LA SORPRESA PANAMEÑA / ACTUALIDAD

Publicado el 08 de mayo de 2014 / 12.25 horas, en Bogotá D.C.

LA SORPRESA PANAMEÑA 

El país clave para la comunicación entre el Atlántico y el Pacífico eligió un nuevo jefe de Estado entre un lote de barajas que ofrecía alternativas bien disímiles, el propio triunfador antes de conocerse los resultados oficiales es una suerte de rara avis para condiciones normales de una democracia, mas no para una convulsionada América cuya política se ha vuelto una especie de página literaria que retrata sus fuertes contradicciones. Juan Carlos Varela, el candidato que ha sido elegido es, al mismo tiempo, vicepresidente del actual mandatario y fue su canciller hasta dos años largos. También ha sido el principal opositor de última hora a su gestión. En ese caprichoso cuadro, el corte de cuentas hace suponer que el nuevo mandatario cambiará una parte de la hoja de ruta trazada por el presidente Ricardo Martinelli y ha mostrado un plan de gobierno que apunta a insistir con otras que ha seguido el país hasta el momento. Los cambios incluyen la eventual solución de la disputa y distancia trazada con la vecina y pugnaz Venezuela de Nicolás Maduro que, hasta ahora, se opone a pagar la deuda con los empresarios de la  ístmica república, de memoria sudamericana pero insertada en el disímil panorama centroamericano. 

No se esperaba la contundencia de la victoria de Varela, incluso hubo quienes ni siquiera la imaginaban como posible. Los verdaderos y únicos optimistas en los días previos a la elección del domingo anterior solo eran aquéllos que  participaban de la campaña de Varela y esto, aunque no era un simple ejercicio de diletancia política, parecía que quedaba relegado al ejercicio de pensar con el deseo. La presencia del venezolano e inefable estratega J.J. Rendón en la campaña, como asesor de Juan Carlos Navaro, otro de los candidatos presidenciables, le puso picante a la justa e hizo pensar que le nombre auspiciado por el gobierno, José Domingo Arias, tenía grandes posibilidades y una cuota de asertividad anticipada en la suerte de la continuidad oficialista. Pero todo salió al revés y el mimado por las mieles oficiales quedó relegado a una terciaria posición en los resultados.    

Lo poco posible se convirtió en realidad contundente, Varela, ese candidato que había abandonado las filas encuadradas de manera disciplinada por Ricardo Martinelli, se salió con la suya y le propinó al popular pero controvertido presidente, una verdadera paliza electoral que lo dejó en cueros en la eventualidad de mantener una cuota importante, de peso, incluso en las administraciones locales. El actual mandatario panameño y sus parciales perdieron incluso la alcaldía de la capital, aunque también debe decirse que en el parlamento el presidente electo no tendrá mayorías 

Ese resultado que dejó estupefactos a muchos, alentó la salida oportuna y oportunista del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para buscar la posibilidad de un arreglo con la nueva administración panameña. Lo único que queda por saber es si esa posibilidad de arreglo incluye la cancelación de la abultada deuda que tiene Venezuela con sus acreedores panameños, puesto que, como se sabe, la crisis venezolana hace que todo reclamo de pago que en el plano internacional se tome con ese país hace remotas las posibilidades de hacerlo efectivo, vale decir, mantiene lejana la eventualidad de su cobro.   

Ricardo Martinelli Juan Carlos Varela
Presidente saliente Presidente electo

                                                                                

Todo se derrumbó para el oficialismo, como lo planteaba una vieja balada, y el ímpetu de invictus de su titular -con bizarros excesos que por su evidencia se convirtieron en ingredientes de la derrota- debió dejarse de lado en la cruda hora en la que debió reconocer que su opositor se había encaramado en la victoria insospechada. La desnudez del presidente en la emergencia terminó de dar visibilidad a  la dimensión del ajuste de cuentas que Varela describió de inmediato, en especial en el tema de lo implícito en los grandes contratos de infraestructura que se realizaron durante la gestión de Martinelli 

El impacto de la visión desarrollista, en lo pragmático, del titular del gobierno saliente ha convertido en un lustro a Panamá en una gema para mostrar al gusto de los observadores internacionales. Algo importante para las inversiones potenciales que giran por el mundo y buscan donde anidar, aunque sea en forma de capital golondrina. La ampliación del canal interoceánico, el metro para el transporte masivo de la capital y las carreteras de alto impacto han sido el rédito de la gestión Martinelli. En contraste, la canasta cotidiana -esa que manejan los sectores asimétricos de una sociedad que se pretende opulenta- mostró en estas elecciones sus reclamos: inseguridad creciente y alarmante, un elevado costo de vida en continuo ascenso y el descuido en la infraestructura básica de servicios públicos para la mayoría de la población -sobre todo en agua potable y redes sanitarias- entre los que se incluye la educación, fueron los indicadores que dieron al traste con la megavisión de la fuerza oficial.  

La intromisión de Martinelli en ámbitos sensibles de la frágil institucionalidad panameña -como parte de un proceso democrático aún en construcción- también fue un elemento que le aportó a la catástrofe para el interés de la gestión saliente. El exceso tropical llegó al exabrupto político de pretender que la esposa del mandatario acompañase como candidata vicepresidencial al derrotado Arias, pero eso fue sólo un botón de muestra de los excesos del Ejecutivo, que abrieron el camino para el castigo de las urnas. Esto sumado al compromiso de recursos del Estado con la campaña de su hipotético sucesor ungido y a la búsqueda de asegurar mediante la intervención del Ejecutivo en el aparato judicial, con el objetivo de allanar el camino para eventuales investigaciones por corrupción, terminaron sellando la suerte de la apuesta electoral a favor del poder vigente. Empero, Ricardo Martinelli se irá con un mérito: es uno de los pocos gobernantes de América Latina que no ha sido complaciente ni cómplice con el régimen dictatorial de Venezuela (aresprensa).                  


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