-----
-----







VENEZUELA YA ES UNA DICTADURA / ACTUALIDAD

Publicado el 29 de noviembre de 2013 / 21.00 horas, en Bogotá D.C.

VENEZUELA YA ES UNA DICTADURA  

El país del Socialismo del Siglo XXI muerde la crisis que él mismo creó en su seno. Venezuela, ese estado petrolero sobre el que se realiza el experimento, se sigue beneficiando con el flujo de los caudales que genera el recurso del subsuelo y que, en vuelta de trapecio, vuelve a salir a raudales de las arcas de la hacienda pública, como maná para los menos favorecidos aunque también para quienes lucran del proceso cuyo trazado inició la malograda cabeza del señalado experimento: Hugo Chávez. En un ciclo de quince años es vana la negación de la descarnada  marca de los desatinos económicos que sufre ese laboratorio. El desabastecimiento, la inflación y la inseguridad, que impone el hampa cotidiana en este último caso, se muestran ahora con mayor relieve. En ese difícil cuadro y aunque lo niegue el mandatario Nicolás Maduro, heredero de circunstancia del legado de su predecesor,  el proceso venezolano termina de consolidarse como una dictadura en el Continente, después de que el Ejecutivo venezolano obtuvo la ley habilitante que le permite prescindir de manera abierta de la consulta y de cualquier control institucional. Lo que las izquierdas han llamado “democracia formal o burguesa” deja de existir de manera vertical con este cierre del proceso de restricción libertades e iniciativas privadas que ya había comenzado mucho antes y en vida del presidente Hugo Chávez.    

Escribe: Rubén HIDALGO 

Esto es lo que debe enfrentar el régimen de Caracas después de la salida de escena de su líder emblemático. Imaginar una visión remozada del viejo y literario caudillismo latinoamericano sería abordar el problema con estrechez de miras. Fue Chávez, desde su origen, el resultado de las excrecencias sociales de sociedades que pueden vivir entre las mieles de cierto desarrollo, pero que no pueden disfrutar con plenitud por culpa de sus propios y añejos demonios, resistentes a la disolución y siempre dispuestos a despertar y a intervenir para malograr los mejores propósitos y proyectos de cambio que pretenden aliviar  sus postraciones permanentes

Ya desde las prácticas políticas de la institucionalidad chavista se comenzó a disolver el balance democrático que se acepta de manera tácita y en derecho en el plano internacional para avanzar a un unicato que mostró, desde su inicio,  todos los síntomas de cualquier dictadura. Las sospechas de ilegitimidad en el fallo electoral reciente no terminan y por ello no desaparecen las sombras sobre la evolución de la situación de Venezuela y de la estabilidad de su régimen, hoy encabezado por Nicolás Maduro.   

Lo cierto de la parábola política que hoy vive Venezuela es que se trata de una respuesta hirsuta de otros viejos problemas endémicos de América Latina: su atraso político, la miopía y las propias taras de su dirigencia que, como conjunto, tampoco atina a enrumbar a sus países por mejores senderos de justicia y progreso sostenibles. Nadie puede negar que la suficiencia de riqueza que privilegia a Venezuela por obra de su explotación petrolera, alcanza con suficiencia para ella misma y para varios de sus vecinos, tal como lo demuestra la manga ancha en subsidios y ayuda tanto directa como indirecta prodigada por el desaparecido caudillo de Caracas durante su paso de tres lustros por el Palacio de Miraflores

Ya se ha dicho que el maná petrolero del país caribeño es al tiempo su propia maldición. En los hechos, en las intenciones y en las concepciones mesiánicas de sus dirigentes de las últimas décadas se construyó una democracia que durante un tiempo pareció estable y que después devoró la corrupción y el desprecio por el largo plazo, las políticas de Estado y la buena suerte de aquéllos que sin mérito suficiente accedían a disfrutar de esa torta de oro negro que el determinismo de la naturaleza le brindó al país con suficiencia.  

El llamado socialismo del siglo XXI esa especie de golem autoritario que ajusta los mecanismos democráticos al amaño y arbitrio de su proyecto de ampliar la participación de los desheredados, ha podido con la ayuda cubana avanzar en su tarea misional que, por sus derivaciones autoritarias cuando no dictatoriales y perversas, no alcanza a cuajar en la pretensión de “felicidad”, tal como lo pretende una  risible dependencia ministerial, más fruto del mesianismo tropical que de una posibilidad que supere lo pueril.  

El costo evidente en lo social e institucional del proceso venezolano encierra amenazas hacia esa sociedad en su conjunto y obliga a una mirada crítica más allá del fundamentalismo con que se lo ataca y se lo defiende. Es muy probable que el proyecto del difunto presidente bolivariano continúe un  tiempo más durante la gestión del recién elegido Nicolás Maduro, luego de su gestión acomodada y de facto de algo más de tres meses, para fortalecerse luego de un discutido hecho electoral que dejó por fuera de aspiraciones inmediatas al opositor Enrique Capriles, pero nada está asegurado para el inmediato futuro.  

La cuestionada elección que le permitió a Maduro salir del limbo institucional para poder  posesionarse como un presidente vencedor que no convence, lo pone de cara a lo agudo de la crisis que ya estalló y le hace un favor a su contendiente permanente, el derrotado Capriles. Maduro no es Chávez y esa capacidad que tuvo el fallecido caudillo de darle pegamento a la difícil alianza cívico militar que se mantuvo durante su parábola política, se debilita por sustracción de materia. Esa debilidad la está aprovechando la oposición y no es una debilidad de coyuntura, es sustantiva.  

Mientras tanto se produce el vaciamiento del juego democrático y de la credibilidad en el acierto del aparato estatal. Una maniobra de grueso manejo permitió torcer una votación adversa en el poder legislativo y adecuarlo a las apetencias y arbitrio del Ejecutivo. Así, con un golpe de mano que estuvo precedido hace unos meses por una golpiza en pleno recinto a los opositores, se varió la votación y se le entregaron a Maduro los poderes discrecionales por el año que pidió, para reflotar al país de la profunda crisis económica y política que lo atraviesa pero que en realidad profundizará las características del manejo dictatorial.  

Este engendro de lo que de manera eufemística se denomina “democracia popular” hace tabla rasa sin retorno del equilibrio de poderes y genera una cadena de deformaciones y adecuaciones contra natura que vulneran derechos instituidos, incluso por la propia constitución bolivariana. Se han borrado así las garantías para la transparencia de los comicios, la separación de poderes, la alternancia de manejo de la administración, se ha copado el poder legislativo y la justica y han desaparecido los entes de control, además de la reducción al mínimo de la prensa independiente y crítica. Por todo eso, Venezuela ya es una dictadura plena, aunque se vista de democracia popular pues el país ya hace tiempos que marcha por fuera de lo dispuesto en la Carta Democrática de Ushuaia que generó compromisos para todos sus signatarios, incluida Venezuela (aresprensa).


Visitas acumuladas para esta nota: 00976



¡SÍGANOS Y COMENTE!







MARKETING Y FELICIDAD por Nestor Diaz Videla

2Checkout.com Inc. (Ohio, USA) is a payment facilitator for goods and services provided by www.aresprensa.com.


Todos los derechos reservados ARES 2003 - 2016                   
Volver al home