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VEA: MUNDIAL BRASIL 2014 / PROGRAMA ESPECIAL







LO DEL CAMPEÓN ESTABA ESCRITO / ÓRBITA FÚTBOL / MUNDIAL BRASIL 2014 / LOM

Publicado el 13 de junio de 2014 / 22.00 horas, en Bogotá D.C.

LO DEL CAMPEÓN ESTABA ESCRITO

Estaba escrito pero no todos lo aceptaban. Se llegó a este triunfo universal de los alemanes desde el piso de un trabajo de años, planeado, planteado y modificado por los resultados que no permitían llegar a la cumbre desde 1990, cuando Alemania alzó la Copa en Italia con un penal inexistente y de último minuto ante el mismo rival de Brasil 2014: Argentina. Ahora ganaron también por la diferencia mínima pero con justicia.  Ambos lo merecían, aunque con distintos estilos escuelas y procesos habían tratado de llegar a la cumbre con más frustraciones que logros de alegría.  También ambos se conocían demasiado bien en este tipo de trámites. Argentina les arrancó la Copa en México 86, de la “mano de Dios” y de la de Diego Maradona. Aquel penal aún discutido que sancionó el méxico-uruguayo Edgardo Codesal en Italia impidió que la Argentina continuara por cinco minutos más, intentando quitarle por segunda vez consecutiva el título a los alemanes. Esta vez apenas 5 minutos antes de terminar el alargue del partido, Mario Götze le dio el título a los germanos, en Río de Janeiro. En el interín de casi cinco lustros tanto argentinos como teutones siguieron intentando llegar a una final para alzarse con una nueva estrella y, en Sudáfrica 2010, fueron los alemanes quienes dejaron por fuera de disputar semifinales a la Argentina de Maradona, con un contundente 4-0. Al ser viejos conocidos de estas instancias este partido se ha convertido en un verdadero clásico de dos continentes.

Los argentinos entraron al campo con mayor aspiración de triunfo y una evidente fuerza interior en el sentido de que sobre la espalda estaba marcaba la necesidad de no permitir que la Copa Fifa quedase manos de alguien por fuera del Continente. Era una responsabilidad mayor, a la que se agregaba el ajuste de cuentas con esos viejos rivales de instancias finales. Debían llegar con más fuerza y garra para buscar el objetivo sobre unos rivales que, para casi todos, los aventajaban en técnica y capacidad para llegar al arco propio de Sergio Romero. Hubo demasiadas cosas en juego, aparte de estas variables evidentes. Pero los rioplatenses no pudieron y hubo razones de peso para no poder.

Aunque también había otras condiciones de fondo. Entre otras cosas, pesaba la circunstancia de un dueño de casa humillado por alemanes y holandeses, que trazaban un fondo inquietante para las aspiraciones de los sudamericanos, dispuestos a no reforzar el aura de superioridad europea. En la suma, el escenario del Maracaná como un mítico espacio de definiciones señalaba como valor agregado que allí había caído por primera vez el pentacampeón con su derrota y renuncia a levantar el trofeo supremo, en 1950. Este 2014 también señalaba la segunda frustración de los dueños de casa, pero con un agravante: el otro rioplatense apareció como candidato para arrebatar la gloria, así como lo hicieron los uruguayos hace 64 años. Pero tampoco pudo ser.

Demasiadas cosas atenazaban el pasado de este partido, la historia larga y la inmediata que se vivió hasta el mismo instante de iniciarse el partido y después de su término. Por eso la madurada y mentida serenidad de unos ante el compromiso y la pasión como motor del otro animaban desde la subjetividad, como contorno y parte de la sensibilidad de todos, en especial de los latinoamericanos, incluso de aquellos no deseaban un triunfo argentino. También por todo eso las barras albicelestes presentes en Río de Janeiro y la hinchada de ese país en territorio propio lo puntualizaban en sus reiterados cánticos.

El astro máximo de los argentinos estaba escondido después de los dos primeros partidos y las dudas sobre su actuación herían la emotividad de quienes le apostaban a sus méritos acumulados en clubes y procesos de selección, como las Eliminatorias, pero que notaban su falta de presencia en jugadas fulgurantes, visto que incluso hasta su gol ante Bosnia -en el primer partido de su equipo en este Brasil 2014- no había tocado la valla de un adversario desde el encuentro con Serbia, en el Mundial de 2006.

En otras palabras, el astro argentino aún seguía en mora de un mayor peso en este torneo orbital y en la percepción de sus fervorosos hinchas que no solo pretendían que su Selección se llevara el título sino que el mismo Messi brillara tanto como nunca lo hizo en tantas jornadas que vieron sus destellos de pequeño genio, ese título abstracto que pretendían quitarle Neymar por Brasil e incluso James Rodríguez con su aparición en esta deslumbrante Colombia, marginada en cuartos de final. Es por que eso que se le exigía a Messi escribir parte de un legado en juego en ese libro sobre el cual ya habían rubricado páginas inolvidables tanto Pelé como su compatriota Diego Maradona. Tampoco se pudo.

LIONEL MESSI MARIO GÖTZE


Lionel Messi se fue apagando en su brillo con el transcurrir del Mundial, tanto que su juego se tornó intrascendente y errático como el de sus compañeros de delantera. En este último partido todo le falló a la Argentina en lo que hace a la necesaria conexión de sus jugadores de vanguardia y en la también necesaria asertividad frente a la valla. No acertaron Messi, Higuaín, Agüero, ni los demás que llegaron a la valla germana con posibilidad de gol. Tampoco se sancionó un penal contra Gonzalo Higuaín cometido por el arquero Neuer, pero eso no es suficiente para explicar la falta de concreción ante el arco teutón de un conjunto que en el encuentro definitivo sale al campo con especulación negativa. Esa que prioriza la defensa y abandona la construcción de juego en el medio campo y su enlace con la punta.

Una constante ofensiva germana, con un buen volumen de juego desde la mitad del campo y al mejor estilo latinoamericano de los mejores tiempos, fue una prolija expresión de especulación positiva, esa que terminó por dar a los europeos la victoria con un solo gol. Pero es que no hace falta más. Eso fue suficiente para hacer que la Argentina desertara de su responsabilidad de hacer que la Copa quedase en América, rompiendo el tácito compromiso que se mantuvo desde el primer mundial de Montevideo, en 1930. Por eso también no es justo ni fue atinado por parte de la Fifa el otorgar un inmerecido Balón de Oro a Lionel Messi, como mejor jugador del certamen. Fue un opaco premio a un astro opaco, como lo fue el jugador argentino también en este Mundial.  En el choque entre los que especulan en más y quienes lo hacen de manera mezquina, lo más probable es que triunfen los primeros: estaba escrito (aresprensa).             


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