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HAIYAN, EL SUPERTIFÓN QUE GOLPEÓ A FILIPINAS / ACTUALIDAD / LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS

Publicado el 11 de noviembre de 2013 / 20.10 horas, en Bogotá D.C. 

HAIYAN”, EL SUPERTIFÓN QUE GOLPEÓ A FILIPINAS

Hace pocas semanas la guerrilla musulmana se ensañó con Zamboanga en la isla de Mindanao, al sur del país y planteó la secesión de la zona que está incorporada a la unidad filipina desde la llegada de los españoles en el siglo XVI.  Ahora, en el centro del país, el mayor  tifón de la historia según los registros hasta hoy conocidos, dejó a su paso más de 10 mil muertos, cifra que muchos en proyección señalan que podrían llegar a las 20 mil víctimas. Porque a esa decena de miles se le suman más de 2 mil desaparecidos que, se supone, en su mayoría están muertos. Pero las autoridades del país, y más allá de la pavorosa cifra de víctimas fatales producida en unas pocas horas por el paso del fenómeno, están superadas por las circunstancias concretas que afectan a quienes quedaron vivos: más de 4 millones de niños en desamparo, caminos cortados, canales de asistencia bloqueados y centros de recepción de ayuda como puertos y aeropuertos destruidos o disminuidos de manera severa en sus posibilidades de asistencia.  La región de Leyte y Samar en la zona de las Visayas fueron los puntos de toque del llamado “supertifón”, el punto principal de impacto fue la ciudad de Taclobán.

Dos desastres con pocas semanas de diferencia en el sufrido país insular, que ponen en aprietos la administración del presidente Benigno Aquino, el hijo del inmolado dirigente político asesinado en 1986 y de Corazón Aquino, la emblemática presidenta que protagonizó, en 1986, el retorno de la democracia a Filipinas después de la caída del gobierno autoritario de Ferdinando MarcosAquino debe afinar la puntería para que su gobierno atienda con presteza las consecuencias del desastre y las soluciones a la magnitud de una tragedia aún no mensurada en su tremenda y verdadera magnitud.

La ayuda mundial no se ha hecho esperar y de América Latina también llegaron los llamados a la solidaridad, incluso Colombia ha ofrecido su aporte -se sabe que unos ochenta de sus nacionales residen en el Archipiélago- en vista de que el desastre está más allá de las posibilidades del gobierno de Manila. El mismo Papa Francisco manifestó su disposición y la de la Iglesia para el socorro al país asiático, el único católico en esa zona del mundo y ligado por afectos históricos, tanto al argentino Pontífice como a toda América Latina, por las raíces comunes que ligan a los filipinos con el imperio español, puesto que el país afectado fue colonia hispana hasta 1898, al igual que Cuba y Puerto Rico, como así también las islas Marianas y Carolinas, en la Micronesia.

El primer problema que deja esta catástrofe es el disponer a tiempo la asistencia humanitaria en agua, alimentos y medicinas para las decenas de miles de damnificados, en particular los niños que han quedado expuestos al desamparo por la destrucción de las células familiares y de comunidad amplia en las zonas golpeadas. Ciudades como Taclobán, en la provincia de Leyte, tiene interrumpidos los accesos principales no solo a la misma ciudad sino también a sus áreas de influencia, donde no existen datos de las consecuencias que dejó el paso de “Haiyan”. Es por esa razón que se toma como incierta e inconsistente la inicial cifra de víctimas y se le da más validez a la proyección supuesta.

Las primeras noticias posteriores al paso del gigantesco tifón, ya hablan de gente que busca comida caminando como zombies entre los escombros y de los saqueos multiplicados a negocios y cajeros automáticos. En el área de la tragedia ya se impuso el toque de queda a determinadas horas del día. Debido a las dificultades del paso de vehículos, la llegada de refuerzos de la fuerza pública a la zona golpeada y la inexistencia de energía -que dificulta la puesta en normalidad del área al menos en lo que hace la convivencia entre las miles de víctimas- se están disponiendo otras medidas extremas.  La declaración de zona de calamidad y la imposición probable de la llamada “ley marcial”, por órdenes dadas a las tropas del gobierno que llegan de manera paulatina a la región, presentan una idea parcial del cuadro de situación que se desarrolla en la región afectada.  

El frente de ataque del “supertifón” cubrió unos 600 kilómetros del centro de Filipinas y el mayor impacto, además de Samar y Leyte, afectó también la histórica ciudad de Cebú, primer asentamiento español y área de llegada de Hernando de Magallanes, donde también encontró la muerte, a comienzos del siglo XVI. Es la famosa zona de las Visayas, cuya riqueza de leyenda y la búsqueda de especies, motivó a España para instalar allí la parte extrema de su imperio, que cubrió el Pacífico por medio del mítico Galeón de Manila, con punto de llegada a la mexicana ciudad de Acapulco, entre 1565 y 1821. Los vientos de “Haiyan” alcanzaron por momentos los 320 kilómetros por hora. Para hacer una comparación desmesurada, debe señalarse que las constantes tormentas en el gaseoso planeta Júpiter tienen corrientes con un promedio de entre 500 y 700 kilómetros por hora. Ésta que golpeó a Filipinas fue entonces una tormenta de dimensiones siderales (aresprensa).               


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