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MILITARES PONDRÁN CANDADO AL MUNDIAL / ÓRBITA FÚTBOL / MUNDIAL BRASIL 2014 / LOM 

Publicado el 12 de febrero de 2014 / 20.15 horas, en Bogotá D.C. 

MILITARES PONDRÁN CANDADO AL MUNDIAL 

La decisión de la presidenta Dilma Rousseff de convocar a los militares para asegurar la tranquilidad interior durante el desarrollo del mundial de fútbol que tendrá lugar en Brasil al promediar 2014, muestra dos caras de una situación delicada: la intención de resguardar la imagen del país durante el mega acontecimiento y atenuar la desconfianza sobre las responsabilidades que los brasileños en su conjunto deben afrontar para cumplir durante la justa universal. Al tiempo, la decisión presidencial señala que el estado brasileño tampoco tiene confianza en que el peso del gobierno, en particular de las fuerzas civiles de seguridad, y del mismo empresariado que comparte responsabilidad en esta empresa, puedan demostrar que están a la altura del desafío. En particular, las prevenciones de Rousseff apuntan a las eventuales amenazas terroristas y a la repulsa callejera contra el acontecimiento futbolero cuyo antecedente caliente y directo fue la confrontación en las calles durante la anterior celebración de la Copa Confederaciones, a mediados del año anterior

Empero, contra toda dificultad sumada en el panorama previo al Mundial la administración de Rousseff pretende montarse por anticipado sobre lo que estas primeras semanas del año estiman como amenaza al brillo de la celebración futbolera universalLa presidenta de Brasil decidió anunciar que será el ejército del país la institución clave para asegurar la tranquilidad y la confianza de quienes asistan a la cita mundial y a la propia ciudadanía del país durante el festejo deportivo.  

Pero la duda es más profunda, el ejército no es una herramienta del Estado adecuada en términos puntuales para este ejercicio. Ese no es su oficio ni su responsabilidad y en lugar de cerrar la desconfianza sobre las condiciones que tiene Brasil para aventar los temores, en realidad los amplía. Si es el ejército el responsable de la seguridad interna entonces las cosas están graves en verdad como pronóstico de lo que se pueda esperar, no sólo ante la delincuencia común sino además frente a las bandas armadas que regulan el narcotráfico. También contra las agrupaciones de los llamados indignados y los agitadores que podrían sumarse a eventuales protestas alrededor de los estadios y en las calles de las principales ciudades adonde llegarán turistas de todas partes, en especial aquéllas ya establecidas para los partidos

La decisión tiene otras paradojas. No es común  que el estado brasileño decida hacer que sus fuerzas armadas tomen decisiones en lo que hace a la seguridad interior. Los brasileños se ven a sí mismos con suficiente fortaleza como para que sea suficiente con la policía y los otros organismos civiles, estatales o privados, vinculados con la inteligencia y el control de la convivencia, para mantener la tranquilidad general. El mismo imaginario del ejército brasileño no se siente a gusto con esa función, dada entre otras cosas por la mentalidad imperial que siempre lo ha regido, desde el nacimiento del país y afirmado durante la tutela de la larga monarquía que rigió al país casi hasta finales del siglo XIX.  

La propuesta es simple: las fuerzas armadas coordinarán las estrategias de prevención y protección, aunque también deben estar dispuestas a intervenir si se desbordaran las eventuales situaciones que se presenten en las calles. En el aspecto puntual esa participación militar se sintetiza en lo siguiente: 

  • Coordinación general de los operativos interfuerzas,
  • Monitoreo de las actividades en los alrededores de los estadios, cuando sean amenaza de generación de violencia,
  • Manejo integral de la logística,
  • Intervención directa, si las circunstancias lo exigen. 
LUIZ INÁCIO LULA da SILVA DILMA ROUSSEFF 
Expresidenta  Presidenta 
BRASIL

Al margen de lo anterior también pesa en la trascendencia de la decisión del ejecutivo brasileño el hecho mismo de quien hace el llamamiento: la presidencia de Brasil está a cargo de una antigua guerrillera. Es ella como jefe del Estado  quien está convocando a sus enemigos de ayer para que le aseguren la imagen que corresponde a un país que pretende ser potencial mundial, en un proyecto de gran peso simbólico como es la cita deportiva ecuménica, en un proceso en el que pareciera que la propia sociedad brasileña aún no se siente demasiado segura de la responsabilidad que tomó para su propia y eventual celebración

Es necesario y vital para Rousseff asegurarse en lo que hace a garantías para el certamen Mundial de junio. Sus aspiraciones a la reelección la acosan en demasía y el cierre del evento se producirá en plena campaña política para la decisión electoral que se producirá en octubre. La tensión propia de la víspera de ambos desafíos no le dejan demasiado margen de maniobra a la presidenta de Brasil y debe decirse que es una apuesta al todo o nada. El Mundial de fútbol, si las cosas se salen de las manos, enterraría la ambición reeleccionista de una gestión amenazada de credibilidad en forma constante y también de los riesgos de crisis económica con el modelo que se impuso desde el mandato de su mentor y predecesor Luiz Inácio Lula da Silva

El horizonte, a menos de cuatro meses del encuentro deportivo ecuménico, para nada es halagüeño. Además del amenazante atraso en la construcción de los estadios y la infraestructura relacionada también se deben capear los llamados de atención de la dirigencia de la Fifa, cada vez más duras y crueles con la verdadera capacidad del país en la coyuntura. En el plano institucional, las rebeliones de inicio de año en la cárcel de São Luís  -estado de Maranhão- y los crímenes tribales que allí sucedieron con decapitaciones incluidas, le echan sombras anticipadas a la imagen potencial de los acontecimientos por venir. Lo que se pone en la mesa de las dudas, otra vez, es el tema de las garantías de seguridad ante la avalancha de visitas del exterior y del mismo desplazamiento interno de hinchas, con masificación y fervores sustantivos propios de semejante fiesta universal. A esto debe agregarse que también asistirán jefes de estado

Rousseff ha exigido a su equipo de ministros, en arengas vehementes y a puerta cerrada, aprestar y afinar lo necesario para que “nada falle”. Esto, en la certeza de que ese llamado encierra no solo la imagen propia y la de su gobierno sino la suerte de los mismos trabalhistas y de su proyecto de país.  El fútbol tiene para los sudamericanos y en especial para los brasileños la circunstancia de ser emblema y pintura de su alma. Es por eso que un fracaso o máculas, como el desborde de la violencia durante los partidos de junio, pueden derribar el difícil armado que se proyecta al mundo de una sociedad que conforma algo mucho que un simple y folclórico “país tropical” (aresprensa).           


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