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COLOMBIA: ES JUSTO BUSCAR MÁS GLORIA / ÓRBITA FÚTBOL / MUNDIAL BRASIL 2014 / LOM

Publicado el 03 de julio de 2014 / 21.45 horas, en Bogotá D.C.

COLOMBIA: ES JUSTO BUSCAR MÁS GLORIA 

El director técnico ya cumplió con su tarea y los jugadores también: pasaron a cuartos de final cuando la historia señala que ninguna otra selección Colombia fue más allá del peldaño previo. Ahora Néstor Pékerman asume un desafío personal, de la misma manera como lo hacen cada uno de esos muchachos que siguen sus instrucciones. Pero, claro, la buena letra que se hizo hasta el momento y que muestra la solidez del trabajo realizado, lleva a pensar que se puede ir por más. El viernes en Fortaleza se verá en blanco y negro si esa posibilidad existe. El director técnico de la selección cafetera se encuentra ahora cara a cara con su propia historia: su salida del Mundial de Alemania 2006, al frente de Argentina, sin haber perdido un solo partido y resultando despedido por la suerte errática de los tiros desde el punto blanco. Al tiempo, los jugadores andinos ya superaron a sus predecesores pero aunque tienen piernas demasiado jóvenes no quieren esperar a otro mundial para demostrar que un cielo más allá es posible. La eliminación a las aspiraciones del pentacampeón y dueño de casa sería un remate de proceso tanto o más fuerte que la emoción que podría despertar la misma conquista de la Copa. Algo que de manera secreta aunque inocultable ahora ambicionan esos jugadores tal como lo hace el mismo Pékerman, también sin decirlo. Ese estratega que ganó tres mundiales juveniles y ese quedó a un costado del camino cuando tuvo entre sus dirigidos a un jovencito llamado Lionel Messi. Ahora, José Néstor Pékerman tiene la oportunidad de la revancha con el grupo de jugadores al que llevó a un punto muy alto, tanto como nadie antes hubiese podido imaginar

Escribe: Edgardo “Cuqui” LÓPEZ 

El orientador del conjunto colombiano llegó a su cargo acompañado de las dudas de no pocos de los observadores especializados del país anfitrión. Reserva y distancia que no excluyó la crítica inicial. Entre otras cosas por la distancia que tomó con quienes siempre habían sido “amigos” de la selección colombiana, y la acompañaban sus desplazamientos. Eso incluyó a la prensa especializada. La compartimentación tenía motivaciones en las historias recientes, no siempre halagüeñas, de los réditos de esas relaciones entre jugadores y contexto social, pero Pékerman nunca dio explicaciones al respecto 

Los resultados de las eliminatorias zonales comenzaron a darle razón al orientador y también le dieron espesor a la opinión para extenderle un cheque cruzado de confianza que incluso firmó la prensa especializada, la cual lo aceptó aunque algunos nunca bajaron la guarda. El resultado fue terminar segundo entre los nueve candidatos a disputar en Brasil, con un cupo asegurado entre apenas cuatro y con partidos que eran anuncios promisorios: dos de ellos sobresalientes. Uno fue aquel con el que se le dio vuelta al resultado con Chile y también ese otro en el que venció con solvencia a Uruguay, ambos realizados en Barranquilla. Los demás compromisos fueron anécdotas que también sumaron con solvencia a la ilusión y al sueño en vigilia. 

No obstante el cuadro previo, pocos imaginaban que fuese tan brillante el desempeño que tuvo el conjunto colombiano en la primera ronda del mundial brasileño. Nunca tanto, ni tan lejos. Después comenzó el sueño en concreto, y el duro golpe que le dio el equipo cafetero a las justas pretensiones  de Uruguay hizo que estos jugadores pusiesen de manera firme los pies en la tierra para asumir que aquello impensable podía ser posible. Uno a uno los integrantes del grupo de jugadores rubricaron en cada juego la materialidad de lo que antes era apenas pensado y casi nunca salía del pensar con el deseo.  

En esa nueva ola nadie olvidó la imagen en la distancia de un Radamel F. García, con el alivio colectivo de saber que sus compañeros llenaron con creces el vacío que dejó y resolvieron los obstáculos frente a los rivales sucesivos, en los cuatro partidos que les permitieron a los cafeteros llegar a cuartos de final invictos y casi sin despeinarse. La obra de alta costura se hizo desde el primer partido frente a Grecia con un marcador abultado de 3-0 sin inmutarse por los pergaminos de los helenos que jugaron como es su estilo: de manera recia y limitado despliegue táctico. El primer gol se marcó a los 5 minutos por parte de Pablo Armero en el primer tiempo y otros dos en el periodo complementario, uno de Teófilo Gutiérrez y el otro como remate de James Gutiérrez, quien comenzaba a mostrarse como un crack con todo lo que tenía guardado y bien aprendido.          

El regate difícil de controlar de Juan Guillermo Cuadrado se quedó en la retina desde ese primer partido, de igual manera como fue meritoria la tarea de un Jackson Martínez, en su insistencia por anotar durante mucho tiempo frustrada. La sólida defensa tuvo el veterano fundamento y solidez del Mario Alberto Yepes, batallador de siempre con la eficacia del acompañamiento de Cristian Zapata. El esfuerzo y la capacidad de respuesta y adaptación del seleccionado cafetero, se puso de relieve con sudor sobre la cancha durante un segundo partido ante Costa de Marfil, en el cual se afirmó y confirmó la calificada resistencia del cuatro posterior. Esto sin dejar de expresarse como conjunto a la hora de definir y mostrando su estructura de equipo bien engranado para anotar, sin dejar de defender de manera apropiada. La estrategia de Néstor Pékerman se cumplió como en una tarea de tablero: cualquiera tiene la misión de atacar y anotar aunque haya punteros definidos. Además, con un buen rédito en el manejo de tiempos, cadencia de velocidad y plasticidad para adaptarse al desafío planteado por cada adversario. El encuentro terminó con victoria de Colombia 2-1. 

El partido con Japón, para cerrar la rueda, terminó en goleada de 4-1 para los nipones y a partir de este compromiso la historia del fútbol colombiano en justas de este relieve ya tenía letra de tinta indeleble. Allí aparecieron los reemplazos, que fueron 8, demostrando lo compacto de la formación y la impecable preparación que había hecho Pékerman. Ya era claro que cualquier jugador tenía derecho a la titularidad, con nivel y estatura suficiente para la disputa. Jackson Martínez satisfizo aquí el hambre de gol y se reiteró el protagonismo de James Martínez, con un bien definido perfil de crack del campeonato. En la suma, se hizo un alto promedio de goles durante la serie con un despliegue táctico no excluyente, balanceado y flexible de 4-3-3, además de la destacada participación de laterales capaces de marcar sin renunciar a salir jugando.

Un ballet del fútbol que muestra una correcta combinación de condiciones potenciadas en el talento de unos jugadores tallados por la disciplina de una correcta conducción, que hace una buena pintura del juego y además gana con argumentos. En esas condiciones pocos dudaban ya de que la presentación ante el apergaminado primer campeón del mundo, Uruguay, tendría el desenlace que tuvo. Los orientales rioplatenses fueron liquidados con un contundente 2-0, ambos goles convertidos por Rodríguez y de una factura que terminaron posicionándolo como el mejor jugador del Mundial y con el gol más exquisito del torneo. En ese último partido se superó el límite de octavos de final y Colombia comenzó a escribir otra historia. El límite de la ilusión está ahora abierto y es también legítimo suponer que, con los pies en la tierra y la mente en las estrellas, se puede buscar más gloria sumada a la ya escrita en este Brasil 2014. Si no se consiguiese alcanzar el nuevo límite, no importa, lo escrito ya nadie podrá borrarlo (aresprensa).               


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