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UDCA: RECTIFICACIÓN DEL RECTOR II / LA TERCERA OREJA / ACTUALIDAD

Publicado el 15 de enero de 2014 / 20.00 horas, en Bogotá D.C.

Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja 

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme.


  •  Bajo su actual administración Bogotá es humana, porque errar es humano


UDCA: RECTIFICACIÓN DEL RECTOR II 

Cumple ARES en exponer la segunda solicitud de rectificación planteada a la denuncia que efectuó la Agencia contra Germán Anzola Montero, rector de la UDCA, a comienzos del segundo semestre del año 2013. En el anterior requerimiento la Agencia evitó publicar aspectos que deterioraban aun más la imagen pública ya afectada de Anzola, por acción propia aunque negada de manera persistente. Por ello, se le corrigieron aspectos de sintaxis y ortografía –entre otros- impresentables para el escrito de un directivo de primer nivel en la educación. Ahora la Agencia evita ese esfuerzo que no es obligatorio para ella y publica los pleonasmos, entre otros barbarismos, tal como se escribieron. Uno de ellos, en la primera línea del escrito: “15.35 de la tarde”.  Aunque Anzola no lo acepte, hemos querido ayudarlo pero él de manera porfiada no lo acepta. También la justicia colombiana ha exigido que la rectificación se extienda completa y aquí lo hacemos, pero nadie podría evitar que al tiempo hagamos los comentarios que corresponden, después de desplegar el deficiente escrito del referido Anzola.  Por el contenido de nuevo insultante de esa comunicación, la reiteración y ampliación de exabruptos, además de las amenazas implícitas, ARES ha decidido no volver a publicar por ahora nuevos pedidos de rectificación de Anzola. Nuestros compromisos como medio de comunicación en este sentido específico aquí concluyen, pero no se cierra la exigencia de poner en común las contingencias derivadas de la primera denuncia expuesta en el artículo “UDCA: el timo del rector. Este segundo pedido de rectificación se fechó el 02 de octubre de 2013La misiva está dirigida al director de Ares, Néstor Díaz Videla.

El texto del mencionado planteamiento de rectificación sigue a continuación.  

El pasado 23 de septiembre, a las 15.35 minutos de la tarde (sic), la Agencia de Reportajes y Ensayos para la Prensa -Ares-, dirigida por usted publicó un artículo denominado “Udca: revira el rector” el cual contiene afirmaciones injuriosas y calumniosas, que atentan contra mi honra y buen nombre. 

El mencionado artículo, hace afirmaciones que no son ciertas como se expondrá, con el fin de que se proceda a hacer la respectiva rectificación, teniendo en cuenta que esta vez, decide usted de nuevo usar internet para manifestarse en contra del estado  de derecho colombiano (1) y además como ya se dijo para ampliar sus epítomes en mi contra, eso sí, de forma proterva amparándose en su indiana arma (2), una agencia de prensa que publica de forma tornadiza una que otra encomienda lo cual deja en evidencia su estado de subordinación y dependencia frente a quien haya podido ser el encomendador, como lo hemos probado ya, al ser empleado de la Sociedad Gestora Universitaria S.A.(3). 

La solicitud de rectificación concreta señala lo siguiente: 

Reitero lo expresado en la anterior solicitud de rectificación. En relación con el convenio suscrito entre la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A. y la sociedad Gestora Universitaria S.A., se acordó que la intervención de la Universidad del Rosario realizaría un estudio de sensibilidades, basado en una metodología de diagnóstico y análisis, para recoger información en los campos académico, administrativo, financiero y jurídico, del cual se obtendría un valor del acuerdo entre “las partes”, de modo que esa cuantificación no establece que el resultado deba ser pagado a la Gestora Universitaria S.A.(4). 

Todas las decisiones relacionadas con la terminación del convenio, han emanado del máximo órgano de la Universidad, a saber, la Asamblea de Fundadores (5). 

Solicito rectifique la afirmación en relación con mi incitación o intimación a la autocensura, pues jamás he censurado la libertad de prensa (6), cosa distinta es hacer valer mis derechos, como lo estoy haciendo, producto del uso abusivo que usted ha hecho de la Agencia de Prensa que regenta en Bogotá, para publicar añagazas, aún acompañándole las pruebas de que lo expresado en su artículo anterior, evidencian la verdad de lo sucedido (7). 

He ejercido mis derechos como cualquier ciudadano en Colombia, incoe (sic) la acción de tutela correspondiente y he acompañado las pruebas que evidencian la violación de mi derecho a la honra y buen nombre (8), así como se están tramitando las acciones penales que corresponden por la posible comisión por su parte de los delitos de injuria y calumnia.

En cuanto a las sospechas que tenga usted del trámite de tutela, no puede esperarse menos de una persona que publica a través de una agencia de prensa la información a su acomodo, sin establecer en su página la ubicación geográfica donde tenga sus oficinas (9), de cara al público de cada ciudad y país en la que ejerce su labor como periodista, de modo que pueda requerírsele cara a cara, pues resulta muy fácil acabar con la honra de una persona escondiéndose y valiéndose de un medio de comunicación inmerso en el universo de las redes sociales. 

Sin duda, su forma de actuar constituye una nueva forma de hacerle daño a las personas y a la sociedad. 

En lo que respecta a los compromisos firmados, y las intemperancias que lo caracterizan, exijo que se retracte y retire el artículo (10). Por lo demás, procederé nuevamente a instaurar la acción penal que corresponde en su contra, por haber reincidido en la publicación de afirmaciones injuriosas y calumniosas. 

Puede usted proceder en derecho como considere, y por favor establézcale a los jueces con claridad en dónde se lo puede encontrar en Bogotá, como debe hacerlo un ciudadano, que se dice llamar periodista y que actúa de cara a la sociedad, de modo que todo lo atinente a los procesos judiciales que se encuentran en trámite en su contra, puedan seguir su curso normal, ya que la Agencia mencionada no puede ser ubicada, puesto que no se dignan a decir a su público la dirección de cada ciudad donde funcionan, dejando a sus víctimas sometidas a los abusos derivados de los excesos de la libertad de prensa.  

Tenga la dignidad de descolgar o retirar de forma inmediata el artículo que sigue siendo difundido de forma irresponsable por internet, con el fin de que cese la divulgación de información que no es cierta y afecta mi honra y buen nombre.  

Exijo que se retracte de todo lo publicado y se emita un artículo con las mismas características titulando: “Excusas al rector de la UDCA POR EL ARTÍCULO MAL DENOMINADO, “Udca: revira el rector” (11).
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CONSIDERACIONES DE ARES 

(1) Germán Anzola tiene la costumbre de tratar de poner la realidad al revés cuando ésta no le conviene. Si un rector –cuya conducta debiera ser ejemplar- violenta y atropella los derechos de terceros y, aparte, los insulta y trata como delincuentes cuando lo denuncian o le reclaman, quien vulnera el estado de derecho no es el maltratado sino el maltratador. Es ese el rector que tenemos a la vista.  En todo caso, también a la justicia ha comenzado a quedarle en blanco y negro que en este cuadro, si se debiesen buscar pillos, éstos no estarían entre las víctimas del abuso de confianza o en los denunciantes, deben buscarse en otro lado. 

(2) Cuando Germán Anzola espeta la frase “indiana arma” quiere significar -ni más ni menos, en el contexto de su agresividad verbal- que la población ancestral de América Latina es para él innoble y despreciable. Ese, su desprecio étnico, su manera de discriminar, no está demasiado distante en el tiempo para una humanidad avergonzada por una actitud semejante y es por eso que tal estigma -el de la discriminación- ha recibido toda forma de rechazo de las sociedades modernas. También la rechazamos en ARES, sin que el señalamiento del temerario discriminador nos llegue a ofender. Olvida varias cosas el rector en esa forma de repugnante ninguneo. Una de ellas: la mayoría de los profesores y sus estudiantes en la UDCA, pero sobre todo los padres de estos últimos, tienen genes ancestrales y lo más probable es que el mismo rector Anzola tenga esa marca genética que desprecia. Otra: los mexicanos hacen manifestación de orgullo de esa condición “indiana” que Anzola mira de soslayo y hacia abajo. ¿Qué pensarán de este exabrupto los mexicanos del club Pachuca, que tienen vínculos con la Udca?, ¿o los directivos de las universidades de Los Lagos o Austral, en el sur de Chile, rodeadas de población mapuche en su zona de influencia? Estas últimas instituciones de estudios terciarios también en buenas relaciones con la UDCA. Atención y alerta, entonces, para las ONG que en Colombia y el exterior atienden y vigilan los derechos de las minorías, con este pretendido educador ejemplar que reclama respeto a su honra y el buen nombre, sin cuidarse de sus reprobables actitudes discriminatorias. En fin, es ese el rector que tenemos a la vista. 

(3) En efecto, el director de la Agencia tuvo relación contractual en el ámbito de actividad de la Gestora Universitaria, cuyos integrantes quedaron, hasta hoy, damnificados por las acciones indebidas de Anzola. No fue el director de ARES uno de los perjudicados por esos cuestionables manejos, fueron otros. Tampoco es un beneficiario y es claro que éste tuvo conocimiento de lo que ocurría y el haberlo ocultado -como directivo de un medio de comunicación- lo hubiese convertido en cómplice pasivo del atropello y abuso que se produjo por parte de la UDCA contra terceros. No hubo detrás de la denuncia de ARES una relación de dependencia ni una forma vergonzante de subalternidad como pretende poner de manifiesto Anzola, suposición reiterada que confirma lo que ya se ha dicho y comentan muchos de los vinculados a la entidad universitaria cuestionada, con respecto al imaginario y la matriz cultural del rector: es feudal. En esa visión retrógrada sólo se percibe un mundo conformado por señores y vasallos, no cabe la idea de que el hombre moderno, el ciudadano, procede con autonomía y no con formas vulnerantes de perversa dependencia. Para infortunio de la desviada y anacrónica concepción de Anzola, debe dejarse en claro que Gestora Universitaria siempre se opuso a la denuncia que adelantó ARES y permitió desenmascarar a quien pretende en este caso que se le respete su buen nombre, sin construir méritos para ello. Es por eso también que no hay fundamentos para retirar o censurar la denuncia pública formulada, pues las pruebas presentadas a la justicia señalan que resultó cierto lo que comenzó siendo un chisme. Por otro lado, la Agencia no tenía ni tiene por qué atender la petición de los directivos de Gestora Universitaria para que no se diera curso a la referida denuncia.  Pero no nos extraña la percepción de Anzola sobre el encuadre y motivaciones de la señalada puesta en común de las maniobras, dado que como indica la sabiduría popular, “quien las hace ve hacerlas por los demás”.  

(4) En el primer numeral del contrato que firmaron la UDCA, Gestora Universitaria y la Universidad del Rosario, quedó puntualizado que, a la letra, la evaluación y el valor del trabajo realizado durante más de un lustro en la Escuela de Economía, Administración y Finanzas por la señalada Gestora Universitaria, derivaba en obligaciones de “estricto cumplimiento” y ello significaba que una de las partes quedaba comprometida a entregar la mencionada unidad académica al control de la UDCA, en tanto que la otra -como sucede con cualquier negocio de ésta u otra naturaleza dentro del estado de derecho que invoca con acierto y vehemencia Anzola- quedaba sometida a la obligación pertinente*. Esta última es la que no ha cumplido hasta el momento y su desconocimiento no tiene otro nombre que el que le asignó el redactor de ARES en su artículo inicial, el cual detalla un vacío de respuesta positiva en una obligación que permanece. El peritazgo de la Universidad del Rosario en el ámbito de que se trata no fue la respuesta a una romántica convocatoria para observar el vuelo de las aves** o determinar en cuáles flores se posan las mariposas, tal como se infiere de las persistentes e idílicas manifestaciones de Anzola al respecto. El pago de 100 millones de pesos*** por esa intervención de la Universidad del Rosario define que tal forma de mediación y arbitraje no fue por una motivación inocente y desprevenida, fue un negocio. Anzola, de manera artera y taimada aunque de corto vuelo, desconoce y niega esos elementos fundamentales de la trama. Es ese el rector que tenemos a la vista.  

(5) Si es cierto que la llamada Asamblea de Fundadores le ha señalado a Anzola el camino fangoso de no cumplir compromisos que afectan a terceros, eso a él no le alivia su propio compromiso sobre el punto. Empero, debe insistirse, que en el caso de que esto sea certero los llamados “fundadores” son cómplices de las acciones indebidas del rector en el tema que nos ocupa. Casi la misma complicidad con la que el director de ARES no quiso comprometerse. Aunque también podría suponerse que en realidad Anzola se está escudando en los venerables mayores que integran esa Asamblea para continuar eludiendo sus responsabilidades que ya no son a esta altura, y simplemente, con otra entidad del ámbito educativo sino con la sociedad en su conjunto, por aquello de la ejemplaridad.  En todo caso, será bueno aprovechar esta oportunidad de hacer pública la lista de fundadores -¿cómplices?- que la misma Universidad ha hecho conocer. Ellos son: Jaime Cadena Santos, Gabriel Arango Valdéz, Hugo Gamboa Ramírez, Ana María Sánchez Vargas, Germán Téllez Gómez, Sara Gómez de Hardin, Martha Gómez de Adams, Ernesto Gómez Téllez, José Segundo Roa, Augusto Amaya Arango y Alba Cecilia Quintero Murillo.  

(6) Es protuberante la evidencia de que sí ha pretendido Anzola imponer la ominosa -para él- censura y lo sigue haciendo. Para alcanzar su propósito también quiere poner a su servicio personal a la justicia colombiana, con magro resultado en la primera etapa de su ofensiva. La negación de la libertad de expresión es otra de las consecuencias de una concepción feudal en lo que hace a las relaciones de ciudadanía, es barbarie. Tanto es así que en uno de los escritos que Anzola presentó ante los jueces de la República exigió que el poder judicial impusiera una censura total a ARES para que ésta no volviese a publicar algo más, mejor nada más, sobre el contrato entre UDCA, Gestora Universitaria y la Universidad del Rosario. No es necesario ser adivino para determinar el porqué de esa pretensión. La clave está en esas pocas líneas del contrato referido, que inducen al estricto cumplimiento de lo acordado entre las partes. Eso que una de esas partes, debe insistirse, no ha cumplido y en consecuencia muestra en genio y figura al rector de marras. Por otro lado, debe subrayarse que la censura a la libertad de expresión es una violación a los derechos humanos y en eso -en violador de derechos humanos- por su propia intención y acción se convirtió el rector en este caso. Además, Anzola requirió en sus escritos a la justicia que se persiguiera al director de la Agencia por ser extranjero residente en Colombia, algo inaudito para quien dirige una universidad, pues este vocablo por propia etimología define la universalidad necesaria en una casa de altos estudios, la cual debería oponerse a la discriminación y no alentarla. Es ese el rector que tenemos a la vista.  

(7) En efecto, esas pruebas que también están frente a los jueces señalan de manera indubitable que lo señalado por la Agencia en su denuncia es verdadero. Los fallos judiciales en su conjunto hasta ahora así lo confirmaron, haciendo la salvedad de que el mismo Anzola fue quien abrió el escenario judicial al que supuso podría someter a su capricho, a dedazo, y con despliegue de símbolos de poder, algunos de ellos muy débiles, como lo es su hoja de vida. Eso es contundente aunque uno de esos jueces, en una sospechosa determinación, haya desatendido la contundencia de tales pruebas -que no aportó ARES sino que fueron requeridas por los administradores de justicia a las partes, en la secuencia de los procesos abiertos- y haya también maniobrado para bloquear el derecho de ARES y de su director a la legítima defensa. Maniobras que fueron debeladas en su momento con argumentos innegables y la impugnación del veredicto inicial, que se modificó en la instancia superior de la justicia.  

(8) Se le ha repetido a Anzola que su buen nombre y el respeto correspondiente deben comenzar por él mismo, por su propio actuar en lo social y por la responsabilidad a la que está predeterminado por su cargo institucional. El conjunto de hechos que conforma la denuncia de ARES y el encadenamiento de las situaciones subsiguientes nada positivo le aportan a esa aspiración. Debe insistirse en que el buen nombre no es una concesión graciosa ni un título nobiliario, es una construcción en ciudadanía, no un privilegio feudal. De la misma manera que debe enterarse el rector de la UDCA que el derecho a la libertad de expresión -no la libertad de prensa- por ser parte del cuerpo de los llamados derechos humanos, es preeminente sobre otros derechos fundamentales. Esto es así, aunque algún juez despistado -o quizá cooptado- haya pretendido desconocerlo.  

(9) El material escrito y publicado no es, necesariamente, de autoría factual del director, aunque él asume la responsabilidad que corresponde sobre el punto. El titular de la Agencia no se ha negado a hacerlo en este asunto. Es por eso que se ha presentado ante la justicia cuando se le ha requerido, de manera presencial o a través del prestigioso grupo de abogados que lo acompaña en la circunstancia. Es por eso también que ARES rechaza la intención de matoneo y patotería que muestra Anzola en varias de las líneas de la rectificación que ahora se publica y que no es la primera ni la única en tal sentido. La Agencia no tiene por qué darle razones a Anzola sobre sus formas de presentación y posicionamiento en lo social, mediante el uso de tecnologías y redes. No tiene por qué hacerlo con nadie, mientras no se violente el conjunto de lo social, tal como es evidente que hace el contradictor de ARES con sus acciones y visiones aquí relacionadas. Aun cuando todo el mundo sepa dónde se encuentran las sedes de la UDCA, está claro por lo visto que el conocer el domicilio de alguien no garantiza la probidad del ocupante.  Al revés, el manejarse en una red universal de comunicación y trabajo no implica alguna forma de lenidad con lo indebido ni es pasible de sospechas, como pretende inferir Anzola en su visión retardataria del mundo. Sin embargo, lo que se insinúa en su escrito no es una ofensa para los integrantes de ARES, regados en el planeta, entre otras cosas porque no ofende quien quiere sino quien puede.  Es ese el rector que tenemos a la vista.  

(10-11) Anzola, en su prepotencia sin sustento, no está en condiciones de hacer exigencias para las circunstancias señaladas, mucho menos en la pretensión de que se retiren los artículos publicados sobre el caso o que haya retractación alguna. En este último punto, la razón es simple y reiterativa: lo denunciado por ARES es cierto en rigor y no hay nada que cambiar en lo dicho. Tampoco hay razones para pedirle disculpas al señor Anzola ni hacerle algún tipo de reverencia, no las merece en la situación y no corresponderían en caso alguno. Debe quedarle claro al rector que los integrantes de ARES no son sus vasallos desobedientes sino ciudadanos con independencia subjetiva y jurídica, por ello con capacidad para la crítica y el señalamiento a lo que pueda afectar al cuerpo social. Capacidad que tienen obligación de poner en ejercicio. Tampoco puede hablar de dignidad quien no cumple con los compromisos que firmó, discrimina por razones étnicas o de nacionalidad y pretende imponer vasallaje presentando como inmarcesible no un derecho sino un privilegio exclusivo, el propio, que se hace extensivo a la aspiración de impunidad. Pero hay más en esta penosa relación: confunde Anzola en su ignorancia la libertad de prensa con la libertad de expresión. Esa ingenuidad, propia también de la barbarie, señalaría que Anzola no es un hombre malo y en efecto no lo es, pero por otra razón. Para que un hombre sea en verdad malo es necesario, primero, que tenga el alma grande (N. de la R. - aresprensa).  

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* El contrato, punto principal de referencia en los hechos, dice de manera textual en la médula de lo que aquí se trata: “Cláusula primera-Objeto:…parágrafo tercero: el informe final será de obligatorio cumplimiento para las partes porque así ellas lo manifestaron expresamente…”; esto es lo que nunca menciona y niega de manera implícita, con obcecada y al tiempo calculada necedad, el rector Germán Anzola, aunque con más perfidia que porfía y con desmesurada manifestación de tartufismo. 

** ¿Una añagaza verdadera y de peso pesado -unos cuatro millones de dólares-  perpetrada por una de las partes para burlar la buena fe de las otras?

*** 100 millones de pesos en moneda colombiana, equivalen a unos 50 mil dólares, aproximados, al cambio actual. 


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