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NADIE RENUNCIA EN ARGENTINA / ACTUALIDAD

Publicado el 16 de septiembre de 2013 / 19.55 horas, en Bogotá D.C.

NADIE RENUNCIA EN ARGENTINA  

Acorralados por las denuncias de escandalosa corrupción pero con vocación de supervivencia, tanto el gobierno argentino como los funcionarios más íntimos del entorno de Cristina Fernández mueven sus hilos para mantener a sus espaldas una impunidad futura que amplíe la impunidad vigente de la que gozan con largueza. Para eso se hizo aprobar contra toda legalidad  y por parte de sus mayorías en el legislativo, una reforma a la justicia hecha a la medida del bolsillo del ejecutivo que encabeza la presidenta argentina, heredera y partícipe de la maraña de corrupción que inició el fallecido presidente Néstor Kirchner. Las altas instancias de la justicia rechazaron la pretensión de asalto a las decisiones judiciales, pero todo se debe esperar del poder kirchnerista. Las protestas y la reciente derrota “light” de las elecciones primaras –las Paso- quebraron la inmutabilidad y desparpajo de la titular del gobierno. Una mandataria que parecía inquebrantable ante el aluvión de denuncias mediáticas que le caen a ella y a su entorno, el cual está acompañado por una suerte de parálisis que parece embargar a un poder judicial que ya absolvió antes al finado jefe del clan. Varios, no pocos, de los integrantes de ese gobierno parecieran en el conjunto y por momentos, perfilarse más como una banda que opera a saco sobre los recursos del erario público, votado y avalado en su momento por la mayoría de los argentinos, que a una administración que vela por el cumplimiento de su mandato. 

Escribe: Hugo MURNO*  

Sorpresivamente, entre el primero y segundo mes de este año 2013, dos altísimos dignatarios internacionales renunciaron a sus responsabilidades: Beatriz, reina  de Holanda, abrumada por la tragedia familiar: uno de sus hijos, el príncipe Johan Friso, sufrió un accidente y quedó en un coma irreversible que concluyó con el fallecimiento del vástago real, en agosto pasado. Después, lo mismo hizo el Papa Benedicto XVI, quien adujo falta de fuerzas físicas, a sus 86 años, pero también y con seguridad abrumado por los nada nuevos escándalos de espionaje y robo en sus propios aposentos y en el Vaticano todo

Aquí, en la Argentina “el mejor país del mundo” a estar de una insólita y  chabacana publicidad de una cadena de carnicerías regenteadas por un vidrioso personaje ligado a la política y al peronismo, mientras se suceden juicios a funcionarios de las más altas instancias del Ejecutivo sospechados de corrupción y otros escándalos no menos anormales, nadie renuncia. Quien lo hace es una excepción, tal como sucedió con el exsecretario de Transportes de la Nación, Juan Pablo Schiavi, tras la tragedia ferroviaria del barrio porteño de Once, que produjo más de 50 muertos en febrero de 2012

Es que, por lo menos en la última década, en la Argentina se ha terminado de imponer el “todo vale”, y si al Ejecutivo no le gusta cómo falla la Justicia, entonces te “escracho**, te insulto, te pego o algo peor: no acato la resolución judicial, aunque sea una  de la mismísima Corte Suprema. Si no se cree, basta con preguntarle a cualquier jubilado argentino que haya ganado un juicio al Estado por el ajuste de su retribución mensual mal liquidada o por aplicación del constitucional 82% del salario que merece y sólo se le cumple con retaceos y drásticas reducciones

No me gusta adular a la nostalgia y es por eso que no formo parte del creciente club de los nostálgicos de un pasado añorado por no pocos argentinos, pero tengo la desgracia de tener memoria y recuerdo cuando, allá por 1958, y siendo presidente Arturo Frondizi, renunció el presidente de la Corte, el juez Alfredo Orgaz, aduciendo “cansancio moral”. Cito un párrafo sobre una nota que al respecto publicó el diario La Nación de Buenos Aires: “Alfredo Orgaz renunció en 1958 a su cargo como juez de la Suprema Corte de Justicia, de la que era presidente, aduciendo cansancio moral”.  

En su carta de renuncia dirigida a la entonces primera autoridad del país, el magistrado dijo que lo que motivaba su actitud fue "el manifiesto empobrecimiento de la administración de Justicia que se ha producido con la reorganización actual, consecuencia inmediata de haberse dado prevalencia a los intereses y a la estrategia de partido sobre los verdaderos intereses de la Justicia y de la Nación”. Y agregó: "…he esperado todos estos días el acto salvador del gobierno que restableciera las jerarquías maltrechas, y en esa espera he demorado una actitud que desde el comienzo tenía bosquejada. Finalmente, el alto juez sentenció: "Una justicia de tal modo disminuida y desmembrada no es la que yo anhelaba presidir o integrar."

Orgaz se oponía fuertemente a la modificación de la composición de la Corte, que pasó de cinco miembros a siete, reforma propiciada por el presidente Frondizi y que tuvo rápido tratamiento -entonces no se decía “express”- en ambas cámaras del Congreso, donde el partido del presidente tenía amplia mayoría engrosada por legisladores de extracción peronista, que venían de una proscripción operativa desde 1955. Aquel jurisconsulto cordobés de intachable trayectoria, Orgaz, se había destacado, en fecha reciente para la época, en dos casos que llegaron a la más alta instancia judicial del país: el caso Siri, por la clausura de un diario en la ciudad bonaerense de Mercedes y el juzgamiento de un obrero ferroviario por un Tribunal Militar -por aplicación del Plan Conintes***, que lo sacaba de la jurisdicción natural de la justicia civil. Ambos casos eran muestra de un autoritarismo que emanaba de un Poder Ejecutivo que se creía omnímodo y que no dudaba en violar la norma y arrasar con las instituciones legítimas.

Después, en la historia reciente argentina renunciaron algunos personajes más como el propio vicepresidente, Alfredo Gómez, el juez de la Corte, Gustavo Bosert, ya en plena era de Carlos Menem  y también del presidente Raúl Alfonsín, asediado este último por un verdadero golpe económico con complicidad sindical, quien debió soportar 13 paros de la principal central de trabajadores del país. Pero ahora, aquí, no renuncia nadie y, por el contrario, los más sospechados de corruptela son respaldados por la máxima instancia gubernamental, que también celebra la presunta “heroicidad” de las patotas de barrasbravas, que se “cargan” vuelta a vuelta la vida de algún rival en las canchas de fútbol o se lucen como mano de obra represora paraoficial asesinando a activistas gremiales ferroviarios, tal como ocurrió en el triste episodio del crimen de Mariano Ferreyra acaecido pocos días antes de la muerte del expresidente Néstor Kirchner, en octubre de 2010.

Es que cuando permanentemente se avasallan las instituciones fundamentales todo corre el riesgo de ser atropellado. Esto en un marco en el cual los partidos y la oposición política se mantienen en actitud de confusión y desconcierto, no obstante el notable triunfo sumado de minorías dispersas obtenido en las Paso de agosto, como primarias de apertura a las legislativas del próximo e inmediato octubre.  Valga recordar en sumatoria a semejante cuadro, que la referida renuncia de Schiavi había estado precedida en el mismo  cargo por uno de los hombres clave e integrante de la cadena de corrupción de los Kirchner: Ricardo Jaime. Jaime estuvo prófugo de la justicia y se presentó finalmente hace pocas semanas a tribunales en la provincia de Córdoba.

La cadena de escándalos que arremolinan en su entorno, unos y otros de los funcionarios de Cristina Fernández, además de envolver a buena parte del equipo gobernante está adornada por exabruptos institucionales que no son menores. Entre ellos, el acuerdo de entendimiento con Irán, por la causa AMIA, que es otra muestra de cómo el Ejecutivo avasalla al Poder Judicial, en un proceso que, además, tiene una carga emocional y trágica muy grande pues está originado en el ataque terrorista internacional, con complicidades locales, que voló a una asociación mutual judía en Buenos Aires, donde murieron 85 argentinos, la mayoría de ellos mujeres y niños.

Así pueden suceder cosas no queridas, como en esa Italia al borde del precipicio donde il cavalieri Silvio Berlusconi, hombre proveniente de la farándula y devenido en megaempresario de medios, llegó al poder y después de mil y un  descalabros políticos (corruptela en todos los órdenes de la vida de aquel país europeo) debió renunciar en medio de escándalos imparables y marcharse con el más bajo porcentaje de apoyo. Pero después y en el inicio del presente año, el rumboso personaje volvió a la palestra, convirtiéndose con sus amigos en la segunda fuerza más votada de Italia, con cifras que, sumadas a las obtenidas por un arribista como el cómicoGiuseppe Piero “Beppe” Grillo, muestran lo que cree, piensa y desea hoy la gran mayoría de la población italiana: pane e circo.

Esto porque Italia ha dejado de creer, ha dejado de creer como ya lo hizo en otros momentos de su larga historia, en las instituciones serias y en los políticos profesionales que están en condiciones de asegurar el futuro de los gobernados y resguardar la estabilidad institucional. Un empujoncito, y del populismo autoritario se corre el riesgo de caer, en el fascismo. Dentro de este cuadro de situación no debe olvidarse que la matriz cultural argentina tiene un fuerte anclaje en aquella Italia tradicional (aresprensa).

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*Hugo Murno es corresponsal de ARES en Buenos Aires.

**Expresión del lunfardo argentino, argot local, que significa: denuncia pública, amparada en cobardía, con el fin de perjudicar a alguien .

***Legislación especial dictada por el gobierno Juan Perón, para resguardar la estabilidad y por la cual se suspendían ciertas garantías individuales, además de disponerse que las fuerzas armadas estableciesen tribunales especiales para juzgar civiles sindicados de alterar el orden público. Conintes es un acrónimo que como apócope identifica a la “Conmoción interna del Estado”.      


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