COLOMBIA: UNA DIRIGENCIA DE JUGUETE / ACTUALIDAD

Publicado el 29 de abril de 2014 / 16.55 horas, en Bogotá D.C. 

COLOMBIA: UNA DIRIGENCIA DE JUGUETE  

El gobierno colombiano ha impulsado la nueva era del diálogo, ¿a qué precio para los ciudadanos del castigado país?, muy alto y hasta hoy con poco éxito, tal como estaba previsto. El jefe del grupo negociador por el gobierno y el ministro de Defensa ya han expresado ideas que develan lo que todos sabíamos desde hace rato: las FARC no quieren dejar ningún rubro de su lucrativo negocio: el diversificado portafolio de narcotráfico, el mercado ilegal de armas, el secuestro y el terrorismo, entre otros. El tiempo para alcanzar los objetivos políticos que no alcanzaron por la fuerza les importa un pito. De hecho, no han salido del marxismo que bajo la sombría interpretación de los ideólogos del grupo ilegal e ilegítimo se convierte en un ideológico esperpento, momificado desde el siglo XIX. Para colmo, en La Habana, ninguno de los funcionarios enviados a Cuba desde la Casa de Nariño ha pasado por una especialización, seminario intensivo o maestría en negociación, pero no interesa tanto la formación previa porque lo que se negocia no requiere, se supone, de demasiada experticia.  

Escribe: Francisco TAMAYO COLLINS*  

Esto parece un juego y por supuesto que lo es: es el juego de quienes se relamen las manos untadas de “mermelada”**, mientras acusan de todos los males a otros, esos que hacían algo que los ciudadanos podíamos ver y tocar: la promoción de una política estratégica de protección y seguridad para los ciudadanos -muchas veces atacada- pero llena de logros, que se reconoce y se recuerda en la historia reciente

Cada vez es más evidente que acompañar nuevos liderazgos en el cambio que se está llevando a cabo al interior de la dinámica electoral colombiana, es el camino a seguir. Por supuesto, liderazgos respetuosos del orden jurídico, a los que no se les ocurre acabar con la Constitución –imperfecta, jamás moribunda- ni azuzar luchas de clases, ni odios exaltados y armados así sea en lo simbólico, ni pretenden implementar modelos económicos desuetos sobre ámbitos en los que reina la escasez y que son los que están fracasando en el vecindario.  

Por eso es bueno compartir algunas ideas que pueden ser útiles para crear un espacio de reflexión ciudadana y crítica política, sin nombres ni apellidos, sino desde el bolsillo exánime de quienes ostentan el cada vez más paupérrimo título de ciudadanos. Leyeron bien: sin nombres ni apellidos. Hay lecciones, hoy olvidadas, que John Locke, un siglo antes de los ilustrados franceses, enseñó con tanta lógica y precisión que hoy resultan asombrosas. Esas precisiones de la realidad que hacía el pensador inglés se pueden sintetizar en una máxima que conocían los abuelos: “¡vea, mijo!, desde el bolsillo, la realidad se ve con claridad”.  

Ya va siendo hora de que nuestra triste dirigencia de juguete sepa darnos una respuesta adulta pues como contribuyentes, luego de 200 años de cínico festival de despilfarro, se exige respeto por los recursos del estado y porque es tiempo de que se cierren dos siglos en los cuales campeó y continúa la más rapaz y criminal corrupción, con más naturalidad que la que tuvo el Cid por las dehesas ibéricas. Es por eso que tenemos todo el derecho de exigir.  

La exigencia es ser directos: se acabó el espacio para las promesas, se requieren resultados; por ejemplo el de una infraestructura civil y pública hecha con calidad, en la que se aprecie cada centavo que se invierte. Aunque no lo crean quienes resultan electos con miles de votos -que compran con un tamal o una teja- el mundo de nuestros días está gobernado en muchos países por personas que ofrecen alternativas para avanzar. De esta manera, y no negociando lo innegociable, los líderes del siglo XXI encaran con éxito las problemáticas de la gente. La idea es sumar y multiplicar. Hacer las cosas bien, esa es la tarea

Al compartir este sentimiento que late en el corazón de las mayorías, se debe decir que a los ciudadanos les llegó la hora de cobrar por los impuestos que pagan. No es posible seguir siendo inexistentes, como ciudadanos, para presidentes, gobernadores, jueces o alcaldes.  Después de ver el estado de nuestras calles, acueductos, carreteras, ríos, puertos, puentes, andenes, escuelas, hospitales y parques, las exigencias a los responsables se mantienen y aumentan. Todo tiene un límite y, desde la libertad e impulsando un capitalismo social -tal como lo propuso ese gran santo que fue Juan Pablo II- es necesario buscar y encontrar respuestas desde el principio de ciudadanía, dado que quienes nos gobiernan son incapaces de brindarlas.  

En el inicio es necesario preguntar –porque tenemos la obligación de hacerlo- ¿dónde están nuestros impuestos? Sí, esa plata que pagamos para que nos den una vida decente en lo mínimo. A ver: ¿dónde están las fases 1, 2 ó 3 de obras que ni siquiera podemos ver en un plano? Respuesta típica: “¡Ay, disculpe, es que yo no sé qué pasó con el presupuesto…! ¡Ah, sí!, es que todavía el estudio que contrató el doctor no se ha terminado de evaluar…”  

¿Cuál doctor?, ¿Cuál estudio?, ¿Cuál presupuesto?; lo simple de lo que se plantea es: ¿dónde está el resultado por el recurso que se le pagó al señor edil, al concejal, diputado, alcalde, gobernador, representante, senador, ministro o presidente?; ese pago para que nuestras familias puedan disfrutar de una calle decente y limpia, de un acueducto que se espera desde hace medio siglo, para que los niños no se mueran de infecciones causadas por el agua contaminada, a la que el responsable de turno no ha sido capaz de hacer potable.  

Eso último, lo de la potabilidad del agua, aunque exista la tecnología que daría término al problema desde hace 40 años. ¿Será que no hay derechos -en pleno siglo XXI- para gozar de una clínica bien dotada donde no se muera la gente, o de una escuela moderna donde los profesores no se vayan a paro porque la nómina no se les ha pagado desde hace meses o porque el techo del salón ya se viene abajo?; en síntesis: ¿dónde está el dinero que se va con los impuestos?  

En las ciudades de otros países, donde sí existen dirigentes de verdad -las mismas ciudades que ellos visitan para pasar vacaciones, también pagadas por los ciudadanos- las respuestas y las preguntas son bien diferentes. La democracia no se hace con balas ni con babas y mucho menos con una dirigencia de juguete. Se hace con gente pensante, que entiende que las ideas, cuando se transforman en obras concretas, abren la puerta al desarrollo humano y social. Siempre desde la libertad, por la libertad y para la libertad (aresprensa).

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* El columnista Francisco Tamayo Collins es un académico colombiano formado en el área de Filosofía y manifiesta ser un “ciudadano de a pie”.

** En el lenguaje político colombiano reciente se designa como “mermelada” a los fondos del Estado que se dedican a comprar votos y voluntades políticas, también a la corrupción.


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