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EL LEVANTAMIENTO EN VENEZUELA / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de marzo de 2014 / 20.34 horas, en Bogotá D.C. 

EL LEVANTAMIENTO EN VENEZUELA* 

La muerte de dos reinas de belleza en las primeras semanas del año, en hechos y circunstancias diferenciadas de tiempo, modo y lugar pero con idéntico resultado funesto, podría ser sólo un dato más en un país en el cual la estadística muestra como uno de los más violentos del mundo y que padece un escandaloso número de bajas civiles sin guerras abiertas en el interior o el exterior. Salvo el peso simbólico de quienes fueron las víctimas, lo cierto es que nada dicen dos unidades más a la escalofriante cifra de casi 25 mil muertos durante el año pasado en esa Venezuela donde se experimenta, dicen sus mentores, una revolución que pretende la igualdad de todos.  Un propósito que por ahora se cumple, sobre todo, en la aludida cifra siniestra. También es evidente que el discurso de confrontación que lleva adelante desde hace tres lustros el Palacio de Miraflores, agregado a la tremenda crisis tanto económica como social debía terminar estallando, como ocurrió, en la cara del gobierno de Nicolás Maduro y de la dirigencia bolivariana

Ocurre que el ejercicio de la violencia, la polarización y la confrontación abierta, es un elemento clave del discurso de ese gobierno que alienta la presunción de un proceso revolucionario en marcha.  Al inflamar, condenar y criminalizar a quienes no están de acuerdo con su relato, además de alentar a formaciones de civiles armados que se comportan como bandas criminales en lo que hace a amenaza de terror paraestatal, no es posible suponer que pueda haber cifras y resultados trágicos diferentes a los que se observan a diario y que ahora incluyen  a los jóvenes asesinados durante las protestas generalizadas en las calles de las ciudades venezolanas. Las últimas, acaecidas desde mediados de febrero durante las persistentes manifestaciones populares, en desafío y rechazo a la dictatorial labor de Nicolás Maduro -el conductor- su proyecto y su entorno. Las consecuencias están a la vista.  

Es probable que el rechazo multitudinario a la dictadura filosoviética -por vía del atavismo cubano- haya sido una sorpresa para Maduro y sus círculos de poder, no por imprevisible pues era sabido que podía saltar la olla a presión en la que habían convertido al país y a su sociedad, a medida que se profundizaba el proyecto autoritario y neogorila del siglo XXI. Una directiva de Estado que además del aliento cubano recibe el determinismo ideológico del sombrío Foro de São Paulo, como proyecto de largo plazo. Ahora la dirigencia bolivariana se altera porque desde estadistas y premios Nobel en el exterior hasta jefes de gobierno en ejercicio, critican el enfoque y la actitud represiva del gobierno venezolano hacia la extensa protesta callejera, pero olvidan el intervencionismo con frecuencia grosero y chabacano que surge de Caracas en las crisis políticas internas de otros países, tal como ocurrió en Honduras, el Paraguay y la propia Colombia.  

El proceso político que sigue la Venezuela bolivariana ha tenido logros, es cierto, y nada se ganaría con negarlo en el plano de la atención a los sectores más desprotegidos con el aporte de médicos y maestros cubanos, entre otras formas de subsidios que no borran la pobreza pero hacen creer que sí. Tampoco eso, la búsqueda de justicia social,  es una razón para tratar de imponer una dictadura con un plan de modelación que no por el afán de igualar en lo social deja de ser perimido, con el asocio icónico y concreto del referente cubano y su evocación de la Guerra Fría. Es cierto también que la oposición sigue sin aparecer unida y no todos sus líderes estimulan la salida a la calle de los jóvenes indignados, lo que es positivo porque el extremismo no es bueno desde cualquier polo que surja.  

En la agitación trágica de las calles, la administración de Caracas recibió dos apoyos que son una suerte de “abrazo del oso”: la del dictador sirio Bashar al-Assad y la del dirigente nazi-fascista argentino Luis D´Elía. El primero ametralla y bombardea a su pueblo desde hace dos años con un saldo de víctimas civiles en aquel país que ya se aproxima a los doscientos mil, en tres años de lucha interna. El segundo pidió que se fusile al opositor político, hoy preso, Leopoldo López. Nada más afín al proyecto bolivariano que este tipo de exaltados respaldos, mientras acusan de “fascistas” a sus opositores. Olvidó el extremista rioplatense -quien es parte de los círculos inmediatos de la presidenta Cristina Fernández y niega el holocausto- que López es un socialdemócrata afiliado a esa internacional política. Nada más lejos del fascismo que muestran en sus actos tanto el argentino como los bolivarianos.  

Las cifras de nivelación social en lo educativo, la salud y acceso al consumo  que el propio chavismo se ha encargado de pregonar, se contraponen a la falta permanente de elementos básicos de la mesa y de la cotidianidad. Algo que, al tiempo, consume lo ahorrado en términos de chequera electoral, pues en el día a día del ciudadano la escasez culmina en la impaciencia, la impugnación y la protesta. Es inimaginable tal dimensión de la escasez de productos del diario  vivir en un país que derrama petróleo hoy con relativo alto precio por barril. No es posible una explicación racional al derrumbe, salvo por lo perimido del modelo, que no se podría fundamentar ni siquiera con la rampante corrupción que la oposición le endilga al alto gobierno y que incluye a los integrantes de la familia Chávez.

El debilitamiento aun mayor del siempre cuestionado Maduro, por lo que ocurre en las calles de las ciudades venezolanas, se amplía día a día mientras las apetencias por el poder dentro de las filas bolivarianas apuntan al reemplazo posible por alguien más cuestionado que el mismo Maduro: Diosdado Cabello. La presencia del actual presidente al frente del Ejecutivo se produjo dentro del manto de dudas que provocó su triunfo en las urnas, en unas elecciones que han mostrado una paulatina pero constante reducción del capital electoral del proyecto bolivariano. En el año 2006 y en vida del presidente Hugo Chávez, el porcentaje de victoria por encima del rival de turno fue del 26 por ciento. En la última elección del fallecido expresidente, en el 2012, el porcentaje por encima del rival de turno fue tan solo del 10 por ciento, en tanto que Maduro llegó a ratificar su mandato con una mínima y sospechosa mayoría por encima de Henrique Capriles, que apenas alcanzó el  1.5 por ciento

El debilitamiento electoral, que ha estado creciendo desde hace ocho años, no impidió en el entretanto la continuidad de la atropellada contra la división de poderes, los balances de control de lo público, la libertad de expresión en tributo y función del relato oficial e incluso la independencia de la justicia, al tiempo que se fue afianzado el control cubano sobre la evolución del proceso. La debilidad en confianza y de origen hacia la figura de Nicolás Maduro -en lo que hace a la realidad de su liderazgo- ya comienza a generar alertas sobre lo que los oficiales de las fuerzas armadas podrían estar meditando en casinos y ámbitos de reunión encuadrada, pues a éstos no puede resultarles nada grata la presencia permanente de cubanos que les ordenen o que supongan que es necesaria su asesoría en el patio propio. Esto sí es alarmante, porque en verdad nadie quiere un golpe de estado sino un balance y alternación de poder, como debería suceder en cualquier democracia sana

También es oscuro el futuro en lo que hace al desarrollo de la penosa situación económica y la crisis social que sigue, en símil con la letanía cubana, inculpando hacia el exterior y en el complot -no a la caducidad de un modelo económico y a su inevitable fracaso- la causa que ha generado el levantamiento generalizado contra el control bolivariano. Un cambio de situación en Venezuela y en este momento, sería un golpe mortal a las posibilidades de supervivencia de la geriatría cubana, cuyo tubo de oxígeno y plasma están conectados a Caracas y al flujo petrolero que llega desde el golfo de Maracaibo.  

Por extensión, el mensaje es también poco alentador para esas izquierdas fundamentalistas que han bebido y se han alimentado del metarrelato que emergió en Caracas. Aquéllos que, por ejemplo, han recorrido los diversos escenarios del mundo con fondos que en su tiempo surgieron de las arcas de lo que fue la empresa binacional “Monómeros Colombovenezolanos”, denostando contra los gobiernos de la región -entre ellos el colombiano- ya deben estar poniendo barbas y turbantes en remojo, pues nadie niega que la proyección de esos voceros oficiosos de la dictadura de Caracas ha sido, sin miramientos, la de imponer en el vecindario un modelo parecido al chavista.  

Lo que sucede en Caracas terminará por pasarles a esos personajes facturas en términos electorales e históricos, pues suponen que Bogotá y otras capitales deben prepararse para una experiencia semejante. Eso incluye a uno de los bordes de la mesa de conversaciones de paz en La Habana, porque debe decirse con claridad y aunque parezca una contradicción, desde la perspectiva marxista: esa izquierda recalcitrante y extremista o cooptada por el extremismo, nunca quiere aprender algo de la realidad cuando esta les golpea el hirsuto rostro. Prefieren mirar para otro lado o culpar del desastre que generan, a las víctimas de las consecuencias de sus miserias y miasmas (aresprensa).  

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* La columna Doxa define la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES 


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