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UDCA: REVIRA EL RECTOR / LA TERCERA OREJA / ACTUALIDAD

Publicado el 23 de septiembre de 2013 / 15.35 horas, en Bogotá D.C.

Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.


  •  Todo payaso tiene algo de siniestro

 UDCA: REVIRA* EL RECTOR 

La especie la divulgó la misma universidad: el Juez Octavo Penal de Bogotá tuteló en contra de la Agencia de Prensa ARES y en favor al rector de la UDCA su “derecho al buen nombre y la honra”, en un fallo que se habría conocido el 13 de septiembre. Exigiría además el juez en su dictamen que el artículo objeto del requerimiento y publicado por ARES -en su sección “La Tercera Oreja”- sea retirado de pantalla. Se trata del escrito “Udca: el timo del rector”, que estuvo vigente en la primera plana del “host” de la Agencia y en su espacio virtual, entre el 24 de julio y el 10 de septiembre de 2013. Esa misma información del fallo tutelante, divulgada por la Universidad, apareció incluso en una de las ventanas de la página net que tiene el ministerio de Educación de Colombia en la correspondiente estructura de interconexión mundial. La acción del rector de referencia, Germán Anzola Montero, ante la justicia del país había estado precedida de un pedido similar a la misma Agencia, al cual ésta le dio curso de manera oportuna y parcial. A eso último se accedió no sólo porque es de pleno derecho del requirente sino, además, porque es práctica común y parte de los principios que guían a los medios de comunicación. Es ese último un recurso tradicional que garantizan los diversos países occidentales y está incluido en sus constituciones, leyes y jurisprudencia.  De ahí a admitir la censura y la incitación o intimación a la autocensura, manifiesta en la actitud de Anzola y probable del propio juez que pudo haber proferido el fallo de marras, hay un espacio peligroso. Mejor, hay un abismo hacia el cual la Agencia de Prensa Ares no está dispuesta a transitar

Ante el cuadro de situación la Agencia debe sentar una posición, tan firme como transparente, y ésta se expresa en los siguientes criterios: 

La Agencia de Prensa Ares no ha tocado el espacio privado del rector ni la retaguardia de su vida íntima que es merecedora de todo el respeto y debe ser protegida por quienquiera que sea, incluso por la Agencia como medio de comunicación. La Modernidad ha conformado en el sentido común y como parte del imaginario colectivo la debida separación entre la esfera pública y la privada de las sociedades que se pretenden modernas: el ámbito privado individual es el de la intimidad** que se resguarda de toda pugnacidad, el ámbito público no. Eso es letra en todas las estructuras de derecho de los países que aspiran a ser considerados viables y aceptables por la comunidad internacional.  

 Entonces, los actos de la vida pública, en particular de quienes por sus responsabilidades son figuras reconocibles -eso es el rector de una universidad- están  sometidos a la observación y al señalamiento social, como también al aplauso en tanto se considere merecido. Cuando el personaje público incumple lo que ha pactado de manera también pública se pone, él mismo, por fuera del marco de la ley, y se posiciona al margen de ese marco aunque lo niegue sobre la misma letra que rubricó. Lo que denunció ARES en el artículo de referencia es un acto público de un personaje público que rubrica documentos públicos que quedan, por su propia naturaleza, expuestos al escrutinio y a la crítica de todos, incluso cuando éstos se celebran con entidades privadas

Todo acto, públicamente pactado, y aunque lo pretenda desconocer el rector, es de obligatorio cumplimiento. Mucho más cuando lo escrito está legitimado por un árbitro libre de toda sospecha y cubierto de todo el prestigio. Eso es lo que establece la legislación y su fundamento filosófico para estos casos. Si eso se altera, con estrambótica y amañada concepción de lo real, lo que se está violando -tallado en relieve por la civilización que nos rige y que ha determinado nuestros derechos conformadores de estados- es el “pacto social” del cual surge la propia Constitución. De tal manera, cuando se hace desaparecer el principio fundador aparece de nuevo la ley de la selva o, dicho en otros términos, la barbarie. Si el fallo del juez es verdadero -tal como señala la especie divulgada por la Universidad- la sociedad colombiana estaría frente a un acto de barbarie, en colusión con la intención del rector, emanado de su propio aparato de justicia y que por su propia fuerza sería a contrapelo de lo evidente. Se estaría, ni más ni menos, frente a una decisión desinstitucionalizante disparada a la inversa de la necesaria razonabilidad***, desde el mismo dispositivo de administrar justicia

América Latina y en especial sus medios de comunicación están muy sensibilizados y alertas ante los tiranuelos de pacotilla que al frente de sus países están pretendiendo cooptar a la opinión pública, ejerciendo coerción sobre esos medios e intentando imponer legislaciones que vulneren el derecho de acceso a la información. Lo hacen con el fin de tapar las trapacerías y nidos de corrupción que generan estos dictadorzuelos,  bárbaros y tercermundistas, en complicidad con su entorno del que no queda excluido el Poder Judicial. Lo hacen no sólo a través de acciones desinstitucionalizantes sino también incumpliendo la ley, violando los pactos y ejerciendo formas de amenaza e intimidación a periodistas y comunicadores, cuando no, de persecución directa y física. Colombia con mucho esfuerzo de sus administraciones centrales ha tratado por tradición y con más énfasis en las últimas décadas, de quedar por fuera de ese círculo oprobioso

El fallo del juez octavo, si en efecto es ese su espíritu, se convertiría en un umbral del tránsito por el camino de los otros, de esos con los que Colombia trata por obligación y vecindad pero de los que pretende apartarse en lo que hace al mal ejemplo. Tal fallo del ignoto juez, si la información fuese certera, sería evidencia de una mentalidad afín con los totalitarismos y de negación a la debida transparencia que debe exhibir una sociedad moderna en los actos que afectan la ya referida vida pública. Ese es el ominoso camino que hoy están recorriendo Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, entre otros países y del que, debe insistirse, Colombia parece no tener intención de seguir, salvo por la excepción que habría hecho el juez Octavo Penal de Bogotá

No cabe duda que, dado lo descrito, la torpeza y el encono tercermundista están llevando al rector Anzola a un laberinto simbólico y jurídico, además de cenagoso,  del cual le resultará cada vez más difícil salir, a medida que avanza, si es que todavía puede eludirlo. Pero tampoco cabe duda que esa deriva se debe a que el controvertido rector se encontraría afectado por el Síndrome de Hubris****, lo que no deja de ser una buena noticia pues es una afectación de nivel presidencial, con el trato formal, engolado y de “respeto” que él, el rector, exige a sus interlocutores para subalternizarlos. Debería al menos alegrarlo por un instante, de la misma manera como antes de la Ilustración los plebeyos podían alegrarse cuando estaban afectados por la gota o la hemofilia, ya que eran males monárquicos

Los asesores del señor Anzola debieron advertirle sobre las reacciones que vienen a partir de su obcecado empeño por negar la realidad y tratar de influir y seducir a su entorno con sus inferencias contra natura. Si no lo hubiesen alertado, debería cambiar a su equipo de asesores, aunque lo más probable -aquí reaparece Hubris- por la desmesura del tembladeral -¿será también un humedal?- en el que se sumerge, es que sí lo hayan hecho. Lo más certero que debe estar ocurriendo es que Anzola, en el universo de Hubris, sólo escuche lo que le da gana, lastimando el sentido común, y siga creyendo que los hechos concretos son como a él se le antoja y que, además, le obedecen en extraña taumaturgia. Claro está que la aludida, supuesta, sospechosa y arbitraria decisión del juez lo debe reforzar en la patología

La mala noticia que sigue a la buena nueva es que el mencionado síndrome es un mal del poder, tal como la ha señalado el psiquiatra y periodista Nelson Castro para el caso de la presidenta Cristina Fernández. Y lo peor, es que se trata de una afectación que sufren los dictadores y, sobre todo, aquéllos que están en la amarga historia de lo que alguna vez se llamó Tercer Mundo. Sería por eso un triste corolario para la larga carrera académico-administrativa del señor Anzola Montero -la cual debe haber tenido muchas cosas positivas- que, además de no cumplir con compromisos firmados a la cabeza de la institución de educación superior que regenta,  también aparezca ante los ojos de América Latina, motu proprio y por consecuencia de sus propios desatinos, como un violador de derechos humanos

CRISTINA FERNÁNDEZ
Víctima del Síndrome de Hubris 

Por todo lo anterior, la Agencia de Prensa Ares debe informar al público y sobre todo a sus lectores habituales que no se dejará intimidar por la bárbara intención de que se ejerza sobre sus espacios la censura y mucho menos la autocensura como expresión primitiva, premoderna y propia de sociedades totalitarias y fundamentalistas. Al tiempo que señala que la libertad de expresión no es un “refugio” ni una potestad de delincuentes sino un derecho humano, tal como lo es también el derecho a la honra y buen nombre personal en la vida privada, que Ares respeta y respetará sin necesidad de la intimación judicial. A esto debe agregarse que para que  un derecho humano tenga efectiva materialidad debe ejercerse y así lo hace y lo hará Ares, aunque un juez quizá cooptado pretenda desconocer

De igual forma, la Agencia deja sentado que, en caso de ser cierta la sentencia vulnerante de derechos fundamentales, la impugnará y requerirá a los organismos de control de la función pública la investigación  correspondiente al juez comprometido, de la misma forma como espera la debida anulación del fallo, si se dictó de esa manera sesgada, y pedirá la sanción correspondiente del presunto culpable, de lo que hará seguimiento público para que sirva de  escarmiento. También, con el fin de abortar, una vez más, los recurrentes brotes en la intención de vulnerar la libertad de expresión que, como engendro, existen en los pliegues y la hermenéutica que a veces se hace de la ley del país

De la misma manera, se llevará el caso a los ámbitos interamericanos que velan por la libertad de expresión, así como se hará de igual forma ante otros organismos nacionales e internacionales que custodian la integridad de esos derechos fundamentales. Se ratifica en consecuencia y se advierte finalmente que Ares, su personal periodístico y sus columnistas no se dejarán arredrar por ninguna forma de terrorismo icónico que pudiese intentar poner a caminar un golem***** jurídico que, como criatura perversa, habría proferido el Juez Octavo Penal de Bogotá. Eso sería otra manera de poner de manifiesto y aceptar en sus consecuencias, aquello que sectores contestatarios llaman “terrorismo de Estado”. No es creíble que Colombia pueda seguir tolerando semejante mácula en la imagen que proyecta al exterior (aresprensa).              

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* La expresión “revirar” aunque castiza no es de uso amplio en toda la comunidad hispanoparlante, tanto como lo es en Colombia; aquí con una carga de sentido más rica. En este país no sólo significa cambiar de posición sino hacerlo con energía e intención de interpelación. 

** Se exceptúan de esta restricción los actos contra el pudor o el orden social, entre otras escasas variables. Ninguna de ellas se encuadra en este caso.

** A partir de Jürgen Habermas se toma a lo razonable como aquella capacidad del entendimiento en hacer converger las diferentes condiciones del sentido, en tanto que a lo racional se lo supone como estratégico o lineal y, por tanto, con menor espesor de significación. 

*** Para saber sobre el Síndrome de Hubris, léase de David Owen y J. Davidson, “Hubris syndrome: an acquires personality disorder?”. 

**** El golem es una figura eminente de la mística judía y en especial de la Cábala. Alude a la creación imperfecta de un ser que no es humano pero que lo parece, a partir de la invocación con la palabra sagrada. El golem por su imperfección comete tonterías y también atrocidades. De esa figura surgen otras imágenes de igual significación, por ejemplo, la idea literaria y cinematográfica de Frankenstein, como evidencia más conocida de esa representación. Se alude también a los excesos y deformaciones que se generan en la ciencia, la tecnología e incluso el Derecho, en el sentido de que terminan perjudicando a quienes en principio aspiraban beneficiar. En términos coloquiales un golem produciría el mismo efecto que un elefante recorriendo una cristalería.  Al respecto, léase el poema “El Golem” de Jorge Luis Borges y el “Fausto” de Wolfgang von Goethe.


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