SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y CIUDADANOS DE JUGUETE / ACTUALIDAD 

Publicado el 31 de mayo de 2014 / 21.30 horas, en Bogotá D.C. 

SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y CIUDADANOS DE JUGUETE

Los cambios tecnológicos de las últimas décadas se han vivido a un ritmo nunca antes experimentado por el hombre. Los ciudadanos se han visto enfrentados a nuevos estilos de vida, prefabricados, relativistas, modelados de acuerdo a modas fugaces y encuestas de opinión. Todos testigos del surgimiento de conglomerados mediáticos planetarios, que definen tendencias a su acomodo, apoyados en una filosofía que estimula el consumismo y torna extraño a un semejante frente a otro, convirtiendo a esa distancia existencial en asunto dominante.

Escribe: Francisco TAMAYO COLLINS

Esta situación ha traído un enorme vacío, como lo señaló el maestro Ryszard Kapuscinski, en 2007: “lo paradógico de la actual situación mediática va aun más lejos: cuanto más convive el hombre con los medios, más se queja de su extravío y de su soledad”. En tal escenario y situación es difícil entender el significado de la libertad. Es preciso anotar que en ese panorama, los elementos morales que definían la sociedad tradicional han recibido los embates de la modernidad y de la postmodernidad.  

La antigua pragmática que procuraba la formación en la prudencia se ha venido enfrentando con un parlante que encienden a diario los medios de comunicación, siguiendo una cuidadosa estrategia comercial que envilece la cultura, haciendo en extremo compleja la tarea de formar ciudadanos. La moral basada en lo justo y lo bueno se ha visto relegada a un segundo plano, pues lo importante es competir por el mercado a cualquier costo.  

Sumado a lo anterior, la violencia y el irrespeto que se observa en el trato social, así como también están a la orden del día los niveles bajos de tolerancia a la frustración. En términos de administración pública -los medios lo saben-, es apremiante la consolidación de mejores resultados en la distribución de los bienes y los recursos económicos y en la prestación de servicios sociales universales. En numerosos lugares del mundo, la gestión de quienes gobiernan es insuficiente o muere a manos de verdaderas mafias, organizaciones corruptas que saquean sin vacilación las cuentas del Estado

Ryszard Kapuscinski Joseph Ratzinger

                                                                     

Ahora bien, en cuanto a la libertad a la que se reconoce como el primer derecho y también como el valor que nos autodetermina como especie, debe decirse  que no es fácil mantener por sí mismos unos valores propios en medio de una rica oferta de antivalores. El cardenal Joseph Ratzinger señaló en 1995: “Podríamos decir que es propio de la libertad la capacidad de conciencia para percibir los valores humanitarios fundamentales que atañen a todos los hombres. La libertad no es sólo un asunto personal y egoísta, sino que está conectado al servicio de toda la humanidad”. 

En este trabajo, denominado Verdad, Valores, Poder, el profesor Ratzinger nos recuerdaba que “no puede haber libertad sin sacrificio y renuncia. La libertad requiere velar para que la moral sea entendida como un lazo público y común, para que se le otorgue, a ella, que carece de poder, el verdadero poder al servicio del hombre”. Una reflexión desde la Iglesia que los medios de comunicación deberían hacer visible en su trabajo, como agentes formadores de ciudadanía y democracia, puesto que, siguiendo la precisión del purpurado: “la libertad requiere que los gobiernos y los que tienen responsabilidades se inclinen ante una realidad que se yergue indefensa y no es capaz de ejercer violencia alguna”. 

Ante las amenazas del relativismo, que atenta contra el sustrato fundamental de la humanidad, el hoy Obispo Emérito de Roma, reclamaba: “apartarse de las grandes fuerzas morales y religiosas de la propia historia es el suicidio de una cultura y de una nación.” Quienes están al frente de la sociedad de la información, y tienen un vínculo mediático con auditorios conformados por ciudadanos que no han perdido la capacidad de soñar en el mañana, deben transmitir un sentido de humanidad. Esto último, fundado en el claro reconocimiento de principios y valores, a fin de ir transformando al individuo desde la niñez hasta la tercera edad, con todos los derechos, e incitando el cumplimiento de todas las obligaciones, ambos propósitos evaluados a diario por cada persona (aresprensa).


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