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ESTADIOS: EL DRAMA DE LOS ATRASOS / ÓRBITA FÚTBOL / MUNDIAL BRASIL 2014 / LOM

Publicado el 09 de marzo de 2014 / 19.30 horas, en Bogotá D.C. 

ESTADIOS: EL DRAMA DE LOS ATRASOS 

El anuncio con que ratificó la Fifa la confianza de que Brasil será capaz de tener sus estadios listos para la empresa mundialista no acalló las reservas y las dudas generalizadas, no solo en Brasil sino en el resto de América Latina e incluso del mundo. El dedo en la llaga está en Curitiba y ese estadio se ha vuelto emblemático en el sentido de lo que hasta hoy no ha podido cumplir el país anfitrión del Mundial. Pero no es el único, también Cuiabá está en la mira de todos. Además, el teatro futbolístico que se construye en Manaos muestra lentitud en la culminación de trabajos. No es poco si se mira en términos de dimensión del evento que se desarrollará en el Brasil y del horizonte que atenaza a la sociedad brasileña en su conjunto en lo que hace a su buena imagen. Ya hubo dramas en esto de las obras atrasadas. En diciembre pasado murieron dos trabajadores en São Paulo, sometidos a un trabajo intenso por fuera de los límites habituales de exigencia. Podría decirse que el riesgo de obras de esa magnitud produce accidentes a veces luctuosos, pero otras fuentes sostienen que la urgencia marginó medidas de seguridad básicas para la protección de los trabajadores y eso también impacta la imagen que se quiere afirmar como una suerte de “marca país”. Para colmo, la premura y la angustia de los organizadores también ha provocado desatención de las normas ambientales y eso podría generar sanciones que están en puerta. La inauguración reciente del estadio de Manaus no le baja decibeles a la preocupación generalizada. 

Lo que afecta a Curitiba no es poca cosa. Se trata de una ciudad emblemática de Brasil pues en el tramo final del siglo pasado se la propuso como una urbe de “mostrar” y hacer evidente el propósito de que se estaba  edificando una suerte de novo pais -privilegio que comparte por otras razones con Brasilia- además de diversas razones que se afirman en la zona donde se encuentra la ciudad. Se trata de un sector al sur de Brasil en el que se halla en lo que se considera como el sector de población más emprendedor y “serio”, en lo que hace a la forma de asumir la modernidad y eso incluye la promesa de que se cumple lo que está planeado.  

Es por eso que la ciudad no puede quedar excluida de la lista de escenarios para este Mundial, pero le caen sospechas muy fuertes sobre la eventualidad de que no pueda alcanzar lo prometido. Haberla excluido de la lista negra tendría un costo de visibilidad y prestigio muy alto para la dirigencia brasileña. El hecho de que la Fifa haya hecho la vista gorda frente al marcado atraso del estadio Arena da Baixada, de Curitiba, no cambia la materialidad de la circunstancia de fondo: los lapsos corren y el compromiso sigue sin cumplirse. 

En suma, la esperanza máxima es que se estén poniendo los artes finales del estadio más complicado con este problema cuando, con suerte, se estén realizando las ceremonias de inauguración. Todo indica que entre los últimos mundiales, éste es el que muestra mayor atraso y genera mayor sensación de incertidumbre sobre ese acabado de obras que tensiona y aprieta a la dirigencia brasileña en lo que hace a su disposición y cabalidad para cumplir los acuerdos.  

Lo que hubo de sobra en su momento fue el tiempo suficiente para desarrollar lo planeado. Al lado de las demoras campean otras sombras como las evidencias de corrupción y las sospechas de que ese factor erosionante de los buenos propósitos es mayor de lo que pueda imaginarse. Los atrasos persisten y continúan desde hace tres meses, cuando el ministro de Deportes Aldo Rebelo, agobiado por las exigencias internacionales, debió admitir que las obras no se entregarían al finalizar el año 2013, tal como estaba convenido. En aquel momento eran al menos cuatro las sedes puestas bajo observación crítica.  

Aunque el funcionario señaló en esa oportunidad que los trabajos estarían terminados para las pruebas, en vísperas de la competencia, lo cierto es que persiste la incertidumbre frente a las reiteradas promesas fallidas. En aquella ocasión demasiado cercana en el tiempo, la preocupación se centraba en Porto Alegre y São Paulo, además de Curitiba, y aún no caía bajo la lupa censora el tema del atraso en Cuiabá. En total, esto representa más de un 20 por ciento de todas las sedes.  

Algo demasiado abultado para digerir sin dificultades. Incluso ni siquiera se cumplieron los plazos que dio Rebelo, cuando señaló que para fines de enero recién pasado ya las obras dejarían de generar inquietud. Esa desconfianza sigue y cada vez es más pronunciada. Los trabajos siguen en veremos y sin tiempo inmediato como para señalar con asertividad cuándo se concluirán. En seis de los estadios preparados para este Mundial en ciernes, se jugó el año pasado la Copa Confederaciones, los otros tres que se agregan -para que las cosas cierren con final feliz- son los de Natal, Manaus y Cuibá

Al día de hoy, tres de los 12 estadios comprometidos para el certamen están con inauguración pendiente. En la acelerada se han pasado por alto variables ambientales inmediatas, de accesibilidad y, como se señaló, normas de protección laboral y de sostenibilidad. Ese tema de la sostenibilidad medioambiental es crítico en la coyuntura puesto que parte de la financiación prevista depende de una prolijidad que se está pasando por alto. Tales exigencias reclaman el uso de agua de lluvia en los baños y la irrigación del escenario, tanto como el uso de energía solar. Desafíos que los brasileños aseguran que podrán terminar, a despecho de lo que por ahora es evidente: un atraso protuberante y peligroso a la posibilidad de una celebración plena (aresprensa)


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