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INJUSTICIAS DE AQUEL OSCAR 2014 / CINE / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 15 de marzo de 2013 / 20.50 horas, en Bogotá D.C.

INJUSTICIAS DE AQUEL OSCAR 2014 

Fue aquella una velada para olvidar, con excesos y mal gusto bien distribuido, aunque en verdad no se esperaba mucho más. Nada podía ser diferente si Ellen De Generes orientaba la dinámica en la gala. Humor sí, y mucho, pero para el gusto de norteamericanos como Homero Simpson, que no son pocos. Un trámite demasiado largo -tres horas y media, con el peso del tedio- hizo más pesado el desafío de esa noche de inicios de marzo en la que se cumplieron buena parte de las previsiones para esa edición 86 de entrega de los premios Oscar. Casi siempre, quienes conocen los vericuetos de la ceremonia y la decisión de los miembros de la Academia, esperan de manera inútil que las cosas mejoren. Tampoco se concretó el frenado anhelo en esta edición, pero unas pocas premiaciones con justicia aliviaron el bostezo que produjo el resto y esto incluye la distribución de pizza en plena ceremonia, con el rechazo en rictus de  dignidad de algunos astros y estrellas que asistieron a la gala. 

Escribe: Maglio GARAY 

La nómina de los  elegidos repitió la circunstancia de no hacer coincidir al mejor director con la mejor película. Eso ya había ocurrido en ocasiones anteriores y en la versión del año pasado, cuando se produjo una fractura entre el veredicto del Sindicato de Directores y el resto de los académicos que deciden sobre estos rubros, volvió a suceder. En esa ocasión el lauro a la mejor película recayó en “Argo”, en tanto que el director laureado fue Ang Lee 

Pero a diferencia de lo ocurrido en el 2013, en esta versión de la entrega de premios se hizo ver la fractura en el hecho de que, más que un director un “artesano”, se alzara con ese codiciado trofeo principal. Porque eso fue lo que mostró Alfonso Cuarón como mérito, su artesanía, no su dimensión de director. Su trabajo con “Gravity” lo demostró de esa manera y nada más. Es por eso que se llevó 7 premios en áreas técnicas. Se le dio un máximo reconocimiento por la pericia para manejar efectos especiales, no por la orientación de un drama actoral o la certeza para interpretar una trama y hacerla germinar en el elenco. Ni siquiera la imperceptible, solitaria y plana presencia de Sandra Bullock en la película mencionada daban para lucirse como director. Esto fue una verdadera decepción al respecto 

Un contraste protuberante con lo anterior fue el manejo que le dio Steve McQueen a su grupo de actores en “12 Years a Slave”. Algo disuelve cualquier razón como para suponer que fuese acertado el reconocimiento a Alfonso Cuarón, enfrentado al trabajo de este británico afrodescendiente que rivalizó con el mexicano en la carrera por el Oscar.  Vale decir, para reforzar la hipótesis, que en esta otra película hubo tres de sus protagonistas nominados: Lupita Nyong´o, entre ellos.  

Ese es el peso que le permitió a su trabajo orientador el acceder con su obra a la condición de nominado a mejor película, esto a pesar de lo repetitivo de un argumento caro a los sentimientos de la mayoría de los académicos. Una gran diferencia con Cuarón que muestra un gran vacío entre su premio como director y los méritos de los galardones técnicos, es que no hubo siquiera una mención favorecedora para el casi inexistente argumento de “Gravity”, a diferencia del trabajo de McQueen 

Un detalle anexo en estas premiaciones es que tanto “Gravity” como la premiada son producciones con mayoría de factura inglesa y en la realización del filme de los esclavos, se hizo posible su realización con la intervención del respaldo financiero y actoral de Brad Pitt. Esto quiere decir que la Academia ya no está premiando a las produccciones de los grandes estudios, esos que crearon la tradición y el peso simbólico de Hollywood.  

En esa línea de criterio, la presencia de Pitt no es un simple dato. Valga recordar que el año pasado apareció Ben Affleck como productor del filme ganador, en tanto que en este año aparecieron en el rol de productores George Clooney, en “August”; Leonardo Di Caprio en “El Lobo de Wall Street” y Kevin Space en “Captain Phillips. La inserción de Di Caprio en esta lista de intervención requiere una línea aparte para su interpretación de sí mismo -su constante autorreferencia- vista en la trama que dirigió otro repetitivo: Martin Scorsese 

Un incomprensible exabrupto de aquella ceremonia fue el reconocimiento en reminiscencia al “Mago de Oz”. Una tibia remembranza con un bache incomprensible puesto que en el año que se distribuyó esta película se considera que fue el de los mayores logros de la industria de Hollywood. Se notó el que quedaran por fuera de alusiones obras magnas, como la ganadora del Oscar en ese momento: “Lo que el Viento se Llevó”. Pero hay más, en la puja de aquella ocasión por la estatuilla -año 1940- estuvieron compitiendo filmes clásicos y de culto, tales como “Adiós Mr. Chips”, “Cumbres Borrascosas” o “La Diligencia”. Ese olvido hace que el homenaje de la Academia quedase en un evidente vacío de contenido y volvió muy delgada la misma pretensión de homenaje.   

En lo que hace a las composiciones musicales suceden cosas similares. Nadie comprende esa reiteración en premiar los insulsos sonsonetes que repiten con el mismo molde los creativos asalariados de la marca Walt Disney. Son composiciones que no saldrán para ser escuchadas más allá de las mismas películas y del recinto donde se celebró la gala, salvo por la puerta de atrás. Algo similar debe decirse de las canciones y el show de vocalistas y conjuntos de la velada. Nadie duda que Bono hace mucho que se interpreta a sí mismo, tal como lo hace Di Caprio en la actuación. Muy distantes estuvieron estas presentaciones musicales con las vistas en la edición anterior, pues aquella versión coral que hizo el elenco completo de “Los Miserablesquedará para siempre en la retina y la memoria del oído 

No existe explicación para la presencia de Will Smith anunciando el nombre de la mejor película, salvo por la aspiración indirecta de dar cada vez mayor atención al respeto por el tema étnico. Esas gaffes quedaron disimuladas, eso sí, por la majestuosa presencia en el escenario de Kim Novak y Sidney Poitier. Esto en contraste con la desprolija y rápida salida de la inefable Whoopi Goldberg, vestida como para un “almuerzo de olla”, haciendo paralelos con una expresión popular y un estilo no siempre bien visto en América Latina. Una presencia como la de Goldberg marcó un abismo de diferencia evidente confrontado con la elegancia y el garbo que mostró Penélope Cruz en la gala.  

Otro bache mayúsculo en la memoria de quienes programaron la ceremonia, estuvo en la sección “Obituario”. Nada justifica haber dejado por fuera de la recordación a un actor como Tony Musante o a unas estrellas de la talla de Eleanor Parker o Rossana Podestá, ambas nominadas al Oscar en su tiempo e integrantes de la galaxia Hollywood. Pero esa desmemoria no debería sorprender porque también fueron borrados de la lista de ausentes nombres de talla internacional que se apagaron en el 2013 y estuvieron vinculados con Hollywood, tales como la española Sarita Montiel y el italiano Giuliano Gemma. No podrán decir que ese sospechoso olvido en esta parte de la ceremonia se debió a la falta de tiempo (aresprensa).  


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