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HERNÁN ESTUPIÑÁN: ESA FE QUE CAMBIA LA VIDA / LETRAS / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

 

Publicado el 10 de febrero de 2014 / 18.20 horas, en Bogotá D.C.

HERNÁN ESTUPIÑÁN: ESA FE QUE CAMBIA LA VIDA 

Hernán Estupiñán es un reconocido periodista colombiano que se arriesga a afirmar su andar en la literatura, con un segundo libro de una saga de tres. Esa, segunda obra “Tolstoi o el arrepentimiento”, ganó premio el premio “Héctor Rojas Herazo” en el año 2012, y ahora ha emprendido el armado de su tercer esfuerzo literario que trata del reformador alemán Martín Lutero. El primer libro de la trilogía fue un trabajo sobre el músico barroco, también alemán, Johann Sebastian Bach, quien sobrevive al tiempo con sus composiciones de música religiosa, entre ellas la Tocata y fuga en Re menor. El hilo conductor de la saga es el sentimiento que genera la fe y sus transformaciones en esos personajes que dejaron como herencia al mundo un patrimonio moral, además de estético. El caso de Tolstoi es icónico en tal sentido pues se trata de un escritor de eminente posición social en su tiempo, gran fortuna y noble familia, en la Rusia zarista del siglo XIX. En una circunstancia aleatoria abandona renombre y bienes materiales para dedicarse a un resto de vida frugal y ligada con la fe. Una razón de vida que incluye el culto por la no violencia, el cual inspiró en el siglo siguiente al indio Mahatma Gandhi en su lucha por la independencia de su país

Entrevista: Martha Liliana ROMERO 

La vida de Tolstoi que describe Hernán Estupiñán en su libro aborda la rectificación radical de un ciclo vital, en un giro que cualquier experto denominaría “copernicano”. En otras palabras, hace una vuelta diametral con su posición y costumbres cotidianas, volviendo pasos y cara al desafío religioso. Tolstoi era un hombre rico en una tierra de desposeídos para su tiempo y pertenecía a la nobleza, pues era conde por herencia paterna. En ese tránsito cedió las regalías por sus libros cuando ya comenzaba a abrazarlo la gloria, también lo hizo con buena parte de sus otras riquezas familiares y a continuación se sumergió en la fe dentro del cristianismo ortodoxo, pero separándose de las instituciones que terminan por excomulgándolo y, él por su lado, constituyendo un credo cercano a la anarquía y al que dedica el resto de su existencia. Esa actitud se traslada a la educación y a un sentido arraigado por la “no violencia activa” que recoge como parte del legado del norteamericano Henry Thoureau.  ARES dialogó con el autor colombiano sobre el contenido de su obra. 

ARES: ¿Qué es lo destacado del personaje central de su obra, acaso el romanticismo? 

No, porque Tostoi no fue un romántico ni siquiera en lo literario -enfatiza el autor- pues él no participó de ese ciclo histórico, estético y político que fue anterior a su vida. Tampoco lo fue en lo personal porque abandonó a su familia y peleaba con su esposa, que se había tornado insidiosa y alterada por los celos. En su novela “Sonata Kreutzer” toca el tema de los celos y ese abordaje por sí solo lo alejaría del romanticismo. Algunos lo calificaron entonces como un “viejo soberbio”, pero yo no lo veo así y he leído sus diarios personales. Considero que Tolstoi en ese momento busca la verdad a través de Dios, un hombre que pretende un mundo más justo por vía de la fe

ARES: si no fue un romántico, ¿fue entonces Tolstoi un realista radical? 

Veo en Tolstoi a un político contestatario contra el régimen de los zares -aclara Estupiñán- un perseguido no solo por el zarismo sino también por el pecado. Lo veo huyendo de  ese pecado y se aparta del mundo en lo subjetivo y en parte de lo material. Para pecar hay casi siempre compañía y a veces ni siquiera se peca en privado sino en público, buscando el aplauso. Para no pecar es necesaria la soledad. En su desprendimiento Tolstoi construye con sus recursos una escuelita en la Yásnaia Poliana natal, para los hijos de los campesinos y trabajadores, porque entendía que la educación podía transformar al pueblo

HERNÁN ESTUPIÑÁN - Escritor colombiano*

 ARES: ¿…cómo arma usted la trama de sus historias? 

Contar historias es algo natural en mi vida -ilustra el escritor- pienso que incluso  es un poco la esencia de la gente. No encuentro otra manera de comunicar, si no es contando historias porque cuando alguien llega  a un sitio de reunión y ha visto algo en la calle, lo primero que llega a contar es lo que vio. Nosotros somos contadores de historias por naturaleza, el ser humano se debe a eso, defiendo eso y a la fe como eje narrativo en mis novelas

ARES: …pero eso no es suficiente para ser escritor… 

La literatura es una búsqueda permanente, un libro se crea con el esfuerzo de muchos años -precisa Estupiñán- y de investigación, de mucha lectura y de caminar con obsesiones. Luego, se debe aplicar un método, con la pretensión también de encontrar un estilo y un tema, como valor agregado de la obra que se construye. Mis primeros dos libros de cinco en circulación, hablaban de las cosas del mundo y cada vez me sentía más ignorado como escritor. Después comencé a hablar de Dios y eso implicó un giro definitivo en mis temáticas y sentí que Él me indicaba que mi tributo a la Divinidad serían mis libros, de la misma manera como ocurre en la figura bíblica de esa mujer que regó perfume en la cabeza de Cristo

ARES:…¿periodismo o literatura? 

Ese juego no me gusta -distingue el creador- a la hora de hacer periodismo yo hago periodismo y a la hora de hacer literatura, es literatura lo que hago. Mis libros son por lo general novelas históricas pues mi propósito es tomar distancia con los acontecimientos inmediatos, con el diario vivir. Quiero pensar que mis libros son líricos y quizá haya en ellos más poesía que otra cosa. Miro a los poetas con respeto y no concibo a la literatura sin lirismo, puesto que creo en la delicia de leer un libro cuando sus palabras suenan. En periodismo no es importante que las palabras tengan sonido puesto que su búsqueda es la verdad y no lo abstracto o simbólico. El periodismo parte de la verdad y la busca, la literatura se afirma en la ficción y construye una verdad que bien puede ser la propia del relato. Hoy muchos creen que Macondo y Comala existen en la realidad (aresprensa)

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*Foto: M.L.R.R.


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