SIRIA, LA CALDERA DEL DIABLO / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de septiembre de 2013 / 12.10 horas, en Bogotá D.C.

SIRIA, LA CALDERA DEL DIABLO 

Siria es un punto culminante en la serie de conflictos que estremecen desde hace más de dos años al Medio Oriente y el norte de África. Pero la situación inmediata tiene un nivel máximo de riesgo porque el ataque a Damasco bien puede generar lo que hasta ahora no ha ocurrido: un efecto multiplicador y la escalada consecuente que envuelva a más países de los que se espera, en una guerra extendida y en la que ya han aparecido armas de destrucción masiva no convencionales que, como las tóxicas, incluso serían la causa aparente de la anunciada intervención en la que hasta ahora no ha pasado de ser una guerra civil, con todas sus consecuencias de sangre y martirio, sobre todo para la población víctima. 

Escribe: Rubén HIDALGO 

Una flota de los Estados Unidos, compuesta por cinco destructores, otra de submarinos británicos en expectativa y la fuerza aérea francesa, ya está preparada para la orden de ataque al país, surgido de las ruinas del imperio otomano en los inicios del siglo XX. La disolución de Siria podría ser uno de los riesgos del ataque y la consecuente caída de Bashar al-Assad, con la imposición de un caos mayor y el hundimiento definitivo de esa sociedad, cuyo gobierno dirige el ejército regional más poderoso, después de Egipto, entre los países árabes que bordean el Mediterráneo

Tal y como ya ocurrió con Libia se ha propuesto una acción con misiles de última tecnología y bombarderos de ataque, para golpear arsenales, capacidad aérea y de artillería, que en la suma son el fuerte del poderío militar sirio. Valga la ocasión para señalar que de ninguna manera puede compararse la condición de un país tribal como lo ha sido siempre Libia, con una Siria que ostenta una marcada fortaleza de estado, claro está, aunque también con las costumbres autoritarias que impone la tradición cultural y una dictadura impuesta desde hace más de 40 años, en la cabeza de la familia al-Assad. Primero con el padre Hafez y ahora con Bashar

Un país en llamas desde hace más de dos años, hace además que la presión del caleidoscopio que es la oposición armada que afecta al régimen en su fortaleza, torne muy oscuro el pronóstico posterior a la anunciada acción militar que llevan adelante los aliados de Occidente con los otros aliados de la llamada Liga Árabe. En esa miríada de grupos que se enfrentan en Siria operan tanto opositores puros como mercenarios y grupos fundamentalistas. Ese es el riesgo que enfrenta la alianza, en particular para los occidentales, puesto que en caso de caer el férreo control erosionado ahora de los Assad, no tienen a la vista ni aliados ni figuras que puedan hacer la transición más o menos ordenada a una nueva situación, que no ponga en riesgo los intereses que aquéllos defienden en la zona.  

Existen además otros riesgos. La respuesta de al-Assad y sus aliados ante la eventualidad de un golpe como el que se anuncia, tendría repercusiones en Israel y Turquía, dos piezas fundamentales en la estrategia global de los occidentales, puesto que son un contrapeso a la presión de los fundamentalistas de la región. La presencia de Irán en la eventualidad de una respuesta militar frente al ataque a Damasco, también llena de aprensiones a quienes observan la evolución de la difícil y compleja situación.   

El escándalo del uso de armas químicas contra la población civil ha sido la bandera directa y como antecedente sumado para la amenaza de intervención militar sobre el sátrapa de Damasco. Pero las aprensiones para una acción armada del poder ejecutivo norteamericano inciden no sólo en el seno de los aliados sino en el mismo interior del país cabeza de la ofensiva. Aquel otro antecedente que envolvió a los estadounidenses en Irak, donde la justificación principal fue también la presunción de la existencia de arsenales de armas químicas que en definitiva no resultaron certeras, llena de prevención a legisladores y al ciudadano común de los Estados Unidos.  

En otro orden, cabe señalar que al-Assad y su entorno pertenecen a la facción aluí del chiísmo eslámico y eso le da un color especial al revuelto de pugnas que se enfrentan en el exterior de Siria e impregnan en conflictividad a toda la región cercana. El sector religioso al que pertenece al Assad es minoritario en el interior del país, pero lo entronca con los intereses de Irán que se juega allí una presencia estratégica no sólo ante Occidente sino ante sus propios vecinos islámicos, que tampoco ven a Irán con simpatía y recelan de su influencia

Es el Islam suní el mayoritario en el país y junto con ellos hay sectores extremistas del credo, tanto locales como extranjeros, que participan de la contienda. Eso es parte de la complejidad del conflicto y de las consecuencias inmediatas y de largo plazo que sobrevendrían a la acción militar externa, con el régimen vigente o sin él. Además, Siria cuenta con una fuerte presencia del cristianismo ortodoxo, aunque minoritario, que cualquiera que sea el resultado de la lucha vigente son parte del sector perjudicado pues, en especial para los maximalistas, esos cristianos son enemigos.  

En esa última variable, la del cristianismo ortodoxo, se apoya en discurso la política rusa de no innovar en las actuales condiciones que mantienen al régimen. Eso y el apostadero naval que mantiene en Tartús  -que es la única presencia armada de Moscú sobre el Mediterráneo- privilegian la interlocución rusa en la zona. El equilibrio inestable de la situación y el mismo resultado de la pugna interna también atrae expectativas e intereses por parte de aquellos países árabes que, tal como se señaló, ven una amenaza en Irán y pretenden mellar su importancia. Entre estos últimos está Arabia Saudita

Es por eso que la caída de al-Assad y su sangrienta tradición nada garantiza en lo que hace a estabilidad para la zona inmediata y para Europa. Tampoco sería una garantía la permanencia de esa feudal administración secular, pues las secuelas de la guerra civil y el postconflicto, con Assad a la cabeza, no brindarían condiciones para cerrar las heridas abiertas por la confrontación. La primera posibilidad agranda la sombra de un eventual estado islámico radical y el oscurantismo consecuente, cerrando caminos para toda la zona y también en la frontera de Turquía, a un paso de Europa.  

Las movidas en este ajedrez trágico ensombrecen el horizonte y amenazan con el borde del precipicio de un conflicto generalizado y anunciado. Incluso no está claro que el uso de las armas químicas haya sido el resultado de una operación de las fuerzas armadas sirias u ordenada por el gobierno. Todo es confusión salvo que, en efecto, fueron usadas y que ese uso le da mayor a presión esa caldera del diablo en que se convirtió Siria, desde hace algo más de dos años, con unos de seis millones de desplazados y refugiados, sumados a una cifra de muertos que se avanza en acumulado a los 150 mil, de los que al menos un quince por ciento son niños, en un país que apenas pasa de los 22 millones de habitantes (aresprensa).


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