EL CAMBALACHE VENEZOLANO / ACTUALIDAD

Publicado el 12 de febrero de 2014 / 20.45 horas, en Bogotá D.C.

EL CAMBALACHE VENEZOLANO 

El ambiente de “cambalache” que pinta en letra el viejo tango de los argentinos es un sentimiento social que campea en la Venezuela actual. Entre denuestos de los altos voceros del gobierno de Caracas y las llamadas a batalla para vencer en la llamada “guerra económica” -que convoca el presidente Nicolás Maduro empoderado a través de la Ley de Habilitante- hay una realidad contradictoria y alucinante: los especuladores son los mismos que han sido favorecidos y se han enriquecido por las medidas del mismo gobierno. La fiscalización y las acusaciones velan esas extrañas relaciones de los poderes de Caracas con aquéllos que son satanizados y, en el mismo instante, bendecidos por la prodigalidad del maná que surge de las medidas del control de cambios. Tal fractura no es suficiente para ocultar las dimensiones de esa realidad que está mediada por el desabastecimiento, la descontrolada inflación y la inseguridad desbordada. 

Escribe: Manuel GAITÁN 

En Venezuela existe un fuerte clima de enfrentamiento mediático debido en parte a la supervisión y control del gobierno hacia las grandes empresas comercializadoras de productos de consumo masivo. En especial, en lo que hace a comercialización, la llamada “línea blanca”. De ese control participan la miríada de organismos de mirada y función fiscalizadora, entre los que se pueden enumerar: ministerios del llamado Poder Popular, dirigentes de la coalición de partidos de gobierno, el Polo Patriótico, gobernadores, alcaldes y concejales bolivarianos, los mandos y oficiales de la Fuerza Armada Bolivariana (FABN), los vanguardistas de las unidades de batalla Bolívar y Chávez (UBCH), integrantes de los concejos comunales, funcionarios del Instituto para la Defensa de las Personas en el acceso a Bienes y Servicios (Indepablis). A esa relación se suman los empleados de la Superintendencia Nacional de Costos y Precios (Sundacoop).  

Un verdadero ejército burocrático en terreno y en operaciones de fiscalización y control con impacto social. El conjunto está conformado por verdaderos pelotones de choque de esforzados y despabilados empleados del Estado y de sus núcleos de apoyo, que han insurgido de manera “valiente” contra los “capitalistas, especuladores y hambreadores”, que integran el frente opuesto en lo que se ha denominado “guerra contra la especulación”. Una cruzada entablada por el círculo más alto del Palacio de Miraflores que encabeza el inefable presidente Nicolás Maduro. Una ofensiva de corte protomilitar desarrollada con base en el orden cerrado y en la marcial posición de rodilla en tierra.  

La movilización está respaldada por la Ley Habilitante que le aprobó la Asamblea Nacional a Nicolás Maduro, a finales del año pasado. El presidente obrero y “primer conductor” de la República -según la misma propaganda oficial-  consiguió ese instrumento para implementar durante un año y al que la oposición señala como otra herramienta para avanzar en la conculcación de libertades. La criticada ley entró en vigencia en los días finales de diciembre y en un contexto particular como es el de las festividades de fin de año –ampliada por el gobierno como “Navidad anticipada”- y con el pago de las utilidades de época a los empleados públicos, que son más de un 60 por ciento de la fuerza laboral del país, y en la etapa previa a las elecciones municipales que se realizaron el 8 de diciembre.  

En ese escenario, Francisco Ameliach, gobernador del estado Carabobo, señaló que los dueños de las reconocidas tiendas Dakka, estaban saqueando al pueblo con remarcado de precios sobre los productos en góndola. En su declaración, el mandatario regional no completó la información que es secreto a voces y muchos reconocen sin disimulo ni vergüenza: los dueños de estos prósperos comercios han cimentado su sorprendente y repentina fortuna gracias al apoyo de los organismos financieros del Estado, para la obtención de divisas controladas al cambio un dólar por 6.30 bolívares fuertes.  

A partir de esos insólitos favores oficiales estos comerciantes han vendido sus productos importados con precios especulativos a niveles increíbles, que les han permitido multiplicar ganancias a tasas de mil por ciento. Los importadores y comerciantes cuestionados se han aprovechado del clima de “mareo nacional”, producto del bochinche social que llega desde el propio aparato del gobierno. También influye en el caos venezolano el ambiente de cambalache que pinta el tango  tradicional y que incluye como protagonista al propio gobierno.   

En efecto, el coctel explosivo de inflación desbordada, la demanda nerviosa de mercaderías por los consumidores tan ávidos como desprevenidos al tiempo que temerosos sobre el futuro, la oferta intermitente de productos, el desmantelamiento del aparato productivo y la cultura rentista sedimentada, son factores de perturbación permanente que impactan e incrementan la agitación política constante que se estimula desde el gobierno.  

Esa cultura cristalizada, que se apoya en la idea de que el ingreso llegará aunque el esfuerzo sea asimétrico con el merecimiento, es el producto de un siglo de industria petrolera y en relación vigente con la mentalidad especuladora y saqueadora de un núcleo empresarial vinculado a través del beneficio con el poder político. Todo esto conforma el marco que traza, en símil con el imaginario colectivo venezolano, la letra del relativamente distante cambalache rioplatense (aresprensa) 


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