atraso en materia de infraestructura vial y portuaria sobre sus costas en el océano que es objeto de interés.  

Una rémora que persiste de manera circular y recurrente, lastrada con una intrincada y crónica maraña de corrupción, tanto como lo es el cuadro de violencia interna y de tráfico de estupefacientes, que afecta en particular al área del sur de ese país, en el que se encuentra el puerto de Buenaventura, un punto de atraque de grandes buques al que se señala como eje colombiano para el intercambio del nuevo bloque frente al Asia.  Ese es apenas un detalle, pero demasiado importante para la intención de afirmar pretensiones.  

En esa perspectiva, tanto Chile como el Perú y México arrancan con mejores y distantes perspectivas en el desafío, en comparación con el socio cafetero. Los dos andinos australes tienen infraestructura suficiente para asumir los planes de consolidarse dentro del nuevo y más poderoso bloque regional, una suerte de pretensiosa octava economía mundial -dicen los informes oficiales- después del lánguido proceso que adelgaza a Mercorsur, a partir del caldo de irracionalidad económica que hunde a la Argentina, junto con su también crónica inestabilidad política. México, por su lado, asienta en Acapulco una tradición que lo enlaza de manera directa con el Asia

En efecto, el país azteca a partir de ese puerto que hoy es balneario y horizonte de atracción turística, fue el punto terminal del mítico Galeón de Manila que hizo realidad permanente durante tres siglos, entre Filipinas y América, el intercambio regular de mercancías y pasajeros desde Oriente a Occidente y viceversa. Este aspecto es importante de traerlo y ponerlo en condición de  visibilidad cuando se inicia en Cali, Colombia, la VII conferencia de mandatarios del grupo de cuatro países en proceso de integración, con la asistencia y compañía de una miríada de observadores e invitados, interesados en el germen de bloque económico. Filipinas es parte de la ASEAN y de la APEC, y ha decidido reinstaurar desde hace cinco años y de manera tímida la enseñanza del español en el ciclo de educación media de ese país insular, que está integrado por casi cien millones de habitantes.  

Es la cultura y no sólo la economía un aspecto demasiado importante en este tipo de propuestas integracionistas. No se ha visto en la agenda del nuevo bloque geopolítico latinoamericano el tema de la lengua española como instrumento de intercambio universal también válido de poner sobre la mesa, pues de hecho es la segunda lengua moderna en expansión en  el orbe. En tal sentido, el fortalecimiento de la intención de retorno del habla de Cervantes a Filipinas, que inició la expresidenta Gloria Macapagal Arroyo y continuó el actual mandatario Benigno Aquino, debería tener una importancia de primer nivel como apoyo y ampliación del interés de los latinoamericanos en el Asia. Los cuatro países fundadores de la Alianza tienen al español como idioma oficial y representan a más de 200 millones de hispanoparlantes.

Una de las directrices de este grupo de países con costa americana sobre el Pacífico debería ser, precisamente, el apoyo material y el estímulo político conjunto al gobierno de Manila por la recuperación de sus vínculos con el habla española, algo que se perdió en aquel archipiélago durante el siglo XX. Esto último también por descuido y desidia política de los latinoamericanos -salvo México de manera indirecta y por las razones históricas ya señaladas- que en continuidad con ese error histórico tampoco están apoyando el esfuerzo que España en tal sentido desarrolla en el archipiélago asiático, a través del Instituto Cervantes.  

La oportunidad está abierta ahora que Colombia toma la orientación pro tempore del grupo “aliado” y tiene entre sus instituciones culturales a una entidad de renombre en temas de la lengua, tal como lo es el Instituto Caro y Cuervo que, al igual que el Mercosur, desde hace años languidece por desvaríos diferentes de los que azotan a los argentinos. Uno de los peores pecados para una ocasión como ésta, pecado por falta de visión, es no advertir la presencia de las oportunidades integrales, y dejarlas pasar (aresprensa).                             


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