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UCRANIA: AHÍ VUELVEN LOS SOVIÉTICOS / ACTUALIDAD

Publicado el 08 de mayo de 2014 / 13.20 horas, en Bogotá D.C.

UCRANIA: AHÍ VUELVEN LOS SOVIÉTICOS 

La deriva de la situación y tensión que se vive en Europa Oriental por la inestabilidad de Crimea primero y después de toda Ucrania, le dirá al mundo si se abre de manera plena una nueva Guerra Fría, con sus angustias de reciente recordación. De hecho, ya hay evidencias de que esto es así pues con distinto tono y tensión pero con parecida radicalización eso ya se vive en América Latina, con Venezuela como botón de muestra y la última secuencia, que es el interés ruso por su participación en el imaginado canal interoceánico en Nicaragua. La idea de una nueva confrontación mundial “tibia” entre dos bloques es relativamente reciente, se ha planteado a partir de Joseph Stroupe, para señalar las tensiones crecientes por el control del Sudeste asiático con una China emergente, o la presencia de la misma pretensión china de ganar espacio en África y en el Caribe. Crimea nunca ha sido más que un pequeño territorio, una península sobre el mar Negro, sobre el que se han centrado grandes e históricas apetencias y sigue siendo un punto álgido para la memoria de los rusos. Lo es tanto como para poner en riesgo sus relaciones con Europa y la OTAN, al tiempo que también es un eslabón fundamental para afirmar sus aspiraciones de ser jugadores de máximo rango en la geopolítica mundial. La tenacidad de Vladimir Putin al respecto recuerda en lo profundo al manejo de los zares y, en la historia reciente, lo mucho que hizo sobre Crimea la desaparecida Unión Soviética, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque también hay algo más inquietante: el parecido de la estrategia que sigue Vladimir Putin es el mismo, o casi, que aquel que siguió Adolf Hitler hacia Checoeslovaquia y Austria antes de que estallara la última gran confrontación universal 

Escribe: Rubén HIDALGO 

Lo vertiginoso de los hechos de las últimas semanas deja poco espacio para reflexionar sobre las enseñanzas de la historia y lo que debe repetir el género, cuando no aprende esa pedagogía que brindan los hechos repetidos. Las tropas rusas cercaron, avanzaron y ocuparon posiciones en la península de Crimea, tal como lo hicieron en su tiempo los alemanes y otras fuerzas que pasaron por ese espacio con ímpetu de conquista, incluidos los propios rusos. Rusia a través del discurso y toma de situación del mismo Vladimir Putin, se ha encargado de señalarle al mundo que el área “siempre fue rusa” y por lo tanto no puede extrañar a nadie que esa tierra de Europa Oriental vuelva al seno de la madre patria.  

Occidente piensa otra cosa y entiende que lo ocurrido no es más que un revitalizado zarpazo del histórico oso ruso, el de siempre. Ese que construyó y fortaleció un imperio continental, sin importar el signo del que ocupa el trono o la silla del Kremlin, sea un zar o un comisario del pueblo. Pero a nadie tampoco debe extrañar el golpe de mano de la burocracia de Moscú, fuerte y envalentada después de imponerse en el pulso que evitó la intervención militar en Siria. Putin aprovechó la tendencia para evitar el riesgo del avance de la comunidad europea occidental y de la propia OTAN con ganancia de espacio en ese cerco que tendió después de la Segunda Guerra Mundial con estados “tapones” en sus siempre amenazadas fronteras.  

Unas amenazas que la memoria histórica de los rusos tienen bien grabadas: la experiencia con Napoleón en el siglo XIX y con Hitler en la centuria anterior son lecciones que ese sufrido pueblo no pretende olvidar, cualquiera que sea el pretexto en contrario. Las consecuencias de la segunda contienda universal dejaron varios hilos fuertes que reaparecen en las actuales circunstancias. Uno de ellos es la referida intención de la entonces Unión Soviética por tomar seguros territoriales para blindarse de la posibilidad de nuevos ataques e invasiones como las sufridas frente a franceses y alemanes. Otro hilo es la réplica del destino manifiesto ruso por mantener la presencia como potencia de interlocución mundial, perdida durante la disolución soviética.  

Esa pretensión se afirmó con el refuerzo ideológico que le permitió el asumir el papel de abanderada de los “proletarios del mundo”, el cual se construyó en discurso por Karl Marx y Federico Engels en la segunda mitad del primer siglo de expansión universal del proyecto de Modernidad y se volvió materialidad histórica con Lenin, en el inicio del siglo de las dos guerras mundiales. Empero, lo curioso es que Crimea recobre una importancia trascendente en el siglo XXI por un reacomodamiento de oportunidad en la incómoda posición rusa que fue el resultado del final de esa Guerra Fría, la cual cubrió casi la totalidad de la segunda mitad del siglo XX.  

En la cuestión de Crimea y su repercusión posterior sobre el resto de Ucrania, debe recordarse además el reacomodamiento de las posiciones europeas en el segundo tramo del siglo XIX, con aquella guerra -la de Crimea- en la que Rusia fue obligada a retroceder en su empuje geopolítico centrada en esa zona, frente a otomanos, ingleses, austriacos y franceses, preparando las condiciones para lo que fue la Primera Guerra Mundial y reprimiendo la intención rusa de entonces por asomarse o estar más cerca del Mediterráneo

VLADIMIR PUTIN

Ese antecedente hace ver de manera clara que lo hoy sucede en Crimea y en toda la zona con población rusa que la rodea, tiene que ver con lo sucedido hace más de un siglo y medio y también está vinculado con la vigente presencia en Siria y en esa tradicional ambición que muestra Moscú por las aguas cálidas para sus buques, tanto comerciales como de guerra. La pérdida por parte de Ucrania de casi toda su flota, por el cambio de bandera, en los buques estacionados en Sebastopol habla de una firme posición de Vladimir Putin frente al desafío que encuentra de nuevo a un Occidente relativamente unido frente a sus objetivos estratégicos.  

Unido, sí, junto a los norteamericanos a través de la Otan, pero con escasas perspectivas de contrabalancear el vigente cuadro de situación.  Las derivaciones de tal cuadro siguen amenazando también con una atomización de Ucrania y el retroceso de quienes dentro de este país proponen como más productivo un acercamiento fuerte con los países de Europa occidental y los Estados Unidos. Pero el riesgo de desgarramiento de Ucrania vía recrudecimiento de la violencia interna entre partidarios de la asimilación territorial a Rusia y los propios ucranianos, tampoco es conveniente para Moscú. Por eso no debe extrañar el retiro de la presencia rusa cerca de la frontera de las zonas ucranianas en convulsión y el desestímulo a un eventual referendo separatista

No, si eso implica un mayor enfriamiento de las relaciones con los compradores de energía que prodigan los ricos yacimientos de gas y petróleo del gigante de Europa Oriental. La economía del Kremlin sigue sedienta de la moneda fuerte que llega de Occidente y lo mismo aspira la propia burguesía emergente, producto de las nuevas condiciones económicas capitalistas surgidas hace más de 20 años. El riesgo de un declive económico por la presión de quienes apoyan a Ucrania puede hacer bajar la popularidad nacionalista que es bandera de Putin y de su régimen de vieja sensibilidad autocrática.  

Los castigos administrativos y económicos impuestos desde las potencias occidentales a nombres emblemáticos de esa burguesía -varios de ellos ligados al entorno de Putin- le crean al líder del Kremlin una situación difícil que es un precio político que todavía está dispuesto a pagar, al menos de labios para afuera.  El timonel ruso está formado en la dureza del viejo régimen soviético y nada hace pensar que tenga disposición a arriar sus banderas nacionalistas, que evocan a una Rusia fuerte y determinante en los asuntos del mundo.  

Algo que los líderes soviéticos llevaron mucho más allá de lo que incluso pudieron imaginar los zares. La incluyente pretensión de asomarse al Caribe, superaría en Putin aquella oportunidad que tuvo Nikita Khrushchev al implantarse la Revolución Cubana. Un sueño que terminó en 1962 con la crisis de los misiles pero que se reaviva ahora con la ilusión de un canal interoceánico en Nicaragua (aresprensa).            


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