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RIESGO DE SECESIÓN AMENAZA DE NUEVO A FILIPINAS / LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS / ACTUALIDAD

Publicado el 31 de octubre de 2013 / 18.15 horas, en Bogotá D.C.

RIESGO DE SECESIÓN AMENAZA DE NUEVO A FILIPINAS


Fue una especie de “putsch” de un fragmento de la guerrilla musulmana del sur de Filipinas,  que siempre amenazó con la división del país en la isla de Mindanao, una de las dos más grandes de esa miríada insular que es Filipinas. Es cierto que, desde hace décadas, el gobierno central de Manila ha desarrollado una estrategia de múltiples acciones para atenuar la ambición separatista del grupo armado que en principio se autodenominó Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN). Una fracción desprendida de quienes negocian una zona autónoma más flexible en el área, ocupó en septiembre una parte de la ciudad de Zamboanga, declarándola como capital del germen de nuevo país musulmán en el sudeste asiático y declaró la independencia del sector que no sólo pretende espacio en Filipinas sino además trozos de territorio e islas vecinas. Aunque la pretensión fue de nuevo frustrada por las fuerzas armadas del país, creado por los españoles en el siglo XVI y quienes lo mantuvieron bajo control hasta 1898, no deja de ser sintomático un resurgimiento del propósito de fractura que ya parecía dormido y atenuado
. Los sucesos que enmarcaron tres semanas de septiembre son un campanazo de alerta sobre las condiciones geopolíticas que amenazan al Archipiélago, sobre el cual también está pendiendo el conflicto internacional por las islas Spratlys, cercanas a Mindanao en el Mar de la China.   

En efecto, desde los años70 en tiempos de Ferdinando Marcos, los gobiernos centrales de Manila han trazado líneas de acción que fueron bajando la radicalización de las posiciones impugnadoras tanto de la unidad política de Filipinas como de la visión religiosa cristiana, en especial católica. Para lograr el relativo apaciguamiento de la ancestral pugnacidad musulmana, se fue abriendo paso un complejo y largo diálogo en pos de una cierta autonomía económica y administrativa de la región insular sur, con un simultáneo y estudiado direccionamiento, mediante estímulos, de población cristiana en particular a la zona de Zamboanga

El camino que se trazó en las conversaciones dividió al movimiento guerrillero surgido a principios de los años 70. Luego, el paulatino reacomodamiento fue apartando el inicial espíritu de tensión y división, pero sin eliminarlo de manera definitiva, hasta este nuevo brote divisionista de una de las facciones impugnadoras, la dirigida por Nur Misuari quien fue uno de los fundadores del mencionado “frente moro”.  Los irregulares alcanzaron a ocupar cinco distritos de la ciudad emblemática del sur de Filipinas,  capturaron al jefe de policía de la localidad, a quien después liberaron y declararon a la ciudad como capital del territorio independiente que debería abarcar la isla de Mindanao, Palawán, Tawi-Tawi, Sabah -administrada por Malasia- y otras regiones insulares con jurisdicción diferente de la que ejerce el gobierno de Manila

Si bien la intentona fue abortada con la fuerte ofensiva del ejército y unidades de élite de la policía, quedó una nueva sombra de temor internacional sobre una región con fuerte atractivo para el turismo mundial y la inquietud sobre las condiciones futuras de una región en la que sectores musulmanes de arraigo ancestral han planteado en varias oportunidades en la segunda mitad del siglo XX y que incluyen la posibilidad de separarse de la soberanía de Manila. Los hechos se produjeron justo cuando la administración del presidente Benigno Aquino avanzaba con buen paso en las conversaciones para ampliar la autonomía de la zona, como concesión que permitiese disolver las añejas pretensiones secesionistas 

Aunque las autoridades del Palacio de Malacañán han dado opiniones tranquilizadoras sobre las proporciones de la intentona separatista, señalando que los independentistas son un grupo minoritario del Frente Moro* de Liberación y que la mayoría de ese movimiento se mantiene firme en la continuidad de las conversaciones de paz y autonomía, eso no alejó las aprensiones sobre el rebrote de tales intenciones de fractura y el retorno de atentados y otras manifestaciones de violencia, que fueron recurrentes en el reciente pasado y cuyas repercusiones siguen aún vivas en lo que hace a las dudas de una paz consolidada en el corto plazo y con exigencias satisfechas para los demandantes

NUR MISUARI - Jefe de la guerrilla musulmana

HACIA EL “BANGSAMORO”   

Tanto las acciones de violencia inicial de la fracción guerrillera de Misuari en el área de Zamboanga, como las consecuencias de la respuesta oficial, dejaron más de cien muertos y el desplazamiento de unas cien mil personas. Además, la acción militar de ambos sectores en combate destruyó casi novecientos inmuebles. Estas cifras hablan por sí solas de la violencia que tomó el enfrentamiento armado de casi tres semanas, el cual ha dejado en la región una tensa calma como marco de una imprevisible deriva que pudiera tener el proceso trazado entre el gobierno filipino y el conjunto de los musulmanes

Esa vigencia de población seguidora de las enseñanzas del Profeta existe en el área desde antes de la llegada colonizadora de los españoles al Archipiélago, en 1565. Tal presencia de los europeos y de los mexicanos, a partir del siglo XVI, abrió el proceso de occidentalización de las islas, aunque nunca redujo el clima de confrontación entre ambas visiones religiosas y de arraigo físico. Fue por ello que se estableció en Zamboanga una gran guarnición de tierra y naval, alrededor del Fuerte de Nuestra Señora del Pilar, que se convirtió en el emblema de la implantación hispana en el sur musulmán, durante más de tres siglos.  

Luego de la llegada de los norteamericanos, a fines del siglo XIX, esa población sufrió una mayor represión, sobre todo a partir de la autoridad del general John Pershing**, entre 1899 y 1903, durante la guerra*** de resistencia filipina a la presencia norteamericana en las islas.  Misuari fundó el Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN) en 1971 y sostuvo durante tres lustros una dura confrontación con las tropas de Manila, que dejó según estimaciones unos 200 mil muertos. En esa pugna armada se planteó la vieja aspiración de la población musulmana en el sentido de separarse del resto del Archipiélago y formar un país de confesión religiosa. En 1996 llegó la paz y se trazaron las líneas de una relativa autonomía de los territorios de la isla de Mindanao, donde se asienta el grueso de la población de mayoría musulmana.  

Empero, Misuari denunció el proceso cinco años después, ante el riesgo de perder las elecciones de lo que se llamó –por vía de los primeros acuerdos con el gobierno- Región Autónoma del Mindanao Musulmán. El resultado de esas diferencias fue la fundación de otro grupo en armas: el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) que avanzó en las conversaciones tanto con la anterior presidenta del país, Gloria Macapagal, como con el actual presidente Aquino. Voceros oficiosos han señalado que la intentona del veterano Misuari se hizo con la pretensión de no quedar marginado de las conversaciones entre sus contradictores aunque con idéntica afinidad religiosa y el gobierno que negocia.   

La llamada zona del “Bangsamoro” que se negociaba y cuyas tratativas han quedado interrumpidas por los  enfrentamientos, señalaban que el nuevo ente territorial tendría administración propia y una juridicidad que debía ser ratificada mediante un referéndum. El área tendría una relativa autonomía fiscal, y administrativa con una probable aplicación de la Shariah musulmana a los filipinos de esa fe. El Estado central mantendría la potestad de la defensa territorial y de la seguridad exterior. Manila también quedaría a cargo de las relaciones exteriores, el correo, el comercio externo y la política monetaria, sin poner en discusión la nacionalidad. Hasta el cambio de situación generado por la violencia de septiembre, nada se había acordado en lo que hace a la educación, en tanto que estaba previsto que una Comisión de Transición, compuesta por 15 miembros, tendría plazo hasta 2015 para redactar una ley orgánica que permitiese el nacimiento de “Bangsamoro” (aresprensa)

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* El vocablo “moro”, que se usa para identificar a los musulmanes, pertenece al español clásico, que identificó en primer término y hasta finalizar el siglo XV, a los bereberes del norte de África que ocuparon durante 8 siglos a una parte de la península ibérica. La expresión se trasladó a las colonias españolas, entre ellas Filipinas, y pasó a identificar tanto a musulmanes como a judíos. Este uso ambiguo permanece, por ejemplo, en Cuba en el acto de habla cotidiana. 

** Este alto oficial, icónico de la historia militar de los Estados Unidos, mantuvo con mano de hierro el control colonial ejercido por ese país, en el sur filipino desde Zamboanga, cuando desplazó a España en el manejo del Archipiélago y se enfrentó a la guerra de resistencia que se inició contra la potencia  europea y prosiguió contra el ocupante americano. Este Pershing es el mismo que después persiguió al guerrillero mexicano Pancho Villa, durante la guerra civil en este último país, y unos años más tarde comandó las tropas norteamericanas en Europa, durante la Primera Guerra Mundial. 

*** Pershing tuvo particular encono con los milicianos musulmanes de la región sur de Mindanao. La llamada “guerra olvidada” produjo la muerte en cinco años de un veinte por ciento de la población filipina, estimada a comienzos del siglo XX en unos 10 millones de habitantes. Un genocidio similar pero más conocido y menor en víctimas, aunque no en barbarie, perpetró el general Douglas Mc Arthur, entre febrero y marzo de 1945, en el intento por desalojar de Manila a la guarnición nipona que la ocupaba desde 1941. En esta ocasión murieron más de 100 mil civiles como consecuencia de los bombardeos masivos e indiscriminados de la artillería y aviación aliadas. En ese entonces la capital filipina tenía algo más de 600 mil habitantes.               


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